Alfaro 1926, cien años de moda exclusiva en el corazón de Madrid
Su historia empezó con el camisero de Alfonso XIII y actualmente son la tercera y cuarta generación de la familia las que garantizan su continuidad.
Que un negocio familiar cumpla 100 años es, sin duda, un motivo de celebración. Y que además lo haga defendiendo los valores con los que nació y conviviendo con gigantes internacionales, suma puntos a su mérito. Ese es el caso de Alfaro 1926, uno de los referentes de la moda multimarca en Madrid, que cuatro generaciones y un siglo después triunfa defendiendo lo diferente, adecuándose a las necesidades del mercado y manteniendo los pies en el suelo.
La historia de Alfaro 1926 empezó en el norte de España. Concretamente en la camisería Derby, de San Sebastián, un negocio distinguido donde se formó como dependiente Hilario Alfaro Moreno. Un inquieto emprendedor que en 1926 (de ahí el nombre de la marca) llegó a Madrid decidido a triunfar replicando lo aprendido. Algo que hizo en el número 30 de la Gran Vía.
La exquisita camisería de Alfaro 1926
“De aquel negocio le gustaba todo”, nos cuenta su nieto, Hilario Alfaro Moreno, tercera generación de la familia Alfaro y actual responsable de la firma. “Como en los años 30 no había prêt-à-porter, mi abuelo se especializó en camisería a medida para hombre”. Tal y como nos cuenta el empresario, ofrecía un exquisito trato al cliente y tejidos de altísima calidad que convencieron a una fiel y distinguida clientela, entre la que se encontraba el rey Alfonso XIII, que eligió a Hilario como uno de sus dos camiseros oficiales.
Sin embargo, fue el gusto por lo distinto lo que dio fama al negocio y lo que marcó el ADN de Alfaro 1926, que perdura 100 años después. Y es que, además de camisas, la tienda también vendía cinturones, paraguas y complementos que su fundador traía del extranjero. Algo que su sucesor, el único de sus siete hijos que se dedicó al negocio, Hilario Alfaro Núñez, siguió haciendo años después.
El valor de lo diferente
“Él supo ver el valor de lo diferente y se adaptó a las necesidades del mercado”, cuenta Hilario. “En los años 50 y 60 fue el boom del turismo en España. Mi padre empezó a traer marcas y productos de Londres que nadie tenía, como Burberry, Jantzen o las medias de cristal que le compraba Ava Gardner. Todo eso hizo que el negocio siguiera adelante pero que sin embargo, no fuera rentable”, explica.
A partir de los años 80, con la tercera generación al mando liderada por él mismo y su hermana pequeña, Merche, Alfaro 1926 vivió su gran punto de inflexión. Ellos introdujeron cambios decisivos en el negocio que impulsaron un crecimiento exponencial. Apostaron de forma integral por la moda femenina y comenzaron un ambicioso proceso de expansión. Y en ese camino, Banco Sabadell se convirtió en su partner financiero de confianza.
Así, bajo la batuta de Hilario y Merche Alfaro Moreno, la marca llegó a tener hasta ocho locales en ubicaciones seleccionadas de Madrid, principalmente en centros comerciales. “Luego llegó la crisis de 2008 y con ella la decisión de apostar por menos locales pero excelentemente ubicados“, nos cuenta Hilario. Una decisión tomada -una vez más- según las necesidades del mercado y que los Alfaro supieron ejecutar con diligencia.
Presente y futuro de Alfaro 1926
A día de hoy, Alfaro 1926 tiene dos tiendas, en Serrano, 20 y en Goya, 5. Y ambas facturan “lo mismo que cuando teníamos ocho locales, unos 4 millones de euros”, explica su CEO. En ellas venden prendas de piel española hechas a medida (uno de sus productos estrella) y moda femenina colorida y especial seleccionada personalmente por Hilario y Cristina Alfaro Lobera en sus viajes al extranjero. Ellos son la cuarta generación de la familia y quienes protagonizarán la sucesión “lógica” del negocio, para la que están más que preparados.
“Hemos crecido con la tienda, oyendo hablar de ella, participando de sus proyectos y empapándonos de sus problemas. Nunca hemos pensado en dedicarnos a otra cosa. Para nosotros es un legado familiar del que nos sentimos responsables y que nos encanta”, explican.
Para ellos, vender forma parte de su historia. Y aunque el sector de la moda es complicado, son conscientes de lo que les hace especiales: “Estamos rodeados de grandes firmas que cualquiera puede comprar online. Lo que ofrecemos en Alfaro 1926 son prendas distintas, recuerdos exclusivos que los clientes se llevan encantados, precisamente porque se salen de lo común”, cuenta Cristina.
Así, sus escaparates están plagados de prendas coloridas y diferentes, dispuestas con mimo, meticulosidad y motivo. Son el reflejo de una familia entregada al negocio y cuya receta del éxito comparten sus miembros, independientemente de su generación. “Trabajar, trabajar y trabajar, no hemos conocido otra cosa. Siempre lo hemos hecho con pasión, esfuerzo, unión y adaptándonos a los tiempos“, concluyen los cuatro. Una filosofía que, seguro, seguirán defendiendo 100 años más.
