Foto: Ossip van Duivenbode para MVRDV
El puerto de Rotterdam está siendo objeto de una importante transformación que hará las delicias de usuarios y visitantes. Y entre los increíbles espacios que está generando destaca uno muy especial: su centro de exhibiciones.
Se trata de un edificio dividido en cinco secciones o bloques que giran respecto a su eje, dejando grandes voladizos y espacios abiertos por doquier. Desafíos de la ingeniería y la arquitectura que nos cuentan una historia: la de superación del ser humano. Además, con un estilo muy característico, el del estudio local de arquitectura MVRDV. Local, sí, pero con obras a lo largo y ancho del orbe.
Como buen edificio moderno, el nuevo centro de exhibiciones de Rotterdam tiene nombre: Portlantis. Un nombre que refleja su relación directa con el puerto y su nexo con la ciudad. El inmueble inaugurado se ubica en el extremo occidental del puerto, según los holandeses, el mejor del mundo (habrá que preguntar al resto). La rotación de las cinco secciones rompe con las rígidas estructuras de los contenedores del puerto, y resalta sobre el fondo acuoso.
Otro llamativo elemento es una escalera de un llamativo color rojo que, en el exterior, avanza rodeando la estructura hasta su coronación, en las que se pueden disfrutar de unas espectaculares vistas sobre la costa y el puerto.
Evidentemente, la forma y colores de estos elementos se vinculan con el lugar donde se exhiben, y, más importante aún, con las actividades que se desarrollan en el interior.
Así, las fachadas poseen amplios ventanales para conectarse con el exterior, a la vez que se provee de abundante luz al interior, reduciendo la demanda energética en un alto porcentaje. Además, en un alarde de inteligencia, la orientación de cada volumen define su función. De esta forma, la cafetería se orienta al oeste, mirando a las dunas, y el restaurante en la cuarta planta mira hacia el norte, para ver las puestas de sol y el horizonte iluminado del puerto en las horas nocturnas.
La escalada exterior ofrece la oportunidad de contemplar el cambio portuario, que, gracias al impulso urbanístico se convertirá en un ejemplo de sostenibilidad, convirtiéndose en un escenario en el que se podrán contar miles de historias.
Si alguien te pregunta para qué sirve la arquitectura, este es un ejemplo perfecto. Es un espacio vertical que convive con lo que se rodea y permite crecer a la sociedad.
Pero al final, el interior de las construcciones también debe contar con un diseño acorde a su uso. En este caso, se contó con la empresa Kossmanndejong, experta en exposiciones, para diseñar las plantas del edificio. Cada planta, posee una temática única, en la que se podrá entender el funcionamiento del lugar. Sin embargo, un atrio de 22 metros se convierte en otro eje del espectáculo.
Este atrio muestra una escultura cinética que cae desde el techo, con una maqueta del puerto por donde pasan todos los visitantes. El espectáculo se ayuda con algunos espejos en el techo que aumenta su altura (visualmente), y desde arriba, un pavimento de traslúcido hace el disfrute de los más valientes, desde el cual se puede ver los 22 metros de altura. Este tipo de pavimentos se han convertido en usuales en observatorios y puentes.
La empresa Van der Ven, que se encargó de la construcción de este centro de exhibiciones de Rotterdam, nos muestra en su cuenta de Instagram el secreto del edificio. Se trata de un esqueleto de metal que apoya en una losa de hormigón, permitiendo que se apoyen en ellos otros materiales más sencillos e industriales. Con esto se consigue no sólo que la construcción sea más rápida de lo usual, también se siguen los principios de economía circular.
Esto implica que muchos elementos del edificio vienen de otros usos. Permiten que la construcción sea desmontable, pudiendo tener otra vida más adelante (vida = distinto uso). Es más, según el estudio de arquitectura, los paneles de la fachada serán devueltos a la fábrica de la que salió cuando acabe su vida útil (que dure todo lo posible, claro). Esto se complementa con un aislamiento eficiente, apoyado por una bomba de calor que reduce la dependencia energética.
El edificio es una maravilla, y su ubicación permite aprovechar el entorno exterior, desde el que se visualizan los elementos del muelle, la playa y el mar, anexando los, a veces, dispares conceptos de trabajo y entretenimiento. Honestamente, solo echo en falta una piscina en la cubierta, que no vendría mal… ¡Aunque complicaría algo la ejecución!
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