Foto: Gtres.
La difunta reina Isabel II era un mujer sin pelos en la lengua. Si algo no le gustaba, lo decía o lo hacía notar. Así lo pudimos ver claramente en la boda de Meghan Markle y el príncipe Harry. Y es que a pesar de que delante de la prensa puso su mejor sonrisa, durante la ceremonia su rostro serio fue más que evidente. Una seriedad a la que hoy damos explicación, pues según la famosa escritora Ingrid Seward, hubo varias cosas que a Isabel II no le gustaron nada la boda del príncipe Harry y Meghan Markle.
En el libro titulado My mother and I, la escritora experta en realeza Ingrid Seward revela algunos de los pensamientos ocultos de la reina Isabel II. Uno de los capítulos se dedica a la boda del príncipe Harry y Meghan Markle, la cual autorizó la reina, pero de la que no le gustaron muchos detalles.
Según la autora, uno de ellos fue el vestido de la novia. El diseño de Givenchy, con manga francesa y escote barco que escogió Meghan Markle era en opinión de la reina “demasiado blanco”.
Y es que, fiel a sus convicciones religiosas, Isabel II consideraba que este diseño tan virginal no era apropiado para una mujer divorciada, algo que hizo saber a varias personas de su círculo más cercano.
Sin embargo, esta no fue la única queja que, según Ingrid Seward, Isabel II tuvo de la boda. Al parecer tampoco le gustó la idea de que su hijo Carlos acompañara a Meghan hasta el altar ante la ausencia de su propio padre.
A esto se suma la fecha de la boda, que Isabel II quiso retrasar para evitar que el duque de Edimburgo acudiera cojeando al enlace. Y es que tan solo un mes antes se había sometido a una operación de cadera.
No obstante, según revela la autora, el momento que más molestó a Isabel II de la boda fue el sermón del arzobispo estadounidense, Michael Curry. Es de sobra conocido que tanto la reina como su marido odiaban los discursos largos, y el que dio el arzobispo en la boda duró más de 14 minutos.
Esta situación molestó mucho a la monarca y así lo hizo ver con sus gestos durante el sermón y sus miradas cómplices de su marido. Algo que, incluso, despertó las risas de las personas de su alrededor que conocían esta manía.
A pesar de ello, Ingrid Seward asegura que la relación de Isabel II con Meghan Markle no era mala y que incluso veía a la actriz como una forma de rejuvenecer la monarquía. Una idea que no compartía el duque de Edimburgo quien, señala la escritora, la comparaba con Wallis Simpson, la mujer por la que Eduardo VIII renunció al trono en 1936.
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