Si hubiera que elegir un fenómeno natural que anunciara que la primavera ha llegado a nuestro hemisferio, ese sería el hanami. Aunque su traducción literal es “ver flores”, con esta palabra se designa de manera general el periodo de florecimiento de los cerezos en Japón. Todo un acontecimiento en el país por ser parte inherente de su tradición y por su espectacularidad.
Los cerezos, al igual que los almendros, florecen a finales de invierno o principios de primavera cuando todavía no han salidos sus hojas, por lo que las flores tienen en sus copas un absoluto papel protagonista. Pertenecen al género Prunus que incluye varios árboles frutales como los ciruelos o los melocotoneros y varias especies de jardinería muy usadas por su valor ornamental. En la mayoría de las clasificaciones son considerados pertenecientes a la misma familia que las rosas.
Estos árboles son parte fundamental de Japón y su simbología: aparecen en sus monedas o canciones populares y están muy vinculados al budismo. Cuando llega el hanami sus habitantes acuden en multitud a contemplarlo y disfrutar del momento.
¿Y cuándo es el momento? Bien… Las diferentes especies de cerezos japoneses florecen fundamentalmente en marzo y abril aunque depende de su situación y latitud. Las primeras floraciones se dan en el sur de las islas niponas y van avanzando progresivamente hacia el norte con el calendario, llegando a retrasarse hasta mayo en las zonas más septentrionales.
Al tratarse de un fenómeno natural no existen las fórmulas exactas y según la climatología hay cambios en las fechas del hanami de un año a otro. Pero no olvidemos que es un fenómeno tremendamente popular en el país, por lo que la Agencia Meteorológica de Japón realiza predicciones exactas con el día de floración para las distintas regiones con actualizaciones periódicas.
Muchos son los turistas que se animan a visitar Japón en esta época del año y disfrutar del festival, un añadido más al atractivo del país. No se trata solo de la tradición oriental de contemplar las flores y de reflexionar, sino de juntarse a disfrutar bajo las copas de los árboles en la mejor compañía, organizando un picnic con la familia, amigos o compañeros de trabajo.
Los lugares para ver el espectáculo son innumerables, desde parques urbanos en plena ciudad a zonas perdidas en el campo. Llaman la atención bien por las extensiones de árboles que se cuentan por millares o bien por la singularidad de algunos de estos ejemplares de cerezos cuya edad también se cuenta por miles de años. Algunos de los sitios más conocidos son el monte Yoshino, el parque de Asuwayama, Hirosaki Park que reúne un paisaje espectacular y un castillo de 400 años de historia o el entorno de Chureito Pagoda famosa por sus cinco pisos y por ofrecer una imponente visión del monte Fudji.
Gran parte del encanto del hanami está en su caducidad ya que las flores sólo duran un par de semanas en el árbol. La máxima floración suele producirse una semana después de que las flores se abran y suele durar unos siete días si el clima es favorable sin lluvia ni viento. Este carácter efímero de la belleza de los cerezos es el que probablemente cautiva a los japoneses, seguramente por su similitud con nuestra misma existencia. Un acontecimiento natural que nos recuerda una vez al año la esencia de la vida y que nos anima a aprovechar al máximo el tiempo que tenemos.
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