(Foto: Gtres)
Los responsables de la economía francesa se enfrentan desde hace semanas a una preocupante situación financiera. Francia tiene una deuda que ya supera la horquilla del 110‐115 % del PIB, lo que la convierte en una de las más endeudadas de la eurozona. Además, el déficit público del país no ha logrado reducirse de forma sostenible. Se sitúa en niveles cercanos al 5-6 % del PIB, lo que obliga al país a financiarse de forma externa continuamente.
Además, Francia tiene uno de los mayores niveles de gasto público entre los países desarrollados. Con un porcentaje del PIB cercano al 55-60 %, más de la mitad de lo que genera la economía se destina a las funciones del Estado. Además, las previsiones no son tampoco muy optimistas. El Banco de Francia estima para 2026 y 2027 crecimientos modestos para la economía nacional, que rondaría el 1 % en los casos más optimistas.
Una situación que ha provocado una importante crisis de Gobierno y que ha alentado las protestas sociales. No ven con buenos ojos los recortes de gastos sociales propuestos desde la presidencia, que se estiman en unos 44.000 millones de euros.
Frente a ello se han levantado opciones como el llamado “impuesto Zucman” o “tasa Zucman”. Una propuesta tributaria diseñada por el economista Gabriel Zucman para gravar la riqueza de las grandes fortunas.
Con ello se pretende reducir la desigualdad fiscal, evitar la evasión y aumentar la progresividad del sistema impositivo. La propuesta plantea aplicar un impuesto mínimo anual del 2 % sobre los patrimonios que superen los 100 millones de euros.
Una ocurrencia a la que ya ha respondido la mayor fortuna de Francia y uno de los hombres más ricos del planeta. En declaraciones a The Sunday Times, Bernard Arnault califica la tasa Zucman como “una ofensa mortal para nuestra economía”. Estima que detrás de ella hay una “voluntad claramente declarada de destruir la economía francesa”.
El presidente de LVMH ataca abiertamente a Gabriel Zucman, al que califica como “un activista de extrema izquierda… que pone al servicio de su ideología (que pretende destruir la economía liberal, la única que funciona para el bien de todos) una competencia pseudoacadémica que es en sí misma ampliamente debatida”.
No es la primera vez en los últimos meses que Bernard Arnault se pronuncia sobre la delicada situación financiera que vive Francia. El pasado enero, durante la presentación de resultados de LVMH, Arnault lamentó que “en Francia tenemos una tendencia a gravar a las empresas que son buenos ciudadanos”. Advirtió entonces ya que esto obligaría a las empresas a trasladar sus fábricas al extranjero y penalizaría a los trabajadores franceses.
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