(Foto: Castilla Termal Solares)
La localidad cántabra de Solares tiene el privilegio de contar con el manantial de Fuencaliente, de donde brotan sus aguas mineromedicinales. Unas aguas que emergen a una temperatura constante de entre 26 y 30 grados. Algo que no se alcanza por ningún proceso volcánico, sino por un recorrido del agua conocido como hidrogeológico clásico.
Se trata de un proceso natural en el que el agua de la lluvia se filtra lentamente en el subsuelo. Así, en su recorrido por las fallas geológicas de la Cordillera Cantábrica, el agua va ganando grados. Se estima que puede sumar unos 3 grados por cada cien metros. El calor interno del planeta es suficiente para que el agua mantenga una temperatura más que agradable.
En su lento camino, cada gota de lluvia también se carga de minerales. Un viaje subterráneo en el que el agua recoge calcio, sodio y bicarbonatos. El calor favorece su disolución, enriqueciendo el agua y convirtiéndola en un tesoro termal.
Las fallas profundas actúan como chimeneas naturales y permiten al agua caliente volver a subir de forma contante y rápida. De este modo no pierde apenas temperatura, porque además el caudal del manantial es muy alto, de unos 40 litros por segundo.
Los vecinos del lugar, como sucede en otros pueblos de España, sabían desde antaño que de aquel manantial brotaba un agua que “no se enfriaba nunca”, incluso en invierno. Y también que aquel agua aliviaba ciertos dolores digestivos y que era muy buena para curar heridas. Algo que está en el origen de casi todos los balnearios históricos.
Ya en el siglo XVIII, en plena Ilustración, comenzaron a catalogarse los efectos terapéuticos de las llamadas aguas singulares a lo largo de todo el país. Y en el caso de Solares, comenzó a recomendarse el uso de su agua para pacientes que padecían problemas digestivos, reumáticos y diuréticos.
Años más tarde, en 1828, sus aguas se declaran como “de utilidad pública” y comienza así la tradición balnearia en Solares, con su primera casa de baños. El Gran Hotel Balneario de Solares fue inaugurado oficialmente alrededor de 1902, en plena expansión de un turismo termal que hoy sigue muy presente.
Sus salones de lectura, su comedor y los espacios de ocio creados por aquel entonces aún hoy son parte del complejo modernizado. Espacios con un encanto que traslada al visitante a un mundo tranquilo, respetuoso y sin prisas.
Desde 2012, la gestión del complejo corre a cargo del grupo Castilla Termal Hoteles, que lo integra dentro de su cadena de balnearios.
El grupo capitaneado por su fundador, Roberto García, ha impulsado en Castilla Termal Solares el concepto de oasis de historia, salud y placer consciente que está presente en todos sus establecimientos.
El complejo dispone de una zona wellness (incluido un balneario infantil) donde se puede disfrutar plenamente de la esencia de las aguas del histórico manantial de Fuencaliente. Su piscina termal de más de 800 metros cuadrados dispone de todo lo necesario para recuperar el equilibrio físico y emocional.
Sus chorros, camas de agua y fuentes de distinta intensidad son una bendición para combatir el estrés, el insomnio y otras afecciones del sistema nervioso o locomotor.
A ello se une un circuito de contrastes inspirado en las antiguas termas de Caracalla. Un espacio que ofrece una experiencia de bienestar único bajo una bóveda inspirada en el Panteón de Roma. La alternancia de temperaturas y contrastes purifica el organismo y activa los sentidos.
Un completo catálogo de servicios de salud y belleza mejoran la oferta de bienestar de Castilla Termal Solares, donde alojarse en alguna de sus 113 habitaciones es regresar a un entorno cargado
de historia.
Del mismo modo que una gota de agua recorre su camino hasta brotar por el manantial, encontramos el equilibrio rodeados de un estilo elegante y acogedor. Habitaciones amplias, tranquilas, cómodas y repletas además de detalles sostenibles, uno de los pilares del grupo Castilla Termal.
Algo que también se nota en la propuesta gastronómica del balneario de Solares. Desde el desayuno hasta la cena. Un viaje gastronómico donde se unen tradición y salud con la herencia marinera y ganadera de la región.
La cocina se apoya en ingredientes frescos, de temporada y de proximidad. Son seleccionados cuidadosamente entre pequeños productores locales y en el propio huerto del balneario.
Tanto el restaurante El Manantial como El Bosque de Solares, un espacio acristalado en el bosque centenario del hotel, son capaces de sorprender con sus propuestas equilibradas para degustar Cantabria en cada bocado.
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