PSICOLOGÍA

¿Cómo trabajan los psicólogos de emergencias?

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Hemos arrancado la semana con una noticia que nos ha golpeado a todos: el accidente del choque de trenes vivido el domingo en Adamuz (Córdoba). El número de víctimas aún está por ver. Sin embargo, algo que van a compartir para siempre todos los que viajaban ese día es la vivencia de un episodio demasiado negativo como para pasar inadvertido a nivel psicológico.

Tanto es así que, cada vez que sucede un evento de esta magnitud, en las noticias se habla de todos los efectivos que se desplazan hasta allí. Entre ellos se encuentra siempre un equipo de psicólogos. Pero, ¿qué hacen realmente? ¿Cómo trabajan los psicólogos de emergencias?

Los psicólogos de emergencias trabajan integrados dentro de un operativo ofreciendo apoyo inmediato, práctico y coordinado (Foto: Freepik)

Ante una situación de esta envergadura, caracterizada sobre todo por lo inesperado, por la falta de control y la necesidad de ayuda inmediata, una de las primeras figuras en las que se piensa es en la del psicólogo. Sin embargo, paradójicamente, en cuestión de emergencias, la psicología está todavía en pañales en términos de reconocimiento profesional y especializado.

De hecho, cuando pasan este tipo de desastres, desde la gestión del acontecimiento, demasiadas veces comienzan a buscarse psicólogos voluntarios. A ellos se les atribuye una suerte de “poderes” con los que conseguirán, por intuición y ciencia infusa, intervenir en el componente emocional de las víctimas del evento trágico.

Psicólogos voluntarios y psicología de emergencias

Sin embargo, los psicólogos que verdaderamente se requieren en situaciones como la vivida el domingo no son personas voluntariosas con el título universitario, sino especialistas en la psicología de emergencias.

Pidiéndose voluntarios se presenta un doble problema. Por un lado, el de no reconocerse profesionalmente la especialidad. Y por otro, el de no dotar de los recursos necesarios para cubrir esa crisis concreta. Pasa por una formación especializada y por una serie de habilidades entrenadas.

En las primeras semanas pueden aparecer intrusiones, insomnio y sobresalto en las víctimas (Foto: Freepik)

¿Qué nos sucede después de un incidente así?

Con una frecuencia oímos hablar del estrés post-traumático, trastorno psicológico al que recurrimos cada vez que tiene lugar un grave accidente como este. Son algunos los mitos que rodean a la sintomatología que sucede tras una desgracia vivida en colectividad. Entre otros, la aparición sine qua non de este síndrome. Sin embargo, no siempre sucede así.

Dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), el Trastorno por Estrés Post-traumático (TEPT) se encuadra dentro de aquellos relacionados con traumas y factores de estrés. Tras un suceso impactante, es frecuente que aparezcan reacciones emocionales y físicas intensas. Entre otras: miedo, sobresalto, insomnio, imágenes intrusivas e irritabilidad.  Aunque esto no implica necesariamente la existencia de un trastorno.

Para establecer un diagnóstico en términos clínicos, los síntomas del TEPT deben persistir durante más de un mes y generar un malestar o deterioro significativo.

Hasta entonces, y durante ese primer tramo temporal, si la respuesta es lo bastante intensa, suele hablarse de Trastorno de estrés agudo (TEA). Reúne manifestaciones similares (recuerdos intrusivos, evitación, alteraciones del ánimo y de la activación) y que presenta una duración de entre tres días a un mes tras el evento.

Si los síntomas son intensos durante el primer mes, puede hablarse de Trastorno de estrés agudo (Foto: Freepik)

Cómo trabajan los psicólogos de emergencias

En una catástrofe, los psicólogos no deberían aparecer como figuras sueltas, ni mucho menos dentro de hordas de voluntarios.  Por el contrario, deben integrarse en un operativo de intervención inmediata (por ejemplo, Protección Civil, 112 u otros dispositivos activados) y trabajar bajo coordinación, al igual que el resto de los equipos.

Su objetivo no es hacer terapia allí mismo, sino minimizar el impacto psicológico, reducir el riesgo de secuelas y poner en marcha una intervención temprana, breve y focalizada, basada en modelos con evidencia, que ayuden a la persona a recuperar funcionalidad y sentido de control.

