Foto: Inverroche
Hay ginebras que saben a ginebra. Y hay ginebras que saben a lugar. La Inverroche Verdant, desde el primer sorbo, te transporta a las laderas montañosas del Cabo de Buena Esperanza. Allí donde crece una de las floras más biodiversas y amenazadas del planeta. No es marketing. Es botánica.
La historia comienza en Stilbaai, un pequeño pueblo costero de la provincia del Cabo Occidental. Allí Lorna Scott y su familia fundaron la destilería en 2011 con una premisa sencilla: hacer una ginebra que solo pudiera existir en ese rincón del mundo. Lo que empezó como un proyecto “doméstico” se convirtió en pocos años en la destilería artesanal de referencia de Sudáfrica. Ahora exporta a mercados de todo el mundo sin renunciar ni un ápice a su carácter local.
El nombre, que lo dice todo, viene del gaélico. Inver significa “confluencia de aguas” y roche quiere decir “roca” en francés. Agua y roca. Es puro paisaje convertido en destilado.
El secreto de la Inverroche Verdant es el fynbos, un ecosistema vegetal único del Reino Floral del Cabo, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad. Existen más de 9.000 especies de este tipo de arbusto en el mundo pero Inverroche trabaja solo con una selección de las más aromáticas.
Se recolectan a mano en terrenos de montaña, en un proceso que exige tanto conocimiento botánico como paciencia. No todos los años la cosecha es igual. No todas las flores llegan al mismo tiempo. Y eso, lejos de ser un problema, es precisamente lo que hace cada lote irrepetible.
La ginebra se destila dos veces en pequeños lotes de 250 botellas en alambique de cobre, donde los vapores del alcohol se infusionan con los botánicos frescos y secos. Pero ahí no acaba el proceso. Tras la destilación, la Inverroche Verdant recibe una infusión adicional con flores del final del verano austral.
Eso es lo que le otorga ese característico tono verde dorado traslúcido y una capa aromática que ninguna maceración convencional podría conseguir. A los botánicos africanos se suman especias y bayas de India y Europa, creando un diálogo entre continentes que es, en sí mismo, parte del carácter de esta ginebra.
En The Luxonomist, os hemos escrito muchas veces sobre ginebras. Pero muy pocas son tan singularmente complejas como esta.
A la vista, ese color verde dorado ya anticipa lo que viene, pues el color es algo fuera de lo habitual. En nariz, la Verdant es delicada y compleja al mismo tiempo. En ella encontramos flores de saúco, manzanilla, verbena y un fondo herbal que recuerda a un paseo por la montaña. Hay una frescura vegetal que no resulta invasiva como ocurre en muchas ginebras, sino que es envolvente y sutil.
En boca aparece el enebro, la piel de limón, con un toque de especias y un regusto a regaliz que se prolonga sin estridencias. Es fresca y elegante. Sorprendentemente redonda para una ginebra con tanto carácter botánico. El final es largo y aromático. Nunca he estado en el Cabo, pero seguro que huele así.
Para tomarla hay dos opciones que son un acierto. Con una tónica de calidad y una rodaja de pepino o sola, con hielo y nada más. Las dos opciones son un acierto. Las reglas, en este caso, las pone el fynbos.
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