Para comprender cualquier cosa que nos ocurre en nuestras vidas, siempre nos recomiendan: distancia y tiempo. En todo menos en el amor, al que casi siempre se le otorgaba la necesidad de la cercanía y en la lejanía el enfriamiento.
Lo cierto es que a raíz de la pandemia, la distancia de separación nos hace reflexionar sobre lo popular, nuestras tradiciones y reconsiderar qué nos puede ofrecer ver el mundo, nuestras relaciones a una distancia mayor de cómo lo hacíamos hasta el momento.
La filósofa Simone Weil (1909-1943) a pesar de su corta vida ( murió a los 35 años) reflexionó sobre el poder de la distancia en la belleza y el amor. “Amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama”, decía. Y ese amor no implica sólo el de pareja, sino también el de amigos y familiares a los que llevamos meses sin poder tocar ni reunirnos físicamente.
Estando en esa distancia transitoria pero obligada, podemos diferenciar lo que Weil quiso destacar en el amor: el desdoblamiento que hacemos sobre quienes amamos. En quién es realmente y quién deseamos que sea.
¿Hay algo más tremendo que descubrir que se ama a un ser que hemos imaginado en el cuerpo de alguien? Es al practicar esta distancia cuando podemos comenzar a practicar la ‘renuncia’ de nuestros deseos sobre el otro y descubrir quien realmente es.
Weil hacía referencia a que la verdadera belleza del amor residía en no querer cambiar al otro. Y solo desde la distancia del Yo y del otro, la diferenciación de deseos, se comenzaba a lograr construir una verdadera comunicación sobre el otro. Weil nombró el poder de la retirada y la potencia de la escucha sobre el otro.
Pudiera ser que en estos tiempos de confinamiento nos hayamos descubierto y comprobemos que existen otros modos de relacionarnos con quienes queremos. Sólo el tiempo y la distancia obligada nos muestran la capacidad que tenemos para salirnos del concepto del amor idílico como el posesivo. El vínculo fuerte no está basado en el control, sino en la libertad.
Mirar desde otro lugar, desde un deseo nuevo que surge del descubrir al ser querido en su expresión más autónoma. Esta filósofa, revolucionaria, que se convirtió en Operaria de la Renault en plena guerra, dejó perplejo con escritos a Albert Camus, responsable principal de darlos a conocer, publicándolos.
La distancia, el amor, la debilidad del ser humano como muestra de belleza… No es casual que en esta pandemia global, hayan sido muchos los que se han decidido a rescatar su persona, sus escritos y su visión del mundo. Desechó los apegos y profundizó en la aceptación de la soledad como viaje imprescindible al amor propio y hacia el otro.
Ponerlo en práctica podría ser, de inmediato, escuchar activamente al otro sin estar pensando un juicio de valor sobre lo que dice. Abandonarnos al otro y su mundo, olvidándonos de nuestro deseos más inmediatos. Una buena práctica para descubrir los efectos positivos del amor en la distancia.
*Fotografía principal Matheus Frade.
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