Foto: El Capricho
Jiménez de Jamuz, ese rincón leonés donde parece que el tiempo se ha detenido, no es solo un lugar. Es el epicentro de una revolución sensorial que desafía los códigos del lujo convencional. Allí, en plena campiña leonesa, se encuentra ‘El Capricho’, el asador de José Gordón que ya ostenta el título de Mejor Asador del Mundo. Un reconocimiento forjado a fuego lento entre brasas y con una legión de críticos rendidos a su maestría.
Sin embargo, el establecimiento no se ha quedado ahí. Esta semana ha vuelto a cambiar el guion con una nueva propuesta que eleva aún más el listón. Se trata de ‘La Cúpula’, una experiencia premium que redefine la exclusividad y convierte la visita a El Capricho en mucho más que una comida.
Si el restaurante original de El Capricho es una parada obligatoria para cualquier carnívoro del planeta, ‘La Cúpula’ nace como una experiencia más íntima y sofisticada. Es la propuesta para quienes buscan algo más que comer bien. Es una inmersión de cinco horas en el universo de Gordón.
La experiencia comienza con un recorrido por los campos para conocer de cerca a los bueyes y comprender todo el proceso. Y culmina con la degustación de sus platos en espacios que no dejan indiferente y cuya historia es fundamental.
“Para entender el presente hay que mirar al pasado”, nos cuenta José Gordón. “El origen de este ecosistema gastronómico se remonta a mi abuelo, un visionario de las bodegas de vino cuyo legado lo continuó mi padre“. Sin embargo, el destino del asador ‘El Capricho’ cambió cuando hace aproximadamente 30 años José viajó a Galicia y quedó obsesionado por la nobleza del buey.
De esa fijación nació el restaurante y un hotel que ahora quieren ampliar en un entorno que aporta mucho. Se trata del valle de Jamuzdonde, con la montaña sagrada El Teleno que adoraban los romanos y un paisaje con 240 cuevas que se perforaron en las laderas hace más de 100 años.
“La Cúpula no viene a sustituir a la cueva, viene a completarla”, explica su alma máter. Así, mientras el restaurante tradicional mantiene su esencia histórica, este nuevo hito arquitectónico ofrece un refugio de luz y diseño donde 28 comensales pueden participar en el ritual.
A diferencia del restaurante de siempre, en ‘La Cúpula’ no hay carta. El comensal se entrega a una secuencia de hasta 18 pases que cambian con el ciclo lunar y las estaciones. Es una propuesta de alta cocina donde el buey se disecciona con una precisión casi quirúrgica.
Desde la crepe rellena con el morro y la pata del buey con langostino; al chuletón de buey o el steak tartar en sus tres versiones, no se trata solo de comer carne, es entender la vida del animal a través de su maduración.
En La Cúpula, Gordón juega con las temperaturas y las texturas ofreciendo cortes que van de una suavidad extrema hasta piezas donde el carácter del buey de trabajo se manifiesta en toda su máxima expresión.
Es una propuesta radical que exige pausa, y que acompañada por los vinos de su bodega ‘Búnker’, con más de 3.000 referencias, convierte el almuerzo en una ceremonia de cinco horas difícil de procesar solo con el paladar.
Con todo, La Cúpula viene a completar a El Capricho. Un referente mundial cuyo éxito no ha sido una meta, sino el resultado de décadas de respeto por el buey. Con esta nueva apertura, ese respeto se traslada a un entorno de lujo silencioso, donde cada detalle, desde la arquitectura hasta el último bocado, está diseñado para sorprender al viajero más exigente.
“Hemos contribuido a poner a León en el mapa y a convertirlo en un destino gastronómico, ayudando a darle fama a la carne de nuestro país. También hemos puesto en valor las zonas rurales y generado microeconomías. A nuestro alrededor han surgido negocios como hoteles y transportes, con iniciativas como trenes desde Madrid, además de conexiones aéreas, entre otras”, dice Gordón.
Además, es un lugar que atrae a personalidades de todo el planeta, desde futbolistas de élite hasta algunas de las fortunas más importantes del mundo. Aunque por proximidad Francia y Portugal lideran las visitas europeas, el magnetismo de los bueyes ha cruzado océanos. A día de hoy el comedor es un mosaico de nacionalidades donde conviven viajeros llegados desde el Reino Unido y Estados Unidos hasta visitantes procedentes de diversos puntos de Asia, consolidando al restaurante como un destino de peregrinación internacional.
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