Foto: Gtres
Valentino Clemente Ludovico Garavani es uno de los grandes genios de la moda del último siglo. Su fallecimiento deja un legado imborrable y marcado, como no podía ser de otra manera, en rojo. Y es que su color, su rojo Valentino, es una de sus señas de identidad más importantes de su trabajo. Un sinónimo de elegancia y glamour universal que, curiosamente, tiene origen en nuestro país.
En los años 50, Valentino ya llevaba un tiempo en París. Había trabajado a las órdenes de grandes de la moda de entonces como Jacques Fath, Jean Dessès, Guy Laroche o Cristóbal Balenciaga, y estaba estudiando en la prestigiosa Chambre Syndicale de la Couture Parisienn.
En esos años, el diseñador pasó unas vacaciones en Barcelona. Días libres que aprovechó para conocer la ciudad y asistir a espectáculo de ópera en el Gran Teatro Liceo que le cambiaría su visión de la moda para siempre.
“Siempre me ha encantado el rojo, desde que tengo memoria, pero lo descubrí y se apoderó de mí después de mi primer viaje a España”, contó el diseñador a la revista Vogue. “En aquella época vivía en París y tenía menos de veinte años. Una noche me invitaron al teatro y allí contemplé a una serie de mujeres españolas elegantísimas vestidas de rojo. Espléndidas y fieras, muy sensuales y elegantes”.
Ver a esas mujeres vestidas de rojo supuso toda una revelación para el diseñador, que en ese mismo instante tuvo claro que la mujer Valentino debía vestir de rojo. En concreto, de un rojo que él mismo creó y cuya composición responde a un 100% magenta, un 100% amarillo y un 10% de negro.
Ese rojo Valentino fue el gran protagonista de su primera colección de 1959, en la que presentó su famoso vestido Fiesta. Se trataba de un diseño de tul rojo sin tirantes en el que unió su identidad visual y su color. Sin embargo, no fue muy bien recibido por el público. Hasta el punto de que poco después tuvo que cerrar su taller de Roma.
No fue hasta 1962 cuando el diseñador lanzó su siguiente colección, la cual presentó con un desfile en el Plazzo Pitti de Florencia. Esta estuvo marcada por la ausencia del color rojo y la apuesta por tonos blancos y cremas que conquistaron al público internacional y grandes personajes como Jackie Kennedy, una de sus musas, y a la que vistió de novia en 1968 para su boda con Aristóteles Onassis.
Aunque en los siguientes años siguió prescindiendo del rojo Valentino, el diseñador nunca se olvidó de su color. Y en los 80, con una carrera ya consolidada, decidió recuperarlo para sus colecciones de Alta Costura. Así, empezó a conquistar al público, la revista Vogue cayó rendida al rojo Valentino, y en 1988 el diseñador ya presentaba a una mujer vestida completamente de rojo en sus publicidades.
Sin embargo, uno de los hitos que consolidaron el rojo Valentino fue la película de 1990 Pretty Woman. En una de las escenas Julia Roberts aparecía luciendo un espectacular vestido de gala con escote bardot y de un potente color rojo. Un diseño que estaba firmado por Marilyn Vance-Straker, jefa de vestuario de la película, pero que todo el mundo asoció a Valentino.
Así como la histórica portada de la muerte de Lady Di en la edición inglesa de la revista Vogue de 1997. En ella la princesa aparecía sentada en el suelo en un fondo blanco y vestida con un diseño rojo Valentino de escote halter.
De esta manera, el rojo Valentino se con convirtió en la mayor seña de identidad del diseñador y en uno de los códigos que los posteriores directores creativos siempre han respetado. Ahora, con su muerte, el diseñador nos deja este legado y convierte el rojo Valentino, si no lo era ya, en un color eterno.
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