Probamos el deportivo icónico de la Ruta 66 con más tecnología pero la misma esencia

Conducimos el nuevo Mustang V8: un rugido inconfundible y el sueño americano que se resiste a desaparecer en la era de los coches sin alma.

Dani González. 10/02/2026
Foto: Dani González

Hay coches que todo amante de la automoción tiene que conducir al menos una vez en la vida. Representan conexiones emocionales y símbolos culturales. El mejor ejemplo: el Mustang. La representación de la libertad, la abundancia, el sonido y el auténtico sueño americano.

Un coche con 60 años de historia que calza el motor de 8 cilindros más reconocible del planeta y que tiene un papel protagonista en la cultura popular gracias a películas, videojuegos, música, etc.

Así que poder conducir un Mustang en pleno 2026 es otro de mis sueños hecho realidad. Más que un coche es un acto de resistencia y homenaje a la cultura de la Ruta 66, y una de esas pocas cajas que consiguen emocionar como casi ninguna otra mecánica hoy en día.

No es un coche diseñado para Europa, y ese es el trasfondo de su encanto. Sensaciones, carácter y rugido mecánico para hacer gala de, quizá, el coche más icónico de la historia.

8 cilindros, 5 litros y atmosférico: su motor sigue siendo el protagonista absoluto

Mustang V8
Foto: Dani González

Ser el deportivo más vendido, con más de 10 millones de unidades a las espaldas, no ocurre por arte de magia. Es la combinación de dos factores: ser el coche con motor V8 más barato y apostar por una experiencia sensorial completa que parte debajo del capó. En carreteras españolas cada vez más electrificadas, tímidas y silenciosas, el Mustang es puro abuso en sonido, potencia y dinámica.

Arrancarlo cada mañana en el garaje de casa ha sido pura delicia para mis oídos. El motor Coyote, de los pocos atmosféricos que quedan, utiliza el sonido como seña de identidad. Los cuatro escapes de la zaga no se esconden, al contrario.ç

La emoción es difícil de expresar en estas líneas, pero este es un coche que transmite muchísimo. La vibración al ralentí, cómo sube de vueltas con fuerza y pide estirarlo más; y la sensación de empuje de tener 446CV disponibles en un pisotón son increíbles. Sensaciones que solo un V8 puede regalar.

No nos engañemos. Este no es un coche europeo repleto de ayudas a la conducción, ni pretende serlo. Es un pura sangre sin domesticar, como el caballo que le hace de imagen. Es grande y pesado, lo cual no significa torpe gracias a la potencia y la dirección precisa que equipa. Ser un tracción trasera lo vuelve muy divertido, creedme, aunque al mismo tiempo algo difícil de conducir si se pretende hacer con ligereza en carreteras muy reviradas.

Merece la pena destacar que, más allá de su punto furioso, en tramos largos de carretera o autopista es un coche cómodo y disfrutable. Muy pintón y rutero de domingo por la mañana, podríamos decir. En el contexto de mecánica disfrutona, esta también es gastona. En mi semana de pruebas los consumos rondaron los 14 litros por cada 100km. Nadie compra este coche pensando en el surtidor.

Estética neo retro: larga vida a la iconicidad del Mustang

Mustang V8
Foto: Dani González

El Mustang se reconoce antes de tenerlo cerca. Estos días probándolo me ha pasado algo curioso: la gente te mira, te para, te pregunta. Incluso un vecino me llegó a decir en la puerta de casa: “El coche de mis sueños, qué bonito”. Eso es el Mustang, un icono.

La nueva generación tenía que conservar esos elementos que lo han definido durante más de medio siglo. Si lo ves parado en un semáforo, sabes que está preparado para salir el primero.

El aspecto exterior responde a la estética clásica y la funcionalidad. Por ejemplo, los faros LED mantienen el guiño clásico a los ojos del Mustang original, pero con toque tecnológico y actual. El capó esculpido con nervios, la calandra frontal y la parrilla trapezoidal le aportan ese aura desafiante bajo la que se esconde el motor V8. Y en la zaga las líneas angulosas y las luces de tres barras verticales son únicas y atemporales.

Aunque la versión que he probado es un coupé de líneas bajas muy deportivas, Ford también lo vende en opción descapotable. Y al configurarlo se pueden elegir más opciones de llantas, colores de chapa y de las pinzas freno, dando margen a la personalización.

La tecnología del Mustang V8

Mustang V8
Foto: Dani González

El nuevo Mustang representa también un salto tecnológico. Especialmente en el interior, donde el cuadro de instrumentos y la pantalla central son protagonistas, propiciando una experiencia cada vez más digital y conectada. Para los nostálgicos, se pueden configurar para mostrar la instrumentación del Mustang clásico de 1967. Le sienta fenomenal, por cierto.

Este es un coche icónico, pero adaptado a los tiempos modernos. Los acabados, aunque muchos de ellos plásticos duros, se siente bien terminados y ajustados. En definitiva, no es lujo europeo, sino que está más centrado en la experiencia de conducción.

El botón rojo de arranque, la palanca de cambios o el freno de mano, junto con los asientos tipo butacón, hacen que el puesto de conducción sea tan inspirador como el propio coche.

Un incomprendido en la era de los coches sin alma

Mustang V8
Foto: Dani González

El Mustang es ese coche que muchos no entienden en la era del minimalismo, las motorizaciones discretas, los SUV y más. Me gusta todo eso, sí, pero reconozcamos que esto tiene algo especial. Esta caja es puramente pasional y hecha para los incomprendidos que vivimos obsesionados con los coches. O, simplemente, para quienes quieren todo la iconicidad e historia que un Mustang representa. Tener un coche anacrónico al mercado actual tiene su propio rollo.

Es un lo que te da, por lo que te quita. No es un coche utilitario para el día a día, pues el maletero es pequeño y las dos plazas traseras casi inservibles. Pero a cambio tienes una palanca que activa el freno de mano eléctrico y te permite hacer drift. Tienes las ayudas a la conducción justas y un conjunto algo difícil de conducir. Sin embargo, te regala sonido, olor a gasolina, vibraciones. En definitiva, experiencia.

Este no es un coche que se compra con cabeza. No es la compra razonable. Es un coche de 60.000€ que se compra con carácter visceral y la ilusión de un sueño cumplido, asumiendo todas sus virtudes y defectos. No es un coche para todos, nunca lo fue