El secreto para convertir una cata de jamón con pan en algo extraordinario
Monte Nevado celebró esta semana en Madrid uno de sus Maridajes Inesperados con vinos naranjas y los panes de Viena La Baguette como protagonistas.
Estaremos todos de acuerdo en que hay pocos alimentos que -vegetarianos y veganos aparte- triunfen más que el jamón. Porque el jamón es un producto estrella capaz de levantar un aperitivo, bordar una merienda o, si es bueno de verdad, ser protagonista de cualquier comida o cena. Por supuesto que podemos comerlo solo, pero lo suyo es combinarlo con bebidas y productos que potencien y destaquen sus cualidades y su sabor.
En este sentido, la gente de Monte Nevado lleva años demostrando con sus Maridajes Inesperados que su jamón “casa” bien casi con cualquier cosa. Sin embargo, si preguntamos al grueso de la población cómo le gusta tomar el jamón, estamos seguros de que se decantarían por un binomio universal: el del jamón con pan. Una combinación ganadora que no por popular puede dejar de ser excepcional.
Porque en el pan, igual que en el jamón o el vino, también hay clases. Y cada una lleva implícita unas características que pueden potenciar, esconder o reducir las cualidades del jamón. Todo depende de su calidad y de las proporciones de sus ingredientes.
El imbatible binomio del jamón con pan
En este sentido, todos entendemos que no es lo mismo catar jamón con un mollete que con un grissini italiano, un pan de centeno, un colín o un candeal. De la misma manera que los panes con ingredientes como las pasas, el aceite o incluso la naranja o el chocolate pueden aportar un punto distinto y muy sorprendente al jamón, creando una experiencia mágica para el paladar.
Todo esto demostró en su último Maridaje Inesperado la firma segoviana, que lleva más de 125 años elaborando en sus instalaciones y sus secaderos jamones de calidad. Comercializan jamón serrano, ibérico (de cebo o de bellota) y mangalica, una raza húngara única en el mundo que ellos mismos se encargaron de salvar de la extinción.
Los suyos son jamones premium, con una curación larga y un gusto por los detalles que marca la diferencia. Su responsable de comunicación, Chema de la Fuente, reconoce que “la genética y la alimentación son principalmente lo que define a un buen jamón”. A lo que se añade un buen conocimiento del sector jamonero. Una afirmación transparente que demuestra su profundo conocimiento y confianza en la empresa centenaria gestionada ahora por la cuarta generación.
Hacer extraordinario lo cotidiano
Algo similar sucede con Viena La Baguette, la firma panadera que lleva más de un siglo elaborando ‘panes con alma’ en su obrador de Madrid. Cada uno en su sector son la muestra de que la excelencia es la clave para convertir algo tan cotidiano como el pan con jamón, en algo extraordinario.
En este caso lo hicieron en el último ‘Maridaje inesperado’ organizado por Monte Nevado en la capital. Una interesante cata a ciegas guiada por el periodista y crítico gastronómico Jonatan Armengol, que puso en la piel de un invidente a los invitados.
Además de los jamones Monte Nevado y hasta once panes de Viena La Baguette, la degustación se completó con cinco vinos naranjas excepcionales. Venían de bodegas como Pell Pell Pardas (Penedès), La Viña de Ayer (Gredos), El Grifo (Canarias), Ánima Mundi (Penedés) o Pureza (Alicante). Todos aportaron unos términos interesantes a la degustación.