Como definición, podríamos decir que un vino generoso es aquel que posee una graduación alcohólica comprendida entre los 15 y los 23º y que se ha obtenido mediante sistemas de crianza peculiares y específicos, que le aportan unas características propias. A los vinos generosos se les añade alcohol vínico. Suelen hacer la crianza en barricas de roble (de varios tamaños) y podemos encontrarlos en versión dulce o seco.
La crianza de estos vinos puede ser biológica (velo de flor) u oxidativa. El tiempo que pasa en las barricas es determinante, incluso, si es una crianza dinámica, que va cambiando de barricas por el sistema de criaderas y soleras, o estática, que siempre está en la misma barrica.
No debemos confundir un vino generoso con una mistela, ya que el vino generoso se produce tras la fermentación natural de los vinos, a la que después se añade alcohol, para que los vinos pasen a una fermentación biológica (finos y manzanillas) o una fermentación oxidativa, como amontillados u olorosos. En cambio, la mistela es un producto en el cual se le añade alcohol al mosto.
Parece que estemos hablando exclusivamente de vinos de la Denominación de Origen Jerez y, no es así. En España se hacen vinos generosos en muchas zonas vitivinícolas. Entre ellas, podemos nombrar: la anteriormente mencionada, Jerez, Montilla Moriles, Condado de Huelva, Priorat, Empordà, Terra Alta, Alicante, Montsant o Lanzarote, entre otras.
La elaboración de vinos a los que se les añade alcohol vínico es un hecho histórico que tiene más que ver con la parte comercial que con la parte enológica, ya que los intermediarios añadían alcohol al vino para mantenerlo y conservarlo en condiciones de venta, y no tener que tirar el producto por la borda de los barcos que los transportaban en eternos viajes por mar hasta sus destinos.
Una de las peculiaridades y ventajas de ciertos vinos generosos es su capacidad a la hora de servir como elemento de maridaje, ya que, por su estructura, soportan, potencian y combinan muchos alimentos que no encajan con vinos tranquilos.
Uno de los maridajes más espectaculares con vinos generosos lo podemos encontrar en el maravilloso y amplio mundo de los quesos, ya que en ocasiones lo vinculamos al vino tinto. Los quesos con más carácter y potencia que, literalmente, se “comen” un vino tranquilo, son maravillosos compañeros de viaje de los vinos generosos en su versión más seca o dulce.
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