(Foto: NFL Instagram)
Como suele ser habitual, salvo para los seguidores de ambos equipos, la celebración de la Super Bowl vuelve a trascender un año más por aspectos que nada tienen que ver con el deporte. El encuentro, celebrado en el Levi’s Stadium de Santa Clara, se lo llevaron los Seattle Seahawks tras vencer a los New England Patriots por 29-13.
Pero se demostró de nuevo que este evento es un fenómeno cultural, político y mediático de alcance global. Una edición en la que el protagonista indiscutible fue Bad Bunny, cuya actuación en el Halftime Show no solo rompió récords de audiencia, sino que también desató una intensa polémica política y cultural en Estados Unidos.
La elección de los artistas encargados del espectáculo, Green Day como grupo de apertura y Bad Bunny como estrella principal, provocó un rechazo frontal por parte del presidente Donald Trump.
El Presidente de los Estados Unidos criticó públicamente a ambos, calificando su presencia como una “decisión terrible” que, según él, “siembra odio”. Trump afirmó en redes sociales que “ha sido el peor medio tiempo de la historia” y que “no se entendió nada”.
Green Day interpretó American Idiot, un tema históricamente crítico con el conservadurismo estadounidense. Y Bad Bunny transformó el estadio en un espacio simbólico donde se visibilizaron las luchas históricas y contemporáneas de Puerto Rico. El uso predominante del español (incluyendo el término Super Tazón para definir el evento) no fue el único un gesto.
El espectáculo estuvo cargado de símbolos. Un campo de plátanos, partidas de dominó, el sapo concho o la presencia de vendedores ambulantes fueron solo algunas de las referencias del puertorriqueño a su origen latino y sus reivindicaciones.
Elementos que refuerzan el discurso crítico que Bad Bunny lleva años desarrollando contra las políticas migratorias de Estados Unidos o la gestión colonial, el impacto del turismo y la inversión extranjera en su tierra natal. El show incluyó apariciones estelares de figuras como Lady Gaga, Ricky Martin, Karol G y Pedro Pascal.
El impacto de esta Super Bowl fue histórico. El Halftime Show fue visto por 135,4 millones de personas, convirtiéndose en el más visto de todos los tiempos. Se superó el récord previo de Kendrick Lamar en 2025.
Más allá del escenario, la Super Bowl volvió a reunir a un sinfín de celebridades en las gradas. Desde Leonardo DiCaprio y Beyoncé hasta Kim Kardashian y Lewis Hamilton, que aprovecharon el evento para hacer oficial su relación.
En términos económicos, la edición número 60 también batió marcas. Anuncios de hasta 10 millones de dólares, un impacto económico estimado en 1.400 millones, cifras récord en apuestas y consumo, y una audiencia global sin precedentes.
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