Christian Gálvez: “La fe para mí, ya no es un punto de llegada, sino un camino constante”
Ha conseguido volver a la luz después de caminar por la oscuridad. Cuando menos lo imaginaba, Christian Gálvez encontró a la mujer de su vida, esa que le hizo creer que merecía la pena transitar su existencia más en paz, con menos ruido y más sentido. La fe no le ha evitado los problemas, pero sí le ha dado una forma distinta de enfrentarse a ellos. Ahora tiene una vida más auténtica, más alineada con quien realmente es de verdad.
Acaba de publicar He vencido al mundo, que llega a las librerías dos años después de Te he llamado por tu nombre. Como todavía queda mucho por contar, en su cabeza ya está haciéndose hueco la tercera entrega. Y, respondiendo a tu pregunta, nuestra querida Paloma Gómez Borrero estaría muy orgullosa de ti y de que sigamos manteniendo ese vínculo que ella conectó…
The Luxonomist: Han pasado dos años desde la publicación de Te he llamado por tu nombre. Ahora llega He vencido al mundo. ¿Te sigue motivando la misma esencia, tu vuelta a la fe?
Christian Gálvez: Dos años después, lo que ha cambiado no es tanto la esencia como la profundidad. Si en Te he llamado por tu nombre había un reencuentro, casi una llamada íntima, en He vencido al mundo hay una confirmación. Ya no es solo volver a la fe, es entenderla, vivirla y, sobre todo, compartirla sin miedo.
Mi motivación sigue siendo la misma, pero más madura. Tiene mucho que ver con el viaje personal que he recorrido, con las preguntas que me sigo haciendo y con la necesidad de darles forma a través de la escritura. La fe, para mí, ya no es un punto de llegada, sino un camino constante. Y este libro forma parte de ese camino.
“La espiritualidad no te aleja del mundo. Te ayuda a habitarlo mejor”
TL: De un tiempo a esta parte, por lo menos mediáticamente, hay un regreso a la espiritualidad. Ya no hay “miedo” para reconocer que rezas o vas a misa. ¿A qué crees que se debe este cambio?
Christian Gálvez: Creo que estamos viviendo una especie de cansancio colectivo. Durante mucho tiempo parecía que había que esconder todo lo que tuviera que ver con la fe o la espiritualidad, como si fuera algo incómodo o fuera de lugar. Pero al final, cuando uno rasca un poco, se da cuenta de que el ser humano sigue teniendo las mismas preguntas de siempre: quién soy, qué sentido tiene todo esto, qué hay más allá.
Y cuando la vida aprieta, muchos vuelven a mirar hacia dentro. Ya no desde la imposición, sino desde la necesidad. Creo que por eso ahora hay menos miedo: porque se está entendiendo que la espiritualidad no te aleja del mundo, sino que te ayuda a habitarlo mejor.
TL: La serie The Chosen, la cantante Rosalía, la película Los domingos, tú con tus libros. Cada vez hay más personajes públicos que se reconocen cercanos a la fe. ¿Crees que habéis ayudado a ese impulso?
Christian Gálvez: No sé si somos la causa, sinceramente. Creo que sería demasiado atrevido decirlo así. Más bien somos consecuencia de algo que ya está pasando en la sociedad. Hay una inquietud real, una búsqueda, y cada uno la expresa desde su lugar. En mi caso, lo único que hago es compartir mi experiencia con honestidad. Sin imponer nada, sin dar lecciones, simplemente contando lo que a mí me ha ocurrido. Y si eso le sirve a alguien, si despierta una pregunta o acompaña a una persona en su propio camino, entonces ya tiene todo el sentido.
“Cuando alguien se encuentra con algo que le cambia por dentro, no puede mirar hacia otro lado”
TL: ¿En algún momento, a lo largo de tus relatos, te has sentido un “apóstol”, uno de los hombres cercanos a Jesús? Contar esos momentos como lo haces invita a pensarlo…
Christian Gálvez: No, en absoluto. Sería una falta de respeto compararme con ellos. Los apóstoles vivieron algo único, irrepetible, y con un nivel de entrega que está muy lejos de lo que yo pueda experimentar. Lo que sí siento, y eso lo reconozco, es una responsabilidad. Cuando te acercas a estos textos, a estas historias, y decides contarlas, no lo haces desde fuera.
Te implicas y desde ahí nace una especie de compromiso por ser fiel a lo que cuentas y a lo que sientes. Si en algún momento alguien puede percibir cercanía o verdad en lo que escribo, es porque intento vivirlo desde dentro, con respeto y con humildad. Pero nunca desde la idea de ser protagonista, sino más bien todo lo contrario: de ponerme al servicio de la historia.
TL: ¿El sacrificio formó parte del proceso de los que estuvieron cerca de Él?
