Foto: Instagram @grammys
La 68.ª edición de los Premios Grammy, celebrada el 1 de febrero de 2026 en Los Ángeles, volvió a demostrar que la música y el lujo caminan cada vez más de la mano. Más allá de los premios, la gala se convirtió en un auténtico escaparate de alta joyería contemporánea. Allí, los diamantes de gran tamaño y las piezas de fuerte carácter marcaron el pulso estético de la noche.
Uno de los grandes protagonistas de la velada fue Bad Bunny. Ganó el Grammy al Mejor Álbum del Año, el de Mejor Música Urbana y el de Mejor Interpretación de Música Global por EoO.
El artista puertorriqueño apostó por un traje de terciopelo negro de Schiaparelli Haute Couture, con corsetería en la espalda, acompañado de joyas Cartier. Un estilismo sobrio pero poderoso, donde los diamantes, en forma de pendientes huggie, aportaron un contrapunto clásico a una silueta contemporánea.
El brillo más literal llegó de la mano de Tyla, quien volvió a alzarse con el Grammy a la Mejor Interpretación de Música Africana. La artista lució más de 100 diamantes de Pandora, incluyendo un collar de oro blanco de 14 quilates con 116 diamantes, chokers creados a partir de pulseras tipo tenis, anillos y hasta una joya de tobillo engastada.
Sabrina Carpenter, una de las figuras más visibles de la noche. Optó por una estética etérea con un vestido a medida de Valentino, estilizado por Jared Ellner.
El conjunto se completó con joyas de Chopard, entre ellas pendientes colgantes de diamantes, una alianza eternity y un anillo cóctel con diamante talla cushion.
La alfombra roja también dejó espacio para propuestas más conceptuales. Doechii apostó por un estilismo a medida de Roberto Cavalli, en el que la joya se convirtió literalmente en parte del vestuario.
La artista lució un top joya compuesto por cadenas de oro y gemas multicolores, acompañado de un brazalete de gran presencia y accesorios a juego. Sin duda fue un guiño a la película Death Becomes Her. Una elección audaz que transformó la joyería en elemento estructural del look, difuminando los límites entre moda, cine y alta joyería.
Entre las apuestas más espectaculares destacó Tate McRae, quien eligió un vestido negro de Balenciaga de inspiración Old Hollywood, elevado por un collar de diamantes de Lorraine Schwartz.
Este tenía una piedra central de gran tamaño que alcanzaba los 50 quilates en total, acompañado de pendientes tipo stud de 39 quilates. Una lección de glamour clásico reinterpretado desde la escala XXL.
En clave más minimalista pero igual de poderosa, Lady Gaga centró todas las miradas en su anillo de compromiso. La artista, comprometida con Michael Polansky, lució un diamante ovalado estimado entre 10 y 20 quilates.
Con halo oculto y montura pavé, es una joya diseñada a medida por Sofia Jewelry y valorada entre 500.000 y 2 millones de dólares. Una prueba de que una sola joya puede dominar toda una aparición.
La pareja formada por Justin y Hailey Bieber también dejó huella. Justin acudió con un traje negro de Balenciaga, acompañado de un collar de diamantes de 100 quilates firmado por Lorraine Schwartz. Una pieza de alto impacto que contrastó con la sobriedad del conjunto.
Hailey, por su parte, elevó su vestido palabra de honor de Alaïa con un choker de plata rematado por un diamante en forma de pera de 30 quilates. Lo acompañó de pendientes statement que sumaban 20 quilates y un anillo cóctel de 12 quilates. En total, lució uno de los looks de joyería más potentes de la noche.
Los Grammy 2026 confirmaron así una tendencia clara: las joyas ya no son un complemento secundario, sino un lenguaje propio dentro de la alfombra roja. Diamantes monumentales, piezas escultóricas y elecciones cargadas de intención convivieron en una noche donde el lujo se expresó con la misma fuerza que la música, consolidando a la joyería como uno de los grandes protagonistas del espectáculo cultural global.
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