Foto: Ruge
Después del éxito del año pasado, el chef Rubén Iborra ha vuelto a los fogones de Ruge, el mountain club más ambicioso de la sierra de Madrid y su proyecto más personal. Ubicado junto al embalse de La Jarosa, en pleno Parque Nacional de Guadarrama, el restaurante inicia su segunda temporada huyendo de postureos. Lo suyo es poner en valor la naturaleza de su entorno, la cocina de producto y un concepto de bienestar gastro con un punto disfrutón.
El lugar está especializado en arroces, esencia y casi obsesión del chef, de origen murciano. Los ofrece al estilo alicantino, balear, valenciano o murciano en once recetas, con hasta cinco fondos (costilla, chuletón, cabeza de gambas…) y mayoritariamente del tipo albufera.
Porque su grano, según explica, “es el que queda más parecido a los arroces que se hacen en el Mediterráneo. Sobre todo considerando la dificultad de que el agua y las condiciones de Madrid no son las mismas que en la costa”.
Pero en la carta también hay carnes premium, Discarlux, de vaca madurada tanto gallega como de la sierra de Madrid, pescados de lonja e ingredientes ricos, con adn marcado y señas de identidad. Como las gambas, que solo son de Denia, Garrucha o Santa Pola; los berberechos, que vienen de la ría gallega; las ostras Guillardeu o el jamón, Joselito.
Además de los bocados sencillos pero resultones de su tierra, como ‘el platico’ con almendras, mojama de atún o huevas de mújol; o las típicas marineras.
Y en el terreno bebible, el restaurante cuenta con una nutrida bodega y 5 referencias propias elaboradas ad hoc por Viñas Familia Gil. Como el Ruge Blanco, un Rueda proveniente de una finca de donde solo salen 8.000 botellas; o el espumoso Alain by Ruge.
Los tintos son un Rioja elaborado con uva 100% tempranillo en La Rioja Alavesa; otro biparcelario de los campos de Borja con una producción limitada a 20.000 botellas; y un Jumilla, por supuesto, proveniente del paraje de El Alto y elaborado con uvas monastrell y siraj.
Así, en Ruge no hay flecos sueltos. Los productos que entran en su cocina son de calidad y están pensados para dar lugar a platos reconocibles y sabrosos con los que Iborra deja atrás su pasado en las cocinas de alto rendimiento. “No trato de volver a la alta cocina, sino de hacer una transición familiar. Quiero las recetas de mi abuela, que me enseñó a cocinar, los sabores de siempre y las sobremesas“, dice Iborra.
Y para facilitarlas, el restaurante está en proceso de conseguir los permisos necesarios para que los comensales que quieran dormir por la zona después de disfrutar de su gastronomía, puedan hacerlo.
Y también tiene en marcha un nuevo local, Ruge La Barra. Verá la luz próximamente en Madrid en otra ubicación opuesta a la de Ruge, pero también privilegiada. En este caso “muy cerca del Mandarin Oriental Ritz, Madrid. Tendrá espacio para 20 personas sentadas en barra y contrabarra y una terraza enorme”, según palabras del chef.
Con todo, Ruge ya cuenta con menciones de la Guía Michelin 2025 y 2026. Ahora su equipo, liderado por Rubén Iborra y su mujer, Jennifer Ini, vuelve con ganas de rugir con fuerza y dispuesto a ofrecer su mejor versión. Lo hará a partir de ahora y hasta después del verano con menús degustación de temporada, 6 u 8 pases; o a la carta.
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