Foto: TL
Madrid es una ciudad polifacética, vibrante, que conquista y atrae a autóctonos y visitantes por una mezcla única de historia y modernidad. Si hablamos de cultura, algunos de los museos más prestigiosos del mundo conviven en ella con otros lugares más modestos (pero no ajenos a los ojos curiosos), que también esconden joyas históricas y artísticas de incalculable valor.
Uno de ellos es el Gabinete de genialidades de Goya, un archivo de grabados único ubicado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y hoy entramos en la casa-estudio del retratista español Manuel Benedito, discípulo de Sorolla, con motivo de la presentación del catálogo razonado de su obra.
Hablamos de un trabajo llevado a cabo por Pascual Masiá, vicepresidente del patronato de la Fundación Manuel Benedito y especialista en su figura. Durante años, algunos acompañado de la sobrina del artista, buceó en archivos, exposiciones y museos para datar y contextualizar cada lienzo, acuarela o dibujo de un pintor clave del siglo XX español.
El resultado de ese exhaustivo trabajo son dos volúmenes de consulta con más de 2.000 referencias. Cuadros que se pueden ver en museos de todo el mundo, forman parte de la colección familiar de Benedito o están en manos de particulares.
Estos últimos, más difíciles de rastrear, siguen apareciendo tras el cierre del catálogo ampliando la prolífica obra del pintor. Lo que posiblemente dé lugar a una ampliación del mismo dentro de un tiempo, según Masiá.
Retratos, bodegones, acuarelas, óleos o dibujos… las obras de Manuel Benedito son especialmente variadas porque él defendió que los pintores debían dominar todos los procedimientos. Dice el autor de su catálogo, Pascual Masiá, que esa fue la clave de una carrera especialmente sólida que le llevó de ser el gran discípulo de Sorolla a buscar su propio camino artístico.
Manuel Benedito nació en Valencia en 1875. Pronto sintió debilidad por las artes, a las que se dedicó desde pequeño gracias a la determinación y la sensibilidad de su padre, taxidermista para la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia. Él consiguió que Sorolla le acogiera como alumno, se lo llevara a Madrid y se librara de ir a la Guerra de Cuba (1895-1898).
Luego viajaría a Italia, Bélgica… y a principios del siglo XX su estilo comenzaría a definirse, alejándose del que le identificaba hasta entonces con su maestro. En lo personal, según Masiá, “Benedito no fue vanguardista ni militante. Tuvo buenos clientes y amigos como Anglada, a quien siempre consideró un gran pintor”.
En cuanto a sus clientas, estableció relaciones estrechas con varias de ellas, que pasaron de clientas a modelos. Es el caso de Isabel de Moncada o la mismísima Concha Piquer, a quien llegó a hacer retratos y desnudos para su colección personal.
El valor de sus obras en vida alcanzó cotizaciones equivalentes a los 300.000 euros actuales. Muchas descansan en las paredes de grandes museos, otras en los hogares de los descendientes de quienes las compararon, unas pocas han salido a subasta y muchas de ellas jamás las vendió.
150 de ellas son las que forman parte de su colección particular. Todas se pueden admirar en Juan Bravo 4, la que fuera su casa-taller, convertida hoy en sala de exposición. Sin duda un paseo único por la historia de la pintura española y la vida de un creador indispensable.
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