Del impacto inmediato al después

A nivel práctico, su intervención se apoya en los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), guiados por principios como la proximidad, la inmediatez, la simplicidad y la brevedad. Además de mostrar pragmatismo y ofrecer expectativas de recuperación.

Sobre el terreno, esto significa escuchar y orientar en medio del caos, identificar a quienes están más vulnerables, favorecer la autorregulación emocional y validar lo que está ocurriendo sin banalizarlo ni infantilizar a las víctimas.

Entre sus tareas también está la de conectar a la persona con apoyos y recursos para que no se quede sola cuando pase la fase aguda y sea posible dar continuidad asistencial y seguimiento.

Los tratamientos centrados en trauma, como el EMDR, ayudan a reprocesar el shock y a reducir el riesgo de cronificación (Foto: Freepik)

Las consecuencias psicológicas pueden ir más allá de los propios afectados

La psicología de emergencias también contempla el “después”. Además de la atención a víctimas directas e indirectas, puede trabajar con otras disciplinas y con los gestores de la crisis para promover un seguimiento activo con el que detectar y reconducir las complicaciones emocionales.

Debido a la gravedad de su génesis, el estrés post-traumático clásicamente se ha asociado a episodios tremendamente traumáticos. Como vivencia de guerras, actos terroristas, torturas o desgracias naturales.

Y si bien decíamos que no siempre se va a producir en las víctimas del evento, también es verdad que no es patrimonio exclusivo de estas:  lo puede sufrir cualquiera que haya estado en contacto directo o indirecto con la desgracia.

Incluso puede generarse en personas que ni siquiera hayan tenido relación alguna con el suceso y lo adquieren a través del conocimiento de la noticia.  Así lo explica Juan José Miguel Tobal, Catedrático de Psicología de la UCM de Madrid, y experto en trastornos de ansiedad.

Sus investigaciones sobre las consecuencias del 11-S en Nueva York y el 11-M de Madrid evidenciaron hechos como el que “algunas personas desarrollan la sintomatología sin tener siquiera ningún fallecido cercano”.

Algunas personas desarrollan la sintomatología sin tener siquiera ningún fallecido cercano (Foto: Freepik)

Ataques de pánico y depresión

Otro de los descubrimientos que constataron en su investigación desmitifica el Estrés Post-Traumático como principal desorden: “El trastorno más característico asociado a una situación traumática son los ataques de pánico”, asegura.

Seguido de la depresión. Y no sólo en los afectados, sino en la población en general, tal y como mostró la investigación de amplio espectro publicada en la revista Ansiedad y Estrés, realizada en Madrid.

En esta se abordaban distintos segmentos de la población, empezando por los más cercanos a las áreas afectadas al atentado del 11M. Continuando por los familiares y allegados, el personal de emergencias implicado en el salvamento, y abarcando también población no afectada de forma directa.

El trabajo posterior a la emergencia

Una parte clave del abordaje es no dejar al afectado con el cuerpo sobreactivado: primero se le estabiliza, se fortalecen sus recursos y se le acompaña en el camino de retorno a su seguridad.

Si en las semanas posteriores persisten los flashbacks, la hiperactivación, la evitación o el embotamiento emocional, las guías clínicas como la publicada por el Colegio Oficial de Psicólogos recomiendan intervenciones psicológicas centradas en trauma.

Entre ellas destaca el tratamiento psicológico con EMDR. Es no de los más eficaces para síntomas post-traumáticos y de estrés agudo. En ese sentido, además de aliviar el malestar, tratar pronto el núcleo traumático puede actuar como una forma de prevención para reducir el riesgo de cronificación.

Tras el accidente entre trenes de alta velocidad  se esperan, pues, posibles reacciones sintomatológicas en la población afectada, que en realidad somos todos.

Aunque lo son más los familiares y allegados de las víctimas. A ellos les espera lo que se conoce por una “comorbilidad” en la que no existe un diagnóstico puro, sino síntomas de varias afecciones. Necesitarán ayuda profesional en su conjunto para llegar a su solución.

Patricia Peyró

Psicóloga de carrera especializada en divulgación. Escribo en distintos medios sobre psicología, gastronomía y life&stlyle. Dirijo el blog de tendencias www.madridmuychic.com.

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