Cómo nos afecta cuando se cae un mito

Los mecanismos de disonancia y lealtad que activamos ante una figura pública y admirada.

Patricia Peyró. 27/01/2026
Foto: Gtres

Hay noticias que no hablan solo de un famoso, sino que hablan de nosotros como sociedad y como testigos de épocas muy concretas. En estos días, el nombre de Julio Iglesias se ha visto salpicado por la denuncia de dos exempleadas domésticas que le atribuyen agresiones sexuales y otros delitos. El cantante lo niega.

Y mientras la justicia hace su trabajo, en paralelo está sucediendo algo muy interesante a nivel psicológico y social: se ha activado el fenómeno de la división emocional. Hay quienes sienten decepción o rabia, mientras que otros piden prudencia.

E incluso un tercer grupo decide defender al artista sin reservas, entendiendo  la sospecha como linchamiento o cortina de humo. Más allá del caso concreto, la pregunta psicológica podría ser universal: ¿qué nos sucede por dentro cuando se cae un mito?

(Foto: Julio Iglesias Instagram)
Cuando un mito cae, se tambalea una parte de nuestra historia personal (Foto: Julio Iglesias Instagram)

Al margen de la ley y sus veredictos, la reputación de Julio Iglesias ha quedado en entredicho y podríamos encontrarnos ante una nueva cancelación pública al estilo #MeToo.

Sin embargo, el tema del poder y de la popularidad despierta todo tipo de respuestas, algunas muy rápidas y pasionales, tanto a favor como en contra.

Serán muchos a los que se les caiga el mito, pero otros tantos saldrán a defenderlo a capa y espada casi a modo reflejo. Sea cual fuere la respuesta, puede explicarse dentro de la psicología social.

Por qué idolatramos a los famosos

La idolatría no nace solo de la admiración. Por el contrario, surge de una mezcla de necesidades humanas muy básicas, como son la pertenencia, el sentido de identidad, la esperanza, e incluso de una dosis de fantasía. Los famosos ofrecen algo tan específico como una intimidad a distancia, y eso tiene nombre.

Desde los años 50 se describe este vínculo como relación parasocial, un nexo unilateral en el que sentimos cercanía con alguien que en realidad no nos conoce.

Taylor Swift Louis Vuitton (Foto: Gtres)
Idolatramos porque necesitamos sentido, pertenencia y el ídolo nos ofrece una intimidad a distancia que parece real (Foto: Gtres)

Aunque el que se produzca este fenómeno no es raro, ya que se basa en la repetición: el hecho de verlo, oírlo y seguirlo continuamente durante mucho tiempo crea una ilusión de familiaridad, y dicha familiaridad se siente como hogar.

A partir de ahí, el idolatrar puede convertirse en una forma de usar al famoso para construirnos y crearnos una identidad.

Por ejemplo, a veces el famoso funcionará como un horizonte, siendo alguien en quien proyectar lo que uno querría llegar a ser. Otras veces, será un refugio a través de su obra (por ejemplo, cuando es autor de una canción que nos sostiene o significó mucho para nosotros  en un momento de nuestra vida).

En otros muchos casos, el famoso simboliza pertenencia, al ser el icono compartido de una generación o de una etapa.

Johnny Depp y Amber Heard
La disonancia cognitiva explica por qué negamos, atacamos a la fuente o minimizamos lo ocurrido aunque haya evidencias (Foto: Gtres)

La investigación sobre el conocido como Celebrity Worship (Síndrome de Adoración a las Celebridades en español) conceptualiza la fijación en el famoso dentro de un continuo, desde lo normal y lúdico, hasta formas más absorbentes.

En los casos graves, engancharse a una figura pública servirá para llenar vacíos o regular emociones  y puede terminar en dinámicas obsesivas e incluso adictivas.

La caída del mito como microduelo

Por ello, cuando un ídolo cae, no solo cae esa persona. También se desmorona nuestra historia interna sobre ese famoso, e incluso algo se rompe por dentro. Y ahí aparece un tipo de dolor peculiar, que puede ser una mezcla de desilusión, enfado, tristeza, y hasta vergüenza.

Se trata, al fin y al cabo, de una forma de sentirse engañado, aunque no haya existido una relación real. Esta decepción se encuentra dentro de lo que algunos autores han llamado ruptura parasocial, y se describe como el malestar que surge cuando el vínculo simbólico se rompe.

En este sentido, lo que duele no es solo lo que hiciera el famoso si llega a confirmarse. También duele lo que este representaba, y la pérdida del relato que nos hacíamos sobre él, que nos obliga a replantearnos nuestros criterios e incluso muchos de nuestros recuerdos, si el artista está vinculado emocionalmente a una época de nuestra vida.

Michael Jackson
En el ámbito cultural, el desacoplamiento moral permite admirar una obra mientras se condena al autor por comportamientos reprobables (Foto: Gtres)

Negación, defensas y disonancia cognitiva

Cuando aparece una sospecha fundada contra alguien a quien admiramos, aparecerá como consecuencia una disonancia cognitiva, o esa incomodidad de sostener dos ideas a la vez. Esto entra dentro de un concepto clásico de la psicología social elaborado por Leon Festinger.

Este describió el malestar que sentimos cuando dos cogniciones son incompatibles o chocan entre sí y cómo tendemos siempre a resolver la disonancia de alguna manera. En nuestro ejemplo, sería esta persona es admirable versus esta persona pudo hacer algo terrible.

¿De qué formas se reduce? A veces se recurre a la negación directa. Otras, se atacará a la fuente para desacreditarla, echándole la culpa a los medios, a la búsqueda de intereses económicos o aludiendo a la clásica caza de brujas. Pero también puede minimizarse lo ocurrido con un “no será para tanto” o “eran otros tiempos”.

A ello se suma lo que Kunda llamó razonamiento motivado, un sesgo cognitivo por el que no se atiende a razones a la hora de cambiar de opinión, por más evidencia que haya. Detrás de todo ello no sólo hay obstinación, sino que es una manera de protegernos a nosotros mismos a nivel emocional. Dicho de otro modo: no miramos la información con la misma neutralidad cuando lo que está en juego es nuestra identidad.

Por qué algunos salen en defensa del ídolo a costa de lo que sea

En el caso de Julio Iglesias, por ejemplo. Sorprende que personas como Isabel Díaz Ayuso se metan en el jardín de defender causas que potencialmente podrían comprometer incluso su propia imagen pública.

¿Qué sentido tiene? Desde la psicología social se sabe que la pertenencia a grupos modela percepciones, lealtades y sesgos. Por ello, cuando una figura se convierte en símbolo de un “nosotros”, defenderla puede vivirse como defender al grupo.

Además, existe algo muy humano: la defensa pública funciona como señal. Señal de lealtad a una audiencia, de coherencia ideológica, o incluso de no ceder. Visto así, el coste reputacional puede percibirse como inversión por la que verse reforzado por su grupo de seguidores, a pesar de las críticas del otro lado.

El caso Michael Jackson o el “separar obra y autor”

Dentro del consumo cultural se ha propuesto un concepto especialmente útil, el moral decoupling o desacoplamiento moral. En un estudio publicado en Journal of Consumer Research Bhattacharjee, Berman y Reed observaron que algunas personas separan el juicio moral sobre el autor del juicio sobre el valor o rendimiento de su obra.

Esa separación es la que permite sostener a la vez la admiración artística y la reprobación ética. Así se explica por qué la música de Michael Jackson sigue sonando en la radio a todas horas a pesar de las acusaciones vertidas sobre él.

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