Informados pero… ¿saturados y ansiosos?

La paradoja de la sobrecarga mediática y su impacto en nuestra salud mental.

Patricia Peyró. 05/05/2026
Foto: Freepik.

El pasado 3 de mayo se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una efeméride proclamada por las Naciones Unidas en 1993 para recordar la importancia de una prensa libre, independiente y plural. Y no es una fecha cualquiera.

Sin información fiable, la sociedad pierde capacidad para pensar, decidir, exigir responsabilidades y proteger sus derechos. Aunque esta defensa de la información convive con una paradoja que afecta directamente a nuestra salud mental. Estar permanentemente conectados con la actualidad puede aumentar nuestra ansiedad, generándonos sensación de amenaza y cansancio mental.

¿Es posible llegar a un término medio en el que uno se encuentre informado sin estos efectos colaterales? La clave está en mantenerse al día, pero sin quedar atrapado en una continua exposición a lo que nunca parecen ser buenas noticias.

La necesidad psicológica de mantenerse informado

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Estar informado nos ayuda a orientarnos, pero vivir expuesto a noticias, alertas y redes sociales de forma constante puede aumentar nuestra ansiedad y crear cansancio mental. (Foto: Amanna Avena Unsplash)

Buscar información es una reacción muy humana. Cuando algo nos preocupa, queremos saber más, y hay una razón puramente biológica: nuestra mente busca reducir la incertidumbre. En la medida en que lo consiga, tendremos más posibilidades de enfrentarnos con éxito a esa amenaza en forma de guerra, pandemia o catástrofe natural.

Aunque no hay por qué llegar tan lejos. En realidad, nos vale cualquier noticia cercana, en nuestro barrio o ciudad. Por anecdótica que sea, nos va a despertar la curiosidad o incluso la necesidad de entender lo que está sucediendo, si nos puede llegar a afectar, y qué podemos hacer al respecto.

Informarse ofrece una sensación de control que en principio tiene sentido y resulta reparadora para la ansiedad. El problema surge cuando la búsqueda de información deja de tranquilizar y nos deja todavía más preocupados, activando la necesidad de saber más y más. Así, leemos una noticia y después otra, pero pasamos después a una opinión contraria, seguida de un vídeo, y luego un hilo en redes sociales, para terminar yéndonos a los comentarios.

Y lo que empezó como una forma de informarnos acaba convirtiéndose en una exposición constante a lo que va mal o podría ser una amenaza a nivel social o individual. La American Psychological Association ha descrito cómo la sobrecarga mediática (en inglés media overload) y el consumo constante de noticias pueden aumentar el estrés relacionado con la actualidad.

Por si fuera poco, no es solo una cuestión de la cantidad de información que recibimos, sino también de la forma, la velocidad, la repetición y el tipo de contenido. Antes, lo que era una noticia grave se veía una sola vez en el periódico o en el telediario. En nuestros días, esa misma noticia puede llegar en forma de alerta al móvil, repetirse en las diferentes plataformas, o mezclarse con imágenes impactantes.

Pero además puede aparecer en un chat familiar, como enlace dentro de una receta, o en medio de un vídeo de entretenimiento. Es decir, pasamos de un contenido emocionalmente grave a otro banal a tal velocidad, que nuestro cerebro apenas tiene tiempo para asimilar el cambio de registro. Y esto no es gratis para nuestra salud psicológica.

El doomscrolling o la pescadilla que se muerde la cola

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El doomscrolling aparece cuando seguimos consumiendo noticias negativas aunque notemos que nos hace sentir peor (Foto: Freepik)

En los últimos años se ha popularizado el término doomscrolling, que podemos traducir como el consumo casi compulsivo de noticias negativas, amenazantes o angustiosas, incluso cuando notamos que no nos hacen ningún bien. La Mental Health Foundation explica que mirar contenido online puede hacernos sentir más informados, tranquilos o con sensación de control, pero que el doomscrolling también puede aumentar la ansiedad, la tristeza o la sensación de estar sobrepasados.

Una de sus características es ser como la pescadilla que se muerde la cola. Necesitamos información porque estamos intranquilos y, por tanto, nos informamos para evitar esta ansiedad. Pero cuanto más leemos, más ansiosos nos ponemos.

