(Foto: Blancpain)
Blancpain ha dado una nueva vuelta de tuerca a su colección Ladybird Colors, incluyendo una pieza de coleccionista llena de diamantes pero que no pierde la esencia de este reloj femenino que revolucionó la relojería femenina en los años 50.
Se trata del Ladybird Colors Diamond Bloom, una pieza, disponible en dos colores (oro blanco y oro rojo) que abre un nuevo capítulo para la casa pues fusiona la alta relojería y la alta joyería en una misma obra.
Todo el reloj se concibe como una superficie continua sobre la que la luz fluye sin interrupciones, gracias a la técnica snow-setting, considerada una de las más complejas de la alta joyería. Consiste en seleccionar cientos de diamantes de distintos tamaños y colocarlos con una aparente espontaneidad.
Sin embargo, la realidad es que cada piedra se sitúa con extrema precisión para eliminar cualquier superficie metálica visible. El resultado recuerda el reflejo del sol sobre la nieve.
Así, cada creación reúne 919 piedras preciosas (4,794 quilates en total) distribuidos entre la caja, el bisel, la esfera y la hebilla. La corona se remata con un diamante talla rosa, una talla antigua caracterizada por su base plana y su cúpula facetada.
Por su parte, en el centro del reloj, la esfera de nácar revela toda su riqueza y profundidad. Sus reflejos evolucionan con la luz, alternando matices verdes y rosados, sello distintivo de la colección Ladybird Colors.
El nácar perlado existe en cantidades extremadamente reducidas. Se extrae cuidadosamente de determinadas conchas cultivadas, de forma que cada una es capaz de producir una o, como máximo, dos esferas. Algo que pone de manifiesto la exclusividad de este modelo.
Además, en el centro de la esfera, 222 diamantes engastados siguiendo la estética aparentemente espontánea del snow-setting se integran con naturalidad en esta superficie viva. Los números romanos pintados a mano (azules en la versión de oro blanco y violetas en la de oro rojo) aportan estructura y equilibrio a la composición.
Por su parte, la complicación emblemática de Blancpain, la fase lunar, forma parte de la identidad estética de la maison desde la década de 1980. En esta interpretación, la luna muestra un delicado rostro de ojos cerrados, largas pestañas y un discreto lunar, desplazándose sobre un cielo estrellado.
Y es que las mujeres han sido parte de la casa desde hace décadas. Betty Fiechter, al frente de Blancpain entre 1933 y 1967, se convirtió en la primera mujer propietaria y directora de una firma relojera suiza. Bajo su liderazgo, Blancpain revolucionó la relojería femenina continuando el desarrollo del Rolls, considerado el primer reloj de pulsera automático para mujer.
Además, el Ladybird nació en 1956 y marcó un auténtico punto de inflexión en un momento en el que los relojes femeninos se concebían sobre todo como joyas. Sin embargo, destacó por situar la auténtica innovación relojera en el corazón del diseño femenino
Incorporaba el movimiento mecánico redondo más pequeño de su época (el calibre R-52 de 11,85 mm) dentro de una caja minimalista cuya corona se situaba discretamente en la parte posterior. La colección continuó evolucionando hasta la joya que es hoy.
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