Tamar Novas: “Me ha costado sentir que puedo ser respetable como actor”
El próximo día 28 podría conseguir el Goya a mejor actor de reparto por Rondallas. Tamar Novas ya sabe lo que se siente al recibir el cabezón, ya que lo logró a punto de cumplir la mayoría de edad por Mar adentro. De nuevo Galicia, su tierra, le trae buena suerte, aunque su reconocimiento profesional no es el resultado del azar, sino de una pasión desmedida por su oficio y el empeño diario por ser mejor, algo que reconoce que le equilibra…
The Luxonomist: Estrenas los 18 años, mayoría de edad, con un Goya por Mar adentro. Ahora tienes esta nominación por Rondallas. ¿Qué hay de aquel Tamar en el de hoy?
Tamar Novas: Tengo muchos recuerdos que serían distintos si de aquella supiera lo que era este oficio. Lo recuerdo como una montaña rusa emociones, como una cosa preciosa, una noche maravillosa que disfruté con mi hermano.
Recuerdo la sensación de cariño de la profesión y una responsabilidad distinta a la hora de tomarme el oficio. Era el momento de tomar la decisión de si quería dedicarme a esto, porque tanto La lengua de las mariposas como Mar adentro surgieron como algo fortuito. Así que intenté tímidamente probarme como actor.
“Aprender me equilibra mucho, me pone en un sitio como de viajero”
TL: ¿Dónde estuvo el secreto para mantener el equilibrio emocional y saber gestionar una carrera que comenzaba con un Goya?
TN: La verdad es que fue una experiencia muy loca a esa edad, pero fue importante el cómo me lo tomé. Tenía gente cerca que me acompañó bien. Luego, al margen de eso, en Mar adentro me encontré con actores de oficio, gente que tenía que ver con la familia del cine. En ese momento yo tenía la sensación de que el cine era algo muy artesanal y era lo que me gustaba.
El que me volara un poco más la cabeza tenía que ver con el reconocimiento, la fama y la exposición pública. Con esa película perdí, al ir por la calle, la intimidad que antes tenía, pero para mí era un aspecto menor. Lo que yo quería era aprender el oficio y no volverme loco por trabajar.
El equilibrio estuvo en trabajar y tomarme lo que viniera de la mejor manera, aprovechar las oportunidades y aprender. Lo de aprender es algo que a mí me equilibra mucho, porque me pone en un sitio como de viajero. Esa especie de fantasía de que estás en cada sitio un rato y que puedes no volver a estar, me da estabilidad.
“El camino del actor puede ser muy precario e inestable”
TL: En tu camino te has encontrado a José Luis Cuerda, Amenábar, Almodóvar, el Goya del que hablamos. ¿Eres consciente de que muchos, al final de su carrera, no han logrado ni la mitad?
TN: Claro que me doy cuenta y por suerte para mí, o por desgracia para este oficio, me doy cuenta de que no es muy normal. Lo he visto en compañeros que son talentosísimos y que todavía no han tenido su oportunidad. O con actores ya consagrados que dicen que esos momentos les llegaron mucho más tarde en sus carreras. Si uno quiere ser actor, soy de los que piensa que hay un camino, pero este puede ser muy precario e inestable.
TL: ¿Cuándo eres consciente de verdad que esto es lo tuyo?
TN: Nunca presté mucha atención a si yo tenía talento o no para esto. Yo sentí, a punto de cumplir los 18 años cuando recibí el Goya, que tenía un gran gusto por el oficio y con ganas de parecerme a actores que eran ya un referente. Yo me he empeñado en poner todo de mi parte para ser actor. Me gustaba el aroma que desprendía esta profesión, sin tener mi familia nada que ver con todo esto.
Pero sí es verdad que hubo un momento determinante. Fue en Moscú, en un ensayo de Yerma en el teatro. Fue tal el disfrute de lo que estaba viviendo allí, que supe que eso era lo mío. Para mí ser actor está directamente relacionado con el teatro, es la experiencia completa. Entre el público de ese día de ensayo estaba Javier Bardem, uno de mis referentes sin duda alguna. Ni le conocía, ni sabía que estaba. Me dijo que había visto mi actuación y que le había encantado. Ni te imaginas la llorera de emoción que me entró.
“Lo malo no dura siempre y es bueno hacer catarsis emocional”
TL: ¿Qué hay del Tamar Novas de Mar adentro en el de Rondallas?
TN: Curiosamente son dos personajes que, en algún sitio, se tocan. La inocencia de ambos, el mar que hay en las dos. Lo que intento conservar como actor es la curiosidad en el rodaje, la sensación de juego y confiar en el equipo, que es el que sostiene la película. Este es un oficio de equipo.
TL: ¿Cómo le explicarías a la gente que no es gallega lo que es una rondalla?
