Lisette Oropesa. Foto: lisetteoropesa.com
I masnadieri es la undécima composición del genero operístico de Giuseppe Verdi. Y su versión de concierto es una de esas partituras tempranas que concentran toda la energía, el ímpetu dramático y la intuición teatral que convertirían al compositor de Busseto en un mito de la ópera. La cita llega al Teatro Real con un aliciente de primer orden: la presencia estelar de la soprano cubano‑estadounidense Lisette Oropesa. Una de las voces más aclamadas hoy en los grandes escenarios internacionales.
Estrenada en Londres en 1847 y basada en el drama Die Räuber (Los bandidos) de Friedrich Schiller, I masnadieri es una ópera que vibra entre el romanticismo más apasionado y la desesperación más sombría. Familias desgarradas, luchas de poder, culpa, amor imposible, redención tardía… Todos los ingredientes del primer Verdi se dan cita en una partitura que alterna la furia de los concertantes con momentos de lirismo suspendido y arias de un virtuosismo deslumbrante.
En el centro de este torbellino emocional se encuentra Amalia. Uno de los grandes papeles de soprano de la etapa joven de Verdi, escrito a medida para la soprano coloratura más reconocida en su era, la sueca Jenny Lind.
Es un personaje que exige línea de canto impecable, agilidad, valentía en el agudo y, al mismo tiempo, la capacidad de llenar cada frase de matices, fragilidad y determinación. Pocas artistas encarnan hoy ese equilibrio con tanta naturalidad como Lisette Oropesa. Ella debutó en el papel de Amalia en 2013, con Washington Concertino Opera. Posteriormente lo interpretó en La Scala de Milan y en la Opera de Munich.
Es, seguramente, una oportunidad de escuchar una voz en plenitud enfrentarse a una partitura que pide tanto fuego dramático como belleza de línea.
I masnadieri forma parte de ese ciclo de óperas en las que Verdi se nutre del teatro de Schiller, junto a títulos como Luisa Miller o Don Carlo, y refuerza su vocación de dramaturgo musical.
La ópera es un estudio implacable sobre la violencia del poder, el fanatismo, el peso de la culpa y la imposibilidad de regresar a la inocencia perdida. El conflicto entre los hermanos Carlo y Francesco, los remordimientos del padre anciano y la figura luminosa y trágica de Amalia se entrelazan sobre una música que nunca pierde el pulso teatral.
En versión de concierto, toda esa carga dramática se concentra aún más en la música y en las voces. Sin escenografía ni artificios, el oyente se sitúa frente al Verdi más directo. La orquesta y el coro del Teatro Real desplegando el color y la tensión de la partitura. Y un reparto de solistas llamado a sostener la arquitectura emocional de la obra con la sola fuerza del canto.
El protagonismo de Lisette Oropesa en esta cita supone también un gesto significativo del Teatro Real hacia una artista muy querida por el público español que ha ido consolidando una relación especial con el coliseo madrileño. Su Amalia debe ser concebida desde la elegancia estilística pero sin renunciar a la intensidad dramática. Con todo, se perfila como uno de los grandes retratos vocales de la temporada.
A su lado, un elenco que promete una experiencia inolvidable a los melómanos de plantón. Entre ellos Piero Petti dará vida al atormentado Carlo y Nicola Alaimo al oscuro Francesco. La dirección musical al frente de la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real queda a cargo de Francesco Lanzillotta.
Él tendrá la misión de subrayar tanto el ímpetu casi salvaje de los pasajes corales como la intimidad de las escenas más introspectivas. Además de incorporar los distintos efectos músico-teatrales tan idiomáticos de este compositor, sin perder nunca la tensión que recorre la obra de principio a fin.
Para el público madrileño, esta versión concierto es también una ocasión inmejorable para reencontrarse con un Verdi menos transitado, lejos de los títulos más habituales, y descubrir la fuerza de un compositor que, incluso en sus años de formación, escribe ya con la determinación de quien ha encontrado una voz propia.
Quienes se acerquen al Real se encontrarán con una partitura intensa, llena de contrastes. Una que habla tanto del romanticismo decimonónico como de las grandes preguntas morales que aún nos interpelan hoy.
En un momento en que los teatros de ópera redescubren el repertorio temprano de Verdi, la apuesta del Teatro Real por I masnadieri – y por una intérprete de la talla de Lisette Oropesa para encarnar a Amalia- convierte este estreno en una cita ineludible para los aficionados. Toda una puerta de entrada privilegiada para quienes quieran acercarse, quizá por primera vez, al universo verdiano.
Centra la escucha en la expresión musical y en la capacidad que tiene Verdi de dibujar en la musica los retratos de los personajes, especialmente en Carlo, Amalia, Francesco y su padre Maximilian. Pon foco también en cómo Verdi despliega la intensidad dramática y la amplitud emocional de la obra. Observa cómo la obertura, el preludio, traza un arco emocional con el solo de violonchelo. Comienza de manera vehemente, intensa, casi violenta, y en pocos compases se derrite en una gran tristeza con el canto de las cuerdas del chelo. Como si expresara el carácter doloroso de Carlo.
Verdi escribió la música de Amalia para una célebre diva de la época, una soprano sueca llamada Lind, subrayando una escritura vocal de gran virtuosismo. Fíjate en la brillante interpretación de Oropesa en el aria “Tu del mio Carlo al seno” y en la cabaletta “Carlo vive?”.
Escucha cómo Verdi se expresa tan bien en su música al caracterizar la densidad y las diferentes facetas de un personaje casi “hitchcockiano”.
Las dos figuras centrales, Carlo y Francesco, están vinculadas a un padre, Maximilian, ya anciano. Atiende a la atmósfera musical que le rodea, donde siempre parece reinar el misterio y el remordimiento.
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