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Que un museo o una gran galería de arte funcione con el mismo sistema que una biblioteca, ya es una realidad en nuestro país. En Bizkaia ha nacido la primera plataforma de préstamo o alquiler de obras de arte en España por la que seleccionas el cuadro (u obra) que te gusta y te lo llevas a casa por un tiempo. Un modo de exponer el arte, de prestarlo y de jugar con la decoración de casa o empresas.
Diez artistas y treinta obras (tres obras de cada uno) se han unido al proyecto pionero llamado Artoteka que busca acercar el arte contemporáneo al público para que pueda disfrutar de las obras de cerca y de la diversidad de elegir cada cierto tiempo con qué vestir sus paredes.
Francia goza de esta modalidad de fluctuación de arte, pero con el arte público que pertenece al Gobierno y no está expuesto en ningún museo. Todas aquellas pinturas que se almacenan en lugares invisibles para el público, pueden estar al alcance de los ciudadanos y de las empresas para devolverlas a la vida, a la luz. En definitiva, a la vista del público.
El sistema funciona igual que como cualquier plataforma de pago. Se haría a través de un contrato firmado comprometiéndose a ciertas garantías de mantenimiento y con una cuota mensual que en el caso de Arkoteca son cincuenta euros para particulares y 150 para empresas. De todo el catálogo se selecciona una obra y te la llevas a casa por tres meses. Pasado ese tiempo, se devuelve y se solicita en préstamo la siguiente y, así sucesivamente. “Puedes gozar de tener obras de arte valoradas en seis mil euros que quizás nunca podrías adquirir o ni te lo plantearías”, explica Laura Diez, coordinadora de Arkoteca.
Esta plataforma que nació a finales de enero pretende desacralizar el arte mediante el préstamo; combinando el poder de conocer de cerca más a los artistas y sus obras y la posibilidad de ofrecer una salida a aquellas obras que permanecen colgadas solamente en las salas de exposiciones, los museos o las casas de los propietarios.
Francia no es el único país que cuenta con ‘Bibliotecas de arte público’. Países como Finlandia, Mexico o Alemania hace años que trabajan en proyectos de préstamo de arte. De este modo, el préstamo deja de ser exclusivo entre museos y pasa a extenderse entre particulares o empresas. Así se logra extender uno de los pilares básicos en los que se sustenta el arte: ser un motor de transformación social.
Democratizar el acceso al arte es lo que pretende el proyecto europeo Reshape, un experimento de arte colaborativo. La extensión al acceso del arte, no sólo logra restaurar el valor sobre ella, denostado en nuestro país como todo lo que lleve la etiqueta de cultura; sino que ofrece otra salida al sector, sobre todo en tiempos de pandemia. Por el momento sólo existe en Bizkaia; habrá que esperar si ciudades como Barcelona o Madrid se deciden por explorar en el camino del préstamos del arte.
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