Foto: Vega.
Madrid está viviendo una explosión social y cultural. Casi cada día se abren nuevos restaurantes y locales de ocio en los que es imposible conseguir una mesa sin reservar los días previos. Una alta demanda a la que los bolsillos más pudientes, hartos de esta saturación, están poniendo solución con los clubes privados.
Hace un par de meses abrió Club Metrópolis para convertirse en el epicentro del lujo gastronómico de Madrid. Y esta semana lo hace Vega, el club privado de Íñigo Onieva, dispuesto a competir por ese título.
En pleno barrio de Salamanca, enfrente de la tienda de Audemars Piguet y pegado a la que será la boutique Chanel más grande de Europa, se encuentra Vega.
Esta zona, rodeada de empresas y sedes de fondos de inversión, se presentó como la ideal para Íñigo Onieva y su socio, Manuel Campos, para crear su club privado de lujo al estilo de los famosos club londinenses. Un lugar privado donde “crear un espacio de confort con garantía de reserva para sus miembros”.
Desde fuera parece un restaurante más del barrio Salamanca, con sus mesas, sus sillas y su barra de bar. Sin embargo, unas enormes puertas nos informan de que no estamos viendo todo lo que es Vega.
Tras ellas se esconden tres salas en las que el color y las formas geométricas son las protagonistas. Y es que buena parte de la decoración se inspira en la obra de Victor Vasarely. Concretamente en la serie titulada Vega, como el club.
Estas tres salas, cada una protagonizada por un color, funciona como una extensión del restaurante, pero con acceso restringido. Todas cuentan con su propia barra y están completamente insonorizadas.
La parte más club la encontramos, quizás, en el piso de arriba. Este funciona como un salón con tres salas de conferencias separadas por cristaleras y destinadas a reuniones privadas, negocios y actividades culturales exclusivas de los miembros. Aunque sin dejar de lado la parte gastronómica.
Según nos contó el propio Íñigo Onieva durante un tour por las instalaciones junto a un grupo de prensa, “Vega se sustenta sobre cuatro pilares: la gastronomía, el wine club, la comunidad y la privacidad”.
Así, la cocina es la experiencia más importante del club. Se divide en tres espacios de los cuales uno está abierto a todo el público. Su chef ejecutivo es Juan Antonio Medina, que cuenta con una larga trayectoria en Zalacaín, ganó una estrella Michelin en A’ Barra y viene de trabajar con Quique Dacosta en el Ritz.
El restaurante abierto al público se llama Casa Vega y es, en palabras de Íñigo Onieva, “el Casa Salesas del barrio Salamanca“. Su carta, casual y desenfadada, al estilo de un bistró, está basada en este restaurante, pero con algún plato especial y exclusivo.
El punto gastronómico fuerte se encuentra tras las puertas que dividen Casa Vega del club privado. Ahí dentro, y ya solo disponible para los miembros, hay dos restaurantes: Vega y Totó.
El primero es una versión elevada de Casa Vega, con platos más elaborados y una firme apuesta por el producto. Mientras que Totó es una trattoria italiana inspirada en Totó Madrid, que cerró.
Junto a la comida, la bebida es otro de los pilares. Los miembros tienen acceso a una exclusiva cava de vino con más de 400 referencias traídas de todo el mundo. Incluso los miembros owner, los más exclusivos, tienen su cava privada dentro del club.
Además, cuenta con más de 350 referencias de espirituosos. Y un Spirit club con Macallan, una de las destilerías de whisky más exclusivas y lujosas del mundo.
Las cocinas y barras del club están abiertas todo el día en un horario de 9.00 a 3.00 los días de diario y hasta las 4.00 en fin de semana. Y es que la fiesta y la celebración nocturna de los socios es otro de los pilares. Dos de las tres salas cuentan con dj propio y se pueden celebrar fiestas privadas. Una experiencia nocturna premium, pero, destacan, no en formato discoteca.
Por supuesto, la privacidad de los miembros está garantizada. Tanto, que el uso del teléfono móvil está prohibido dentro del club y, obviamente, no se pueden hacer fotos. Lo que pasa dentro de Vega se queda en Vega.
Para ello, el club elige muy bien a su comunidad. La edad mínima de los miembros es de 25 años, deben llegar por una recomendación o invitación de otro socio y deben pasar una entrevista previa. En principio solo se harán 500 membresías y se apostará por la comunidad local.
A ello, por supuesto, se suma tener capacidad económica para pagar las tarifas. Hay cuatro tipos de membresía: owner, founder, member y corporate. Sus tarifas van desde los 20.000 euros que parte el founder a los 2.000 de los miembros menores de 35, más una tarifa mensual de 800 euros.
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