TN: La rondalla es algo que entiendes in situ. Yo lo entendí, aun siendo gallego, en los ensayos y en el rodaje. Una serie de personas, que no son músicos profesionales, que se reúnen durante meses para ensayar un número musical con coreografía e instrumentos tradicionales. La película no es un musical, ni un movimiento folk. Es la excusa para contar la historia de unas familias que han perdido a su gente querida en el mar y que están pasando un luto. La necesidad de compartir es lo que les lleva a esa rondalla, que les ayuda a superar esa herida enorme que tienen.
“La pérdida me da mucho miedo, la de las personas queridas”
TL: La película ha tenido una excelente acogida en taquilla. ¿Si quienes la han visto se aplicaran en el día a día la unión y el compañerismo que abandera una rondalla, no nos iría mucho mejor?
TN: Me encanta una frase que tenemos en gallego, Nunca choveu que non escampara (Nunca llovió que no escampara) que es algo positivo, muy de la entidad gallega, pero también del ser humano. Me gusta como filosofía, como mantra. Todo pasa, lo malo no dura siempre. Todo en la vida es un aprendizaje y es bueno hacer una catarsis emocional. La película narra una tragedia terrible, como es la muerte de siete personas, pero se puede superar, se puede salir.
TL: Xoel, tu personaje, es patoso, divertido y resulta entrañable. ¿A qué lugar has tenido que irte para meterse en su piel?
TN: Desde el primer momento me enamoré de este chico y de su inocencia. En principio no era el destinado para mí, pero me cautivó el aroma de este personaje, el viaje que hacía me parecía fabuloso. Me conmovió mucho y, además, me parecía un personaje muy cómico de hacer, incluso por su fragilidad, que suponía un desahogo para la película y, al mismo tiempo, era el reflejo de lo mucho que nos necesitamos los unos de los otros.
Es un personaje que inspira ternura, hay gente que tiene esa pasta y es una suerte tenerla cerca. La maldad no es un rasgo que habite en su definición y eso es algo que a mí me gusta mucho.
“Me gusta mucho la palabra raíz, mis raíces, mi tierra, el mar”
TL: A estas alturas de la carrera, en la que has tenido un amplio abanico de personajes y muy diferentes entre ellos la mayoría de las veces, ¿qué le pides a uno nuevo para no dejarlo escapar?
TN: Por supuesto, pido que el guion me enganche, que yo quiera ver esa historia como espectador. Y, una vez dentro de la historia y que yo comulgue con lo que cuenta, me importa mucho quién es el equipo, porque es con quien vas a compartir meses muy intensos de trabajo. Los compañeros me importan mucho.
Y, respecto al personaje en cuestión, que me dé la posibilidad de jugar. Obviamente, todo esto desde la posición de poder elegir lo que quieres hacer. Yo me siento un privilegiado en ese sentido y me dejo llevar por lo que más me late. A mí me gusta trabajar por encima de todo y siempre pienso que se puede aportar algo en la historia en la que estás.
TL: ¿Los miedos de antes son los mismos que los de ahora?
TN: La pérdida me da mucho miedo, la de personas queridas. Es un miedo que siempre he tenido, desde el mismo momento en el que, en la infancia, fui consciente de que eso puede pasar. Y el sufrimiento por supuesto, el dolor, es el mayor miedo que tengo. También la oscuridad. Es algo que vas gestionando con los años, pero según en qué situaciones, lo sigo teniendo. La terapia me ha ayudado mucho.
En el ámbito del trabajo, tengo miedo a no hacer teatro pronto. Llevo cinco años sin subirme a un escenario y, antes de salir a él, me invadía un miedo muy creativo, ese gusanillo que me hace sentirme vivo. Es verdad que, en el cine, puedes sentirlo porque hay actores que hacen posible que lo experimentes, pero el directo del teatro es otra cosa.
“No me imagino haciendo otra cosa fuera de esta profesión”
TL: ¿Qué pasaría si el teléfono no volviese a sonar o tardara en hacerlo?
TN: He tenido la suerte de no tener espacios muy largos entre trabajos y, cuando los he tenido, los he incorporado de una manera muy natural y me he centrado en formarme, aprender un idioma o disfrutar de cosas de mi vida. Eso no quita que sepas que, en este oficio, está ahí que no piensen en ti.
No me imagino haciendo otra cosa fuera de esta profesión. Me ha costado mucho sentir que puedo ser respetable como actor. Yo tengo actores a los que admiro, muy respetados, que están a años luz de mí. Percibo cierto cariño y, a veces, me sorprende sobre todo si viene de gente por la que siempre he sentido mucha admiración.
Dicho esto, hay miedo a que no suene el teléfono y un cuidado muy concreto en seguir en esto mucho tiempo, ya que lo he encontrado.
TL: Tres palabras que definan el momento que estás viviendo…
TN: A mí me gusta mucho la palabra raíz, mis raíces, mi tierra, el mar. Tengo los pies muy bien enraizados en mis orígenes. Mis tres palabras tendrían que ver con eso. Todo eso para mí es un disfrute.
