Nacho Montes: “No hay duelo más sanador que aceptar que la vida sigue”

Amalia Enríquez. 09/01/2026
Foto: Cortesía de Nacho Montes

Su historia podría ser el guion de una película. Una carta de niño que el tiempo se encargó de hacerla viajar por el mundo. Llega a las manos de quien se convierte en el auténtico revulsivo de su vida. Quien sea escéptico con el destino, tiene que leer Flores bajo la nieve, la emocionante travesía vital de un Nacho Montes que, a pesar del sufrimiento y del dolor vividos, sigue creyendo que la vida es un regalo…

The Luxonomist: ¿Después de cinco libros publicados era necesario hacer una introspección personal en Flores bajo la nieve?

Nacho Montes: Más que necesario era en el momento oportuno. Estaba preparado para ello después de que me lo hubiesen ofrecido otros años sin que me convencieran. Ha sido un camino que pensé que nunca iba a querer recorrer por miedo a volver a sufrir.

TL: Pese a eso, ¿ha sido un camino sanador, terapéutico, doloroso, feliz…?

Nacho Montes: Todo eso junto. Ha sido doloroso pero tremendamente sanador y, tras el dolor, estoy muy feliz de haber aceptado este encargo de mi editora. Me he liberado de muchos males, he abierto mi propia caja de Pandora.

TL: ¿Aceptarse es el tránsito definitorio para encontrar la paz?

Nacho Montes: La paz a algunos dolores llegó hace tiempo, pero cuando echas la vista atrás, como a la hora de escribir esta novela de mi vida, las heridas vuelven a doler. Aceptar eso sí que ha sido definitorio para seguir viviendo en paz.

“Amo a esas personas por las que he sufrido hasta desangrarme”

TL: ¿Hay un secreto para gestionar el dolor?

NM: Vivir sereno, no hay otro. Porque la vida nunca se detiene a esperarnos. No hay duelo más sanador que el de aceptar que esta, la vida, sigue adelante pese a quien pese. Rendirse jamás es una opción.

TL: ¿“Casarte con Justin para enviudar” fue tu mayor prueba de amor?

NM: Eso me dijo mi padre. Y él es el tipo más sabio que yo he conocido. Sí, lo hice por amor y lo volvería hacer todas les veces que la vida me diese la opción de retroceder, aunque solo fuese para volver a disfrutarle unos días.

TL: ¿Existe un lugar al que agarrarse para digerir la ausencia?

NM: Claro que existe. Ese asidero en el abismo es la memoria, la que honra a los que perdemos porque les seguimos recordando. Si no hay memoria, no hay pasado. Si no tenemos pasado, no somos nada.

TL: ¿Qué nos salva de lo que nos hace sufrir?

NM: El amor, por encima de todas las cosas. Yo sigo amando a esas personas por las que he sufrido hasta desangrarme cuando se fueron.

“Fui un niño diferente pero nunca tuve que huir para sentirme libre”

nacho montes
Foto: Cortesía de Nacho Montes

TL: ¿Cuál fue ese momento de tu vida en el que te sentiste libre de verdad?

NM: No es un momento, sino un lugar: mi casa y mi familia. Siempre me he sentido libre de verdad. Yo, un niño tan diferente a su sociedad, nacido en el franquismo, nunca tuve que huir a ningún sitio para sentirme libre con lo que era.

TL: ¿Cuántas veces el destino te ha juntado?

NM: Mucho más de lo que muchos ansían y nunca consiguen. El destino ha sido duro, pero a la vez tremendamente generoso conmigo.

TL: Así que sientes que la vida ha sido generosa contigo…

NM: Sí, a pesar de los baches. Ha sido tan generosa como ese caprichoso destino del que hablo tanto en mis Flores bajo la nieve.

TL: Un amigo o un amor… ¿Hacia dónde se inclina la balanza?

NM: Un amor, sin duda. Porque un amigo si no hay amor no es un amigo.

TL: A estas alturas… ¿a quién o a qué no le dedicarías ni un minuto de tu vida?

NM: A la clase política actual.

La paz llegó hace tiempo, pero las heridas vuelven a doler”

TL: ¿Hay un pensamiento recurrente cada mañana?

NM: Lo hay, en cada nuevo personaje de cada nueva novela. Me despierto con esa rutina de novelista hasta en los pocos momentos del año en los que estoy sin escribir, de aquí para allá, con la promoción de cada novela recién publicada.

TL: ¿Ese olor inolvidable que te transporta a la infancia?

NM: Tantos… Las lilas del jardín de mis abuelos en Pirineos. La leña ardiendo en la chimenea de nuestra casa de la sierra madrileña. El agua de rosas del tocador de mi madre. Los polvos de talco en aquellas polveras de porcelana de mi abuela Ángela. La crema blanca de esa famosa lata azul que servía para todo. Y ese olor del frío intenso, como a resina de pino mojada, de tantos inviernos de montaña. Soy niño serrano y pirenaico.

TL: Tres palabras que definan el momento que está viviendo…

NM: Madurez, serenidad y felicidad medida. La felicidad plena y eterna no existe.

TL: Morirías por tener un super poder. ¿Cuál sería?

NM: Devolver a mi presente a mi madre y a mi vikingo, que se fueron tan jóvenes que incumplieron todas las esperanzas de vida.

TL: Si pudieras hacerlo, ¿qué le dirías al niño que se quedó atrás?

NM: Que estruje el presente al límite porque el futuro siempre es ya y se pasa volando.

“Soy alto y estirado, pero de centímetros nada más”

TL: ¿Esa situación o persona que te ha dejado sin palabras?

NM: Una pequeña carta de mi yo infantil que volvió a mí, por el juego del destino, en mi edad madura, demostrándome que el azar no solo juega con las personas y sus emociones en las películas.

TL: ¿La cara y la cruz de ser tú?

NM: Lo bueno de mí, la capacidad de seguir sorprendiéndome con las personas, la empatía y la bondad. Sé que soy un tipo generoso y bondadoso. Lo malo de mí, que soy muy gruñón cuando me enfado. Pero se me pasa enseguida.

TL: ¿Algo que siempre dicen sobre ti y que no es cierto?

NM: Que soy algo altivo. Tan solo soy alto y estirado, pero de centímetros nada más. Luego soy el tipo más llano del mundo.

TL: ¿Un miedo que no sepas controlar?

NM: La oscuridad física. Porque la emocional, cuando la vida te da un palo, se va aclarando con el tiempo.

TL: Esa pregunta que no te he hecho y te habría gustado responder…

NM: Lo que no se pregunta no tiene respuesta.

Relacionados

Últimas noticias

Subir arriba