El camino al éxito lo comenzó ‘La favorita’ en el pasado festival de Venecia. La película inauguró el certamen italiano con los mejores augurios. Las predicciones no fallaron y Olivia Colman, protagonista junto a Rachel Weisz y Emma Stone, se llevó el premio a la mejor interpretación femenina. Luego vinieron otros reconocimientos como el último el reciente Globo de Oro.
Principios del siglo XVIII. Inglaterra está en guerra con Francia. Aun así, las carreras de patos y el gusto por la piña florecen. La frágil reina Ana (Olivia Colman) ocupa el trono y su amiga íntima, Lady Sarah Churchill (Rachel Weisz), gobierna el país en su lugar mientras se ocupa de la mala salud de Ana y su volátil temperamento. A la llegada de una nueva criada, Abigail Masham (Emma Stone), el carisma de ésta se gana la simpatía de Sarah, que se convierte en su protectora.
Por su parte, Abigail ve en ello la posibilidad de regresar a sus raíces aristocráticas. A medida que la política de la guerra consume gran parte del tiempo de Sarah, Abigail llena el vacío que ésta deja como compañera de la reina. Su creciente amistad le brinda la oportunidad de cumplir sus ambiciones y no permitirá que ninguna mujer, hombre, política o conejo se interponga en su camino.
El escenario de ‘La favorita’ ha sido extraído de la historia real, del mundo oculto de la reina Ana de Inglaterra, la última (e históricamente más ignorada) soberana de la casa de los Estuardo. La misma que, a pesar de ser tímida, ignorada y tristemente conocida por padecer de gota, reinó cuando Gran Bretaña se convirtió en una potencia mundial.
Es a través de las intrincadas relaciones de Ana con otras dos mujeres de gran astucia y ambición –su amiga íntima de la infancia y asesora política, Lady Sarah, y Abigail, su prima pobretona convertida en criada en busca de ascenso social– que la película se sumerge en un torbellino de manipulaciones y emociones que definen la expresión “intriga palaciega”.
Para un relato de tal magnitud histórica, ‘La favorita’ se desarrolla en un mundo muy aislado: en gran medida dentro de los confines del Palacio Real, donde discurren juegos de poder, seducciones, lanzamientos de naranja roja y las ocasionales carreras de patos o de langostas, lejos de la realidad del mundo exterior.
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