Puig ha iniciado 2026 con un trimestre sólido y una agenda corporativa fundamental para el devenir de la compañía. El grupo catalán elevó sus ventas un 4,7 % entre enero y marzo, hasta 1.215 millones de euros, superando de nuevo al mercado global de belleza premium. No obstante, en términos reportados, el crecimiento fue del 0,8 %, lastrado por un impacto negativo del tipo de cambio.
El avance se apoyó en las tres divisiones estratégicas, con Charlotte Tilbury y las fragancias de nicho como motores destacados. En concreto, Fragancias y Moda, el mayor segmento del grupo, que representa el 74 % del negocio, registró 897,2 millones de euros en ventas.
El crecimiento del 3,9 % se apoyó en Carolina Herrera, impulsada por el lanzamiento de La Bomba en Estados Unidos, y en el crecimiento de doble dígito de las fragancias nicho.
Por su parte, el maquillaje generó 170,8 millones de euros. Lo hizo con un crecimiento del 9,2 %, impulsado por el rendimiento de Charlotte Tilbury, especialmente en Asia‑Pacífico y EMEA. El segmento del cuidado de la piel alcanzó 147,3 millones de euros, creciendo un 4,7 %.
Además, Asia-Pacífico fue la región más dinámica, con un crecimiento del 26 %. Es una zona que representa “más de un tercio del mercado global de belleza, aunque actualmente supone solo el 11% de las ventas de Puig”. La compañía ya ha adelantado que acelerará su inversión en la región.
En este escenario, Puig confirma sus previsiones para el ejercicio que pasan por seguir creciendo por encima del mercado global de belleza premium. También mantienen márgenes estables y aceleran la innovación en marcas clave como Rabanne, Jean Paul Gaultier, Carolina Herrera y Charlotte Tilbury.
Además, reiteran que mantienen conversaciones preliminares con The Estée Lauder Companies, pero que “no se ha tomado ninguna decisión definitiva”. Por eso “mientras no exista un acuerdo, no puede garantizarse que pueda haber una operación ni sus términos”.
Por otra parte, Puig Brands celebrará su junta general ordinaria el 29 de mayo. En ella se votará la reelección de Marc Puig como consejero ejecutivo y la incorporación del CEO, José Manuel Albesa, también como consejero ejecutivo.
Además, uno de los puntos más llamativos del orden del día es la solicitud de autorización para vender la marca Aromas de Castilla, registrada por Puig en 1971. Hoy es completamente residual en el conglomerado. De hecho, el precio previsto para la operación es de hasta 20.000 euros, superior a su valor contable, y la compañía ya contaría con un comprador.
“La marca no constituye un activo esencial por razón de su valor económico. Tampoco resulta materialmente relevante en términos de volumen de activos, cifra de negocios o contribución al negocio de Puig”, señala la compañía, que ha aumentado su rentabilidad gracias a los productos de alta gama en lugar de enseñas más asequibles como esta.
Sin embargo, la venta debe ser sometida a votación de los accionistas por superar los 10 años bajo el paraguas de Puig, tal y como indican sus estatutos.
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