María Oruña: “Soy muy consciente de la muerte y detesto perder el tiempo”
Está convencida de que no nos hemos perdido a una gran abogada, a pesar de haber ejercido como tal durante diez años. La viguesa María Oruña dedica completamente su vida ahora a la literatura, haciéndola compatible con la familia. “Llevo casada veintiún años con un hombre del que me he enamorado más de una vez”, confiesa. “Y tengo un hijo que, a pesar de ser adolescente, no me odia con todas sus fuerzas. ¿Qué más puedo pedir?”.
En 2015 publicó su primer libro y, diez años después, ya contabiliza la misma cifra. Su bibliografía ha sido traducida a decenas de idiomas y superado el millón de lectores. El albatros negro, su última novela histórica de misterio, es un homenaje a su Vigo natal.
The Luxonomist: ¿Qué has encontrado en la literatura que no descubriste en otra actividad de la vida?
María Oruña: Un refugio. Cuando escribo, el mundo exterior deja de existir y es como si el tiempo y los problemas se diluyesen a mi alrededor.
TL: ¿Nos hemos perdido una gran abogada?
María Oruña: No, rotundamente.
TL: ¿De niña ya eras la más creativa y fantasiosa de la pandilla?
María Oruña: Creo que sí. He descubierto hace poco tiempo que no es normal ir por la calle imaginándose historias y vidas de la gente con la que te cruzas, por ejemplo.
“Es curioso, pero no codicio el talento ni el éxito ajenos”
TL: ¿Qué hay de la escritora de Puerto Escondido (2015) en la actual de El Albatros Negro (2025)?
María Oruña: Quiero pensar que he mejorado en técnica y visión literaria panorámica y estructural, pero lo cierto es que, en esencia, sigo siendo la misma. Puerto escondido fue escrito en libertad absoluta, pues no lo iba a leer nadie. Ojalá sepa mantener esa magia, porque tenía algo de indómito y salvaje.
TL: ¿A lo largo de estos diez años hubo algún momento de desánimo o anclarse en el éxito fue el flotador anímico?
MO: El síndrome de la impostora me acompañó durante muchos años. El «éxito» nunca fue tan rotundo e inmenso como para que se me fuese la cabeza: sé perfectamente lo que cuesta estar aquí y lo fácil que puede ser descender por la cuesta del olvido. Hubo días oscuros, pero no porque no confiase en mi trabajo, sino porque no me adaptaba al sistema. El mundo literario me ha parecido, en muchas ocasiones, más despiadado y cruel que el de los abogados.
TL: ¿En el mejor de tus sueños imaginaste conseguir todo lo logrado?
MO: Solo si piensas en grande consigues grandes objetivos. Siempre fui consciente de que este enfoque podía proporcionarme sonoros batacazos, pero lo que realmente codicio es que mis historias perduren. Que dentro de muchos años, si alguien quiere entretenerse, pasar un buen rato o sentirse más acompañado, sepa que en alguno de mis libros tiene un puerto seguro.
TL: ¿Ha habido un libro, escrito por otro, que habrías dado media vida por que se te hubiera ocurrido a ti?
MO: No. No codicio el talento ni el éxito ajenos, es curioso. Me interesan los buenos libros a nivel técnico, de estilo… Pero para aprender, estudiarlos y disfrutarlos. De hecho, solo cuando me parecen extraordinarios me intereso por la biografía del autor.
“Escribir es mi refugio, el mundo exterior deja de existir”
TL: ¿La mejor historia siempre está por llegar?
MO: No. A veces eres consciente de que determinada aventura y creación es irrepetible. Por ese motivo muchos escritores estamos siempre en movimiento: investigamos, viajamos, conocemos, escuchamos. De esta forma, sí es posible soñar con una nueva historia, tremenda e interesante, que valga la pena ser contada.
TL: Los gallegos, al final, siempre volvemos a casa en algún sentido. ¿Este libro es un homenaje a Vigo, tu ciudad de nacimiento?
MO: Sí. El Vigo histórico es un gran desconocido, incluso para los vigueses. Por lo general, en la cultura popular de la ciudad celebramos la Reconquista de la villa a los franceses a comienzos del siglo XIX y poco más. Viajar a un pasado más antiguo, a una idiosincrasia tan poco documentada, me ha llevado a caminar sus calles con otros ojos y a renovar el valor de haberme criado en esta ciudad azul.
