Bautizo del Príncipe de Gales (futuro Rey Carlos III) en 1948. Foto: © Baron/Photo Centre Ltd
El Palacio de Buckingham inauguró hace unos días la exposición de moda más esperada de los últimos tiempos. Se trata de Queen Elizabeth II: Her Life in Style, una muestra que recoge casi 200 prendas que la reina lució a lo largo de su vida y entre las que hay una realmente especial. Se trata del traje de su propio bautizo, que además de ella misma, han utilizado desde 1841 hasta 62 bebés de la realeza.
El traje en cuestión -formado por tres piezas- fue encargado por la reina Victoria (bisabuela de Isabel II) en dicho año para su hija mayor, la princesa Victoria. Desde entonces, tal y como explican desde la Royal Collection Trust, se transmitió de generación en generación durante décadas.
La reina Isabel II lució el traje original en su bautizo, en 1926, cuando apenas contaba un mes de edad. Antes que ella lo utilizaron sus tíos, primos, etc. Y después una larga lista de miembros de la realeza, incluidos sus hijos, nietos y biznietos. Entre ellos los tres hijos del príncipe William y Kate Middleton; y Archie, el hijo mayor del príncipe Harry.
Las tres prendas del conjunto se hicieron a mano con una combinación de sedas y encajes de color crema. Estos fueron elegidos por la reina Victoria replicando los materiales que se usaron para confeccionar el vestido con el que se casó en 1940. Y en ellos no faltan lazos, borlas y detalles bordados como las flores típicas símbolo del Reino Unido.
Sin embargo, con el paso del tiempo y los usos, el traje fue deteriorándose. Los bordados presentaban grandes agujeros, las telas se oscurecieron en un proceso “natural” de envejecimiento y las sedas mostraban rasguños importantes. Por ello, el palacio de Buckingham decidió restaurarlas y dejar de usarlas, mandando confeccionar una réplica exacta de ellas en 2004. El objetivo era que los siguientes bebés reales pudieran ponérselas.
El proceso de rehabilitación y conservación del traje del bautizo, en palabras de su conservadora, Cecilia Oliver, ha sido especialmente delicado y largo. Mientras este tipo de trabajos lleva un proceso de unas 30 horas de trabajo, en las tres prendas se han invertido más de cien.
Sin duda este es uno de los textiles más importantes de la exposición Queen Elizabeth II: Her Life in Style y una muestra histórica de la Colección Real. Y lo más interesantes es que, seguramente, seguirá vistiendo a los nuevos niños de la Familia Real en los años venideros.
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