Foto Unsplash @chermitovee
El cambio de tendencia hacia lo natural ha llegado también al mundo de la higiene bucal. Los dentífricos “clásicos” formulados con ingredientes como el flúor, la clorhexidina o el triclosán conviven hoy en día con otros más naturales y respetuosos con la boca que incluyen en sus fórmulas ozono, sal marina o probióticos orales.
Igual que sucediera cuando llegaron al mercado los cepillos de dientes de bambú, el debate está servido y las preguntas se multiplican.
¿Cuánto hay de bueno y efectivo en ellos? ¿Conviene que cambiemos los dentífricos tradicionales por estos más naturales? Para responderlas tenemos que entender un contexto clave.
La medicina en general y también la salud bucodental han evolucionado mucho en los últimos años. En ambas se ha pasado de la eliminación de las bacterias malas “a toda costa y llevándose por delante lo que hiciera falta” a considerar también la conservación y el respeto a las bacterias buenas (la llamada microbiota).
Son esas que se encuentran de manera natural en nuestra boca, refuerzan nuestras defensas y garantizan nuestra inmunidad.
Por eso, cada vez es más común que los profesionales de la salud combinen la receta de antibióticos “clásicos” con otros elementos que respetan los microorganismos que nos protegen de manera natural. Algo que podemos extrapolar al tema que nos ocupa.
Lo explica de esta manera la odontóloga Beatriz Gutiérrez Orío: “La diferencia entre los dentífricos clásicos y los nuevos está en el respeto de la microbiota oral. Los antiguos no la respetaban al 100% porque tampoco se habían estudiado a fondo los beneficios de tener una microbiota oral saludable”.
De esta forma, no es que tengamos que elegir entre tradicionales o actuales. Es que las fórmulas se están modificando para ir acordes a este enfoque más respetuoso que “se irá haciendo más fuerte en el futuro”.
“El mercado está tendiendo a eliminar alcohol, SLS y clorhexidina de fórmulas diarias. Así como a promover el uso de hidroxiapatita, enzimas, prebióticos y probióticos orales”, explica la experta.
Por eso han tomado fuerza los dentífricos con ozono con propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias y seguros para tejidos sanos. Y las formulaciones salinas o alcalinas, que mantienen el pH sin dañar la flora beneficiosa.
Es el caso de la pasta salina de Weleda, “con un sabor particular, muy marino, no apto para todos los pacientes”. O de las fórmulas ‘Gum & Enamel Repair’, sin SLS, de Oral-B.
La odontóloga explica que también Lacer tiene una amplia gama de este tipo de productos. Como las líneas Lacer Natur o Lacer Oros, con menos agentes antimicrobianos agresivos.
Y que resulta especialmente interesante la línea infantil de PHB, con productos sin alcohol y sin SLS.
En el terreno de las pastas con ozono destaca la Pasta Dental de Ozono de Ozoaqua, el Ozono D’Or Dentífrico sin Flúor Bio o el OXXY O3 Dentífrico. A ellos suma la a gama de Kin B5 y otros productos sin clorhexidina para uso prolongado.
En cualquier caso, y por encima de la elección de uno u otro dentífrico, lo primero según Gutiérrez es que “los pacientes tengan hábitos correctos de limpieza“.
La labor de los profesionales en este caso “es estar al tanto de los avances y contrastar con evidencias científicas la información que nos llega de las casas comerciales. Porque solo teniendo la certeza de que funcionan los podremos recomendar”, concluye.
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