Entonces necesitamos aún más información para intentar tranquilizarnos. Así, entramos en un círculo vicioso del que es difícil escapar, ya que el cerebro continúa buscando señales que nos ayuden a sentirnos seguros. Y si el contenido que encontramos es cada vez más alarmante o contradictorio, la avidez de búsqueda continúa y se puede volver  interminable.

El cuerpo también responde ante el flujo de noticias

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La información no afecta solo a la mente: el cuerpo entra en alerta ante la exposición repetida a contenidos amenazantes, y se pueden generar síntomas psicológicos o físicos (Foto: Freepik)

¿Cómo nos afecta la sobrecarga de información? Desde el punto de vista psicológico, hay que recordar la continua interacción entre cuerpo, mente y comportamiento, ya que van de la mano. La información que entra por los sentidos también la registra el cuerpo y puede activar el sistema nervioso autónomo. Por eso, la exposición repetida a imágenes alarmantes puede generar tensión muscular, irritabilidad, malestar gástrico o problemas de sueño. Y ese estado de alerta, a su vez, puede dificultar la concentración y empujarnos a seguir buscando noticias y entrar en bucle.

Esto no significa que leer noticias traumatice o genere síntomas por defecto. Pero una exposición repetida a contenido amenazante puede mantener al cuerpo sobreactivado y en alerta, especialmente en personas que ya vienen de historias de estrés, trauma, hipervigilancia o sensación de inseguridad. Para alguien con un sistema nervioso muy sensible, la actualidad puede convertirse en una fuente más de activación.

Además, puede aparecer un mecanismo de refuerzo. Al principio, buscar noticias alivia porque sentimos que ganamos algo de control y reducimos la incertidumbre. Pero cuando la búsqueda se vuelve repetitiva, ya no miramos solo para informarnos, sino para calmar la ansiedad que nos produce no saber. Desde ese momento, la noticia funciona como un alivio momentáneo que dura poco y nos empuja a volver a mirar. Salvando las distancias, este circuito se parece al de otras conductas compulsivas presentes en comportamientos adictivos: cuanto más miramos, más difícil resulta parar.

El miedo a perderse algo no ayuda

Adolescentes movil
En adolescentes, el FOMO puede hacer que la desconexión momentánea de las redes se viva como quedarse fuera de lo que ocurre y del grupo de referencia (Foto: Rendy Novantino Unsplash)

La otra cara de la saturación informativa es el miedo a desconectar. Muchas personas no solo se angustian por lo que leen, sino también por lo que podrían estar perdiéndose si dejan de mirar. Aquí entra el conocido FOMO, siglas de Fear of Missing Out, o el miedo a quedarse fuera de algo importante.  En adolescentes y jóvenes esto se ve mucho, sobre todo en redes sociales. Estas no son solo un lugar donde se consumen noticias, sino también un espacio de socialización, pertenencia, comparación e identidad.

En este contexto, estar al día puede significar conocer el último meme, la polémica de la semana, la tendencia que todos comentan o la noticia que circula entre compañeros. Por el contrario, el no enterarse puede vivirse como quedarse fuera. Por tanto, el abuso del móvil por parte de los adolescentes tiene mucho que ver con la función emocional que cumple. La de comprobar que siguen perteneciendo o no han sido olvidados.

Esto también ocurre en otras edades, aunque con otros matices. Como adultos, podemos sentirnos culpables por no atender a las noticias y evadir nuestra responsabilidad. Pensar que si no leemos somos superficiales o que si desconectamos unas horas nos vamos a perder algo relevante. Las opciones son múltiples, pero en cualquiera de los casos,la información se convierte en una obligación moral y emocional.

Cómo informarse sin vivir en alerta

Estar informado es importante y también necesario, pero vivir saturados de noticias no ayuda a pensar mejor ni a que nos sintamos más tranquilos. Al fin y al cabo, cuidarnos también pasa por tomar buenas decisiones respecto al móvil, apartar la pantalla a tiempo y dejar espacio para que la mente descanse. La primera medida y también la más sencilla, consistirá en elegir las fuentes, seleccionando unas pocas, pero fiables y con contexto. Además, ayudará el reducir las notificaciones y poner límites, reservando las noticias para momentos concretos del día.

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