Foto: Varu by Atmosphere
Maldivas es un país para abandonarse al relax del que poco más se sabe aparte de sus exclusivos hoteles y sus aguas claras de un profundo e hipnótico azul. Pero como todos los países del mundo, este coqueto archipiélago del Índico también tiene una historia. Una alejada de los circuitos comerciales y muy ligada a la gastronomía y el comercio, que dice mucho de su gente.
Son señas de identidad que, si bien pasan desapercibidas para la mayoría de sus visitantes, existen y se pueden conocer de cerca en algunos lugares especiales como el restaurante del que hablamos hoy. El coqueto Kaage especializado en comida maldiva y ubicado en el resort de lujo Varu by Atmosphere.
Nos centramos en él porque la dificultad de encontrar en Maldivas algo autóctono de verdad, que tenga que ver con sus raíces, es real. Los viajeros tienen fácil conocer el destino, su naturaleza, su increíble océano… Pero, ¿y su comida? ¿Y la historia de su gente?
Los primeros habitantes llegaron a Maldivas alrededor del 500 a.C. y su historia quedó registrada gracias a viajeros como Maoan e Ibn Battuta. Desde muy temprano, los maldivos participaron en rutas comerciales, llegando incluso a enviar obsequios al Imperio romano.
En el pasado, los maldivos dependían únicamente del pescado, los cocos, el mijo y los tubérculos para comer. Pero con el tiempo, la influencia de los extranjeros del antiguo comercio y los viajes, la cocina maldiva desarrolló una mezcla de sabores únicos con una identidad culinaria propia.
De esta manera, su cocina tradicional, conocida como Cocina Dhivehi, combina los ingredientes esenciales de las islas con influencias de países vecinos como India o Sri Lanka. El resultado es una gastronomía exótica y sorprendentemente picante cuyos platos típicos se preparan utilizando antiguas técnicas y tradiciones transmitidas de generación en generación.
Pues bien, de todo esto saca pecho el chef maldivo, Mohamed Niyaz, en el restaurante Kaage de Varu by Atmosphere. Un refugio que recrea las casas maldivas con decoración y artesanía típicas, y donde los más avezados pueden incluso probar a cocinar con el chef algunas delicias patrias como las croquetas de atún con cebolla especiada (gulhas) o el curry de pollo.
Por supuesto, el objetivo del restaurante no es hacer cocinar al comensal, sino hacerle partícipe de esta rica historia gastronómica que en muchas islas explotadas por grandes grupos hoteleros, pasa desapercibida.
Así, Kaage es un lugar especial y uno de los pocos sitios en Maldivas -fuera de las islas locales- donde el viajero puede degustar platos típicos maldivos, pero de verdad. Como el Garudhiya (caldo claro de pescado), Rihaakuru (pasta espesa derivada del garudhiya), el Fihunu mas (pescado a la parrilla con especias) o el Mas huni (mezcla de atún seco, coco y verduras, servida con pan local), entre otros muchos.
Un paréntesis perfecto dentro de un viaje de ensueño para satisfacer la curiosidad (y el hambre) de los viajeros más inquietos.
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