TL: ¿A quién o qué no le dedicarías ni un solo minuto de vida?
MO: Hasta los villanos pueden merecer un minuto para ser escuchados. Aunque solo sea para prepararte, para conocer la verdadera medida del enemigo.
TL: ¿Eres de cocinar la vida a fuego lento?
MO: Sí. Pero soy impaciente y muy de hacer listas, marcar objetivos. Consciente siempre de la muerte, detesto perder el tiempo.
“No aprecio la nostalgia, puede ser un obstáculo para avanzar”
TL: ¿A qué momento de tu pasado regresarías?
MO: A ninguno. No aprecio la nostalgia, puede ser un obstáculo para avanzar.
TL: ¿Tu mayor conquista?
MO: Mi familia. Llevo casada veintiún años con un hombre del que me he enamorado más de una vez y tengo un hijo que, a pesar de ser adolescente, no me odia con todas sus fuerzas. ¿Qué más puedo pedir?
TL: ¿Recuerdas ese momento de absoluta felicidad?
MO: Muy pocos. Los he saboreado, consciente de que eran efímeros, desde niña. Los momentos felices siempre han sido compartidos y recuerdo bien quién me acompañaba en cada ocasión.
TL: ¿Qué le preguntarías a tu yo dentro de veinte años?
MO: No creo que cuando tenga sesenta y ocho años sea mucho más lista ni sabia, de modo que me preguntaría a qué lugar del mundo he preparado mi próximo viaje. Por curiosidad.
TL: ¿Sin cuál de los cinco sentidos podrías vivir?
MO: El gusto. No es que me fuese a hacer gracia el no poder saborear las cosas, pero intentaría hacer un ejercicio de imaginación.
TL: ¿Un personaje histórico con el que te sentarías a cenar?
MO: Caray, haría una lista muy larga. Juana «la Loca»: ¿Estaba desequilibrada o solo se la tumbó a nivel político? Sería interesantísimo charlar con ella. Cristóbal Colón: ¿Cuáles fueron las verdaderas pautas de su ruta de las Indias? Y por cierto, ¿dónde nació realmente?. Charlotte Brontë: quien haya leído Cumbres Borrascosas tiene que tener curiosidad por toda esa furia y violencia contenidas. Clara Peeters, la pintora del siglo XVI que se reflejaba a sí misma en los utensilios de sus bodegones. ¿Qué ingenio, humor e inteligencia brillaría en una conversación con ella? Podría seguir con la lista…
“Soy feliz a ratos, como todo el mundo”
TL: Diez segundos para un deseo. ¿Qué pides?
MO: Que hoy todo el mundo tenga un motivo para sonreír. Es una cursilada, pero es lo que me ha venido a la cabeza.
TL: Te da un ataque de risa en una situación inapropiada o en un lugar del que no puedes salir. ¿Cómo lo solucionas?
MO: No puedo solucionarlo. Ya me ha pasado alguna vez. Es muy difícil que yo me ría a carcajadas, pero cuando me da el ataque, es imparable. Por fortuna suele ser contagioso y nadie se enfada.
TL: ¿Un día perfecto?
MO: Un buen desayuno, café italiano. Una excursión con la familia, comer en algún lugar imprevisto una comida sencilla. Una buena charla con amigos, un largo paseo con mi perro y una lectura agradable al recogerme por la noche.
TL: ¿Cuál es ese tema del que te avergüenza saber tan poco?
MO: Literatura. Envidio en secreto todos los conocimientos de filólogos y de estudiosos universitarios del mundo literario.
TL: ¿El objeto más extraño que conservas?
MO: Debo ser muy aburrida, porque no recuerdo tener nada extraño entre mis posesiones. Es cierto que guardo una espada toledana en el armario del pasillo y un cartel del ayuntamiento de Westminster en el ático -mi época londinense-. Pero esto último no recuerdo por qué lo compré ni qué hace ahí.
TL: Esa pregunta que no te he hecho y te habría gustado responder…
MO: Ningún periodista suele preguntar si eres feliz. Yo lo soy a ratos, como todo el mundo. Y creo que todos, en la medida de posible, tenemos la obligación de intentarlo.
