Foto: Gran Vía 18
En los momentos más delicados de la economía de un país, sin saber realmente cuál es el motivo, las propuestas gastronómicas más selectas siempre salen a flote. Es más, en lugar de resentirse, se potencian. Es algo que, en similar escala, suele ocurrir con las firmas de moda ligadas al lujo. Siempre hay gente con la economía suficientemente saneada como para no cambiar sus hábitos de vida y consumo se dé la circunstancia que sea.
Madrid no es una excepción en la constante apertura de restaurantes que, para sobresalir ante lo que ya existe, se esmeran en ser diferentes. En un terreno en el que aparentemente todo está inventado, la excelencia se marca activando la creatividad no solo en las propuestas gastronómicas, sino también en el diseño del local. Esto es lo que ha logrado GRAN VÍA 18, perteneciente al Grupo Papúa, que ha conseguido consolidarse en la capital con otras propuestas como Papúa Colón y Martilota.
El origen del grupo nace de una pasión compartida por la gastronomía, la hospitalidad y la creación de experiencias memorables. “Mi camino en la hostelería comenzó en 2012 con Noah, en Alcalá de Henares”, confiesa Noel Duque, socio fundador del grupo. “Fue mi primer proyecto y una gran escuela en todos los sentidos. Aprendí desde dentro lo que significa liderar un equipo, construir una propuesta con identidad y estar muy cerca del cliente”.
Tras el éxito de Noah, empezaron a buscar nuevos locales para seguir creciendo. La idea de dar el salto a Madrid les atraía mucho, pero también imponía bastante respeto. “Así que como paso intermedio abrimos Martilota, también en Alcalá de Henares, un restaurante enorme de 1.200 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Una auténtica locura para aquel momento, pero también un gran reto que nos hizo crecer mucho”.
Después de ese éxito, se sintieron preparados para llegar a Madrid. Querían crear algo diferente, que ofreciera una experiencia gastronómica que fuera más allá de la comida. “Así nació Papúa, que nos permitió posicionarnos en el centro de la capital con una propuesta creativa, envolvente y muy cuidada en cada detalle”.
Sin embargo, faltaba la guinda del pastel, ese local que marcara realmente la diferencia. Y con ese concepto nació GRAN VÍA 18, un espacio sofisticado, urbano y con alma viajera. En tiempo récord se convirtió en lugar imprescindible para los más exigentes.
Situado en en la quinta planta y el rooftop del WOW Concept Gran Vía, el local marca la diferencia por su diseño vanguardista, buena comida y un excelente servicio.
“Queríamos crear un espacio especial, que rindiera homenaje al tapeo madrileño de siempre, pero con una mirada actual y mucha personalidad. La terraza, con unas vistas increíbles a la Gran Vía y a la calle Clavel, tiene una carta más breve y una coctelería de autor que se disfruta con la Loba Capitolina como testigo”.
La cocina es el lugar en el que el chef Jairo Jiménez interpreta con libertad una carta castiza y viajera. Ha conseguido la elaboración de platos que ya se han convertido en imprescindibles, como la ensaladilla rusa de verduras a la brasa con pulpo, las croquetas de jamón ibérico semi líquidas con velo de panceta Joselito o la chistorra de Arbizu con yema de huevo de corral y piparras semidulces.
Las brasas de encina son parte del sello de GRAN VÍA 18. En carnes, cuidan al máximo cada corte. Desde la entraña o el t-bone trinchado, hasta piezas más especiales como la chuleta de vaca vieja Simmental, madurada 80 días, o un lomo bajo de rubia gallega de 10 años, criada en Finisterre. Para los amantes del pescado, el rodaballo a la brasa con salsa meunière a la noisette o el chipirón de anzuelo.
Uno de los detalles que más sorprende a los clientes son las dos cocinas abiertas, una de cocina caliente y otra para platos fríos y pastelería. Eso te permite ver cómo se preparan los platos y cómo se cuida cada detalle.
Pero, al margen de la propuesta gastronómica, este local de moda es toda una experiencia en sí mismo. Al entrar, no accedes a un local al uso, sino a un apartamento singular, sofisticado y cálido, inspirado en el retro futurismo de los años 70.
Diseñado por el estudio External Reference, al entrar en la quinta planta, te encuentras un salón-comedor de estética setentera con sofás curvos, estanterías repletas de libros, piezas de diseño y hasta un estudio de grabación vintage. En el piso superior se encuentra un rooftop con doble terraza y vistas espectaculares de Madrid.
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