(Foto: Pixels)
Unos más que otros, casi todos los adultos hemos vivido o presenciado las temidas pataletas infantiles. Estas no son sino un ataque de frustración infantil que los pequeños no saben gestionar. Con el agravante de que los padres tampoco sabemos muy bien cómo reaccionar ante ellas y no hacemos sino empeorar las cosas. Toma nota de lo que es una rabieta en un niño o niña, por qué se producen y qué puedes hacer para mejorar esta situación de crisis infantil tan habitual.
¿Es normal que los niños se enfaden? La respuesta es sí. De hecho, debemos saber que todos los niños se enfadan, y a veces, mucho. Y lo hacen porque todavía no cuentan con los recursos necesarios para hacer frente a una frustración surgida ante situaciones que les confunden y no coinciden con sus expectativas.
Como resultado, todos lo hemos visto alguna vez: desde tirarse al suelo y patalear (de ahí lo de pataleta), hasta ponerse a chillar, insultar, salir corriendo para escaparse, además de tirar o romper objetos, o incluso pegar. La incidencia de estos episodios será mayor en niños con algún trastorno del desarrollo, como el TDAH o el TEA.
Las variantes conductuales de las rabietas son múltiples, pero cuando se dan en su grado más agresivo, el niño puede resultar una amenaza tanto para sí mismo como para su entorno. Y todo amén del berrinche que se lleva el niño. Por ello, los adultos necesitamos aprender a intervenir, ayudando al pequeño a resolver esa situación tan difícil para él, huyendo del camino fácil empleando la reprobación o el castigo rápido.
Las rabietas, también conocidas como pataletas, son episodios aislados en los que el niño presenta una explosión de ira como consecuencia de alguna situación que le frustra. Debemos entenderlas como la manera que tiene él de comunicar el dolor que está sintiendo en ese momento, con independencia de lo que lo haya causado. En suma: es su forma de decirnos que está sufriendo pero que no sabe qué hacer a continuación. Al margen del sentimiento del pobre niño, el origen de los eventos que han podido generar esta situación pueden ser varios:
Sea como fuere, como consecuencia de ello, nuestro hijo podrá reaccionar mal o muy mal:
Hay rabietas y rabietas, y en algunas ocasiones es mejor no hacer nada, más allá de mantener el ojo avizor por si la cosa empeora. Esta actitud será la adecuada cuando notemos que el niño tiene un simple enfado por el que nos deje de hablar un rato, pero sabemos que luego se le pasa. Si le andamos contemplando o preguntándole qué le pasa, en estos casos es posible que la cosa vaya a más; porque sin quererlo, estaremos reforzando su frustración, y esta podría derivar en un comportamiento mucho peor.
Distinto es cuando la situación se haya desbordado y esté fuera de control, manifestándose de forma violenta. En estas ocasiones, los padres o educadores siempre deberemos intervenir. Toma nota de cómo reaccionar ante las rabietas infantiles con estos consejos:
Como se suele decir, más vale prevenir que curar. Por ello, y conociendo como conoces a tu hijo, seguramente sabes cuáles son aquellas situaciones más susceptibles de provocar un “ataque” en él, que podría derivar en una rabieta de gran magnitud. Para evitarlo, es mejor que le vayas introduciendo lo que va a pasar, para que se vaya preparando y no le pille de sopetón. Por ejemplo, irse a casa y no seguir jugando en el parque. No cuesta nada decirle que “a las cinco nos vamos, y ya son las cuatro y media”.
Tampoco cuesta ningún trabajo evitar situaciones o lugares susceptibles de generar en él alguna demanda irracional que no podamos complacer y vaya a despertar toda su ansiedad. Así, ¿por qué pasar delante del parque donde están jugando sus amigos si hoy vamos al médico y no podemos parar? O, ¿por qué pasar frente a la heladería a la hora de cenar si podemos coger otro camino?
Por otro lado, como adultos, a veces deberemos aflojar un poco y emplear la mano izquierda para que el niño no explote. La flexibilidad, negociar y darle opciones suele ser mucho más efectivo que amenazar al niño o buscar la imposición a la fuerza.
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