Christian Gálvez: Sin ninguna duda. Estar cerca de Él no era cómodo, ni fácil, ni mucho menos seguro. Supuso renuncias, incomprensión, persecución… y, en muchos casos, la entrega total de sus propias vidas. Pero creo que es importante entender qué tipo de sacrificio era. No era algo impuesto desde fuera, sino una consecuencia de lo que habían vivido.
Cuando alguien se encuentra de verdad con algo que le cambia por dentro, ya no puede mirar hacia otro lado. Y eso tiene un precio. Más que sacrificio en el sentido frío de la palabra, yo lo veo como una respuesta. Una respuesta de amor, de fidelidad, de coherencia. Y desde ahí se entiende todo lo demás.
“La Virgen María y Judas forman parte del mismo relato. Hablan de lo que somos capaces de hacer, para bien y para mal”
TL: Reflexionas sobre el sacrificio de la Virgen María y también el de Judas. Hablar de ambos en el mismo concepto es, como poco, un intento de locura…
Christian Gálvez: Puede parecer una locura, sí, y lo entiendo. Porque estamos hablando de dos figuras que, a priori, están en extremos opuestos. Pero precisamente por eso me interesaba mirarlas desde un lugar distinto, más humano. En el caso de la Virgen María, el sacrificio es evidente: es un sí constante, incluso en los momentos más oscuros, cuando todo se rompe por dentro y aun así permanece. Es un ejemplo de entrega desde el amor más puro.
Judas es otra cosa. Es el error, la caída, la contradicción humana en su máxima expresión. Pero también hay dolor, hay desesperación, hay una historia que muchas veces simplificamos demasiado. No se trata de igualarlos, ni mucho menos, sino de entender que ambos forman parte del mismo relato, del mismo misterio. Y que, de alguna manera, los dos nos hablan de lo que somos capaces de hacer… para bien y para mal.
TL: Dicen que no hay dos sin tres y queda historia que contar. ¿Hay un cierre de trilogía en tu mente?
Christian Gálvez: Sí, lo hay. Y lo tengo muy presente desde hace tiempo. Será el cierre natural de todo lo que he ido construyendo, y quiero que esté a la altura de lo que merece la historia. Nos iremos a la Roma de Nerón, a uno de los momentos más oscuros y decisivos para los primeros cristianos. Pablo, Pedro y Lucas estarán en el centro del relato, cada uno con su mirada, con sus dudas, con su forma de enfrentarse a lo que estaba ocurriendo.
Será una historia dura, muy humana, que quiere rendir homenaje a la primera gran persecución de los cristianos. A todos aquellos que fueron señalados, perseguidos… y muchos de ellos, quemados vivos. Me interesa contar no solo lo que pasó, sino cómo se vivió por dentro. El miedo, la fe, la esperanza en medio del horror. Creo que es una historia que necesita ser contada. Y, sobre todo, recordada, porque a día de hoy, uno de cada siete cristianos es perseguido, encarcelado o asesinado en el mundo.
“La fe, como el amor, no se tiene para siempre sin más. Se cuida, se trabaja y se vive cada día”
TL: Perdiste la fe por algo que te quebró por dentro. La recuperaste al encontrar a la mujer de tu vida. ¿Con ella nació un Christian mejor al que dejaste antes de perder esa fe?
Christian Gálvez: Sin duda. Cuando uno se rompe por dentro, ya no vuelve a ser el mismo… pero tampoco necesariamente peor. En mi caso, fue un antes y un después. Perdí muchas certezas, entre ellas la fe, y durante un tiempo viví desde ese vacío. Y entonces apareció ella. No como una solución mágica, sino como luz. Como alguien que me ayudó a volver a creer. No solo en Dios, sino en la vida, en el amor y en mí mismo.
Con ella nació un Christian más consciente, más sereno, menos ingenuo quizá, pero también más agradecido. Alguien que entiende que tanto la fe como el amor no es algo que se tiene para siempre sin más, sino algo que se cuida, que se trabaja, que se vive día a día. Y en ese proceso, ella ha sido imprescindible.
TL: ¿Hay un secreto para volver a la luz cuando se ha caminado por la oscuridad?
CG: No creo que haya un secreto como tal. Ojalá fuera algo que se pudiera explicar en una fórmula y ya está. Cada uno atraviesa su oscuridad de una manera distinta. Lo que sí he aprendido es que no se sale de ahí de golpe. Es un proceso. A veces lento, a veces doloroso. Pero empieza casi siempre por algo muy sencillo: no rendirse del todo. Aunque sea con una chispa mínima. Y, sobre todo, dejarse ayudar.
La luz muchas veces no llega sola, llega a través de alguien, de una palabra, de un gesto, de una mano tendida o de un corazón dispuesto a volver a amar. En mi caso fue así. Al final, más que un secreto, es una decisión. La de querer volver. Y dar, poco a poco, los pasos necesarios para hacerlo. Aunque al principio no veas el camino entero.
“Cuando dejas de vivir pendiente de la mirada de los demás, empiezas a priorizar lo que importa”
TL: ¿Empezaste a ser más feliz al despreocuparte de lo que pensaran los demás de ti?
CG: Sí, sin duda. Cuando dejas de vivir pendiente de la mirada de los demás, algo dentro de ti se coloca. No porque te dé igual todo, sino porque empiezas a priorizar lo que de verdad importa. Durante mucho tiempo, sin darte cuenta, tomas decisiones condicionado por lo que esperas que otros piensen o esperen de ti. Y eso pesa. Te aleja de quien eres.
Cuando te liberas un poco de eso, aparece una tranquilidad distinta. Más honesta. Más tuya. Y desde ahí, curiosamente, también te relacionas mejor con los demás, porque ya no necesitas demostrar nada. No es un camino perfecto, ni definitivo, porque todos volvemos a caer en eso de vez en cuando. Pero cuando pruebas esa libertad, ya no quieres vivir de otra manera.
TL: “Las espinas de una vida son las arrugas del alma”, escribiste en su momento. ¿Ya duele menos la vida ahora?
CG: Esa frase en realidad fue un homenaje a Carlos Goñi. Pero contestando a la pregunta, duele distinto. No sé si menos, pero sí de otra manera. Antes el dolor me descolocaba más, me rompía por dentro sin entender muy bien para qué servía. Ahora, con el tiempo y lo vivido, lo miro con otra perspectiva.
No deja de doler, pero ya no es un enemigo, es parte del camino. He aprendido que esas “espinas” también te moldean, te hacen más consciente, más humano, incluso más compasivo con los demás. Y desde ahí, el dolor pesa menos, porque le encuentras un sentido. Así que sí… quizá no duele menos, pero si duele, duele mejor.
“La fe no me ha evitado los problemas, pero sí me ha dado una forma distinta de enfrentarlos”
TL: ¿Cómo es la segunda vida que, gracias a recuperar la fe, estás disfrutando?
CG: No la llamaría una segunda vida como algo completamente distinto, sino más bien la misma vida… pero vivida de otra manera. Es una vida más consciente, más en paz, con menos ruido y más sentido. No porque todo sea perfecto —ni mucho menos—, sino porque ahora sé desde dónde sostenerme cuando las cosas se tuercen: En mi mujer, en mi familia.
Hay más agradecimiento, más capacidad de disfrutar lo sencillo, y también más responsabilidad con lo que hago y con lo que soy. La fe no me ha evitado los problemas, pero sí me ha dado una forma distinta de enfrentarlos. Al final, es una vida más auténtica. Más alineada con quien soy de verdad. Y eso, para mí, lo cambia todo.
TL: Unas preguntas test para desengrasar. ¿Existe una receta para la felicidad?
CG: Por supuesto, el amor.
TL: ¿Solo ese amor se permite una gran locura?
CG: El amor es la gran locura. Bendita locura.
TL: El rasgo de tu personalidad que no querrías que heredase nadie.
CG: En algunas ocasiones, mi testarudez.
“Ahora tengo una vida más auténtica. Más alineada con quien soy de verdad”
TL: Un don que la naturaleza te ha negado…
CG: Cantar como Jon Bon Jovi en los 90.
TL: Esa pregunta incómoda que siempre te hacen.
CG: La típica… “¿Y tú, de verdad, crees en todo esto?”
TL: ¿Un lema vital que lleves por bandera?
CG: El amor y la fe no se esconden.
TL: Ese lugar en el que te encontraría si decidieras perderte…
CG: Cuesta de Moyano en Madrid y el parque de la Alameda en Santiago de Compostela.
TL: ¿Y esa crítica que, por ser verdad, más te ha dolido?
CG: “Me fallaste”, porque en alguna ocasión, he fallado a los demás.
“No se sale de la oscuridad de golpe. Es un proceso. A veces lento o doloroso”
TL: Un propósito que nunca cumples…
CG: El gimnasio en enero.
TL: Un miedo que no sepas superar…
CG: Las alturas.
TL: ¿Qué te sorprende de la vida?
CG: La propia vida.
TL: ¿Cuál es la mejor forma de dejar huella?
CG: Ser tú mismo.
TL: ¿El calificativo que más te incomoda?
CG: Cabezón, por lo de la terquedad, porque a veces tienen razón.
TL: Tres calificativos que sinteticen tu pareja ideal…
CG: Es que la tengo. No son tres calificativos, pero son tres: Patricia Pardo Burés.
TL: ¿Esa pregunta que no te he hecho y te habría gustado responder?
CG: Pues… ¿Qué pensaría Paloma Gómez Borrero de que sigamos tú y yo hablando de ella a día de hoy?
