Foto: Freepik.
Los tintes son un elemento importantísimo en el mundo de la moda. Sería imposible imaginar un mundo sin color en nuestra ropa. La mayor parte son tintes sintéticos debido a su bajo coste, intensidad cromática y resistencia. Sin embargo, su impacto ambiental es devastador.
Se estima que el proceso de teñido y acabado textil genera hasta el 20% de la contaminación del agua mundial. Muchos de estos tintes contienen metales pesados y derivados del petróleo que acaban en mares, ríos y acuíferos, afectando tanto a ecosistemas naturales como a comunidades humanas que ven como sus medios de vida se ven contaminados por estos residuos.
Sin embargo, ante este reto, diseñadores, laboratorios y marcas responsables están apostando por alternativas más limpias. Lo hacen volviendo al uso de tintes naturales extraídos de plantas, insectos o minerales. Así, los pigmentos que llenaron de color las ropas de nuestros ancestros se convierten en uno de los remedios para la sostenibilidad del sector.
Un ejemplo es la compañía Tintoremus, una empresa pionera en la producción y comercialización de tintes naturales para la industria textil. Para ello cuenta con una gran plantación de índigo en Extremadura. De ahí extraen el pigmento para luego teñir las prendas y los restos de las plantas vuelven a la tierra para seguir generando más nutrientes.
Además, la innovación tecnológica ha dado paso a los pigmentos biotecnológicos, como los que está desarrollando Colorifix. Esta empresa ubicada en Norwich, Inglaterra, está desarrollando tintes textiles sostenibles mediante tecnologías de ADN y fermentación.
De hecho, la empresa fue reconocida por el Earthshot Prize en 2023, un premio impulsado por el príncipe de Gales con el objetivo de reconocer y promover soluciones innovadoras frente a la crisis climática. Además, hace algunas semanas el propio príncipe William acudió a la compañía junto a la actriz Cate Blanchett para conocer de primera mano sus avances.
Pero para dar una vuelta de tuerca más a la reducción de la huella medioambiental, también se están usando residuos alimentarios como fuente de pigmento. Cáscaras de cebolla, granada, algarrobo o incluso posos de café se transforman en tintes naturales.
Centros de investigación como AITEX en la Comunidad Valenciana están desarrollando tintes naturales con mayor resistencia al lavado y a la luz, combinando saberes tradicionales con ciencia de vanguardia. Mientras que empresas como la textil china NTX ha desarrollado un proceso de teñido sin calor que puede reducir el uso de agua en un 90% y el tinte en un 40%, según su sitio web. Y la start-up sueca Imogo utiliza una “aplicación de pulverización digital” con beneficios medioambientales similares.
Aun así, a pesar de sus ventajas, los tintes sostenibles enfrentan desafíos. Su producción a escala industrial es complicada, la durabilidad aún no es la esperada y el coste sigue siendo más elevado que el de los tintes sintéticos. Así que, aún queda mucho camino por recorrer para dar soluciones a uno de los principales problemas a los que se enfrenta la industria de la moda.
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