(Foto: Richard Mille)
El guillochage o también llamado guilloché es una técnica decorativa que hoy en día está limitada a la alta relojería. Un proceso artesanal que nació en el siglo XVI y que consiste en grabar patrones geométricos extremadamente finos y repetitivos sobre una superficie.
En su origen se realizaba sobre la esfera del reloj, para facilitar la lectura de la hora en cualquier condición lumínica y evitar reflejos. En la actualidad, el guillochage también se utiliza para grabar componentes y cajas de los relojes.
Se necesitan muchas décadas de formación para que un artesano domine la técnica. Se elabora a mano con la ayuda de un torno con el que se cruzan y superponen líneas para crear un motivo gráfico.
Una técnica que los artesanos de Richard Mille dominan y que la marca ha incluido a modo casi de homenaje y de forma testimonial en una serie limitada de relojes, que de por sí destacan por otras muchas cualidades.
Se trata de los nuevos modelos RM 07-01 Coloured Ceramics. Unos relojes donde abundan los diamantes, los colores vivos, los matices y las formas geométricas.
La marca suiza, fundada en el año 2001 por Dominique Guenat y Richard Mille, rinde homenaje con estos tres nuevos modelos a los años 80. Aquellos años que como marca de relojes no pudieron experimentar, pero que sí lo hicieron sus fundadores.
Como afirman desde la casa suiza, una década definida por la libertad estética, los contrastes audaces y una aproximación inédita a los materiales. Fiel a las dos series anteriores del Coloured Ceramics, Richard Mille ha limitado su producción a solo 50 unidades por modelo.
Unos relojes que “juegan con la yuxtaposición de colores vibrantes y texturas contrastadas, afirmando una identidad gráfica singular y disruptiva”, asegura Cécile Guenat, directora de Creación y Desarrollo.
La colección se presenta en tres tonalidades cerámicas: rosa blush, rosa lavanda y azul empolvado. La esfera han utilizado oro rojo tratado con PVD gris. Cada reloj posee detalles cerámicos, apliques de caucho cortados con láser, diamantes engastados y oro blanco. Materiales de alta dureza, muy complicados de trabajar y texturas donde además se ha integrado el citado guillochage.
Una fantasía exterior que cobra vida gracias al compás del calibre automático CRMA2 de la casa suiza. Una maquinaria esqueletizada y elaborada en titanio de grado 5. Un movimiento que ofrece una reserva de marcha de 50 horas, sostenida por un barrilete de rotación rápida.
Un homenaje a los años 80 que más allá de su dimensión estética aporta un profundo respeto a la tradición relojera. El precio es bajo petición. En el mercado de segunda mano muchos modelos superan ampliamente los 150.000 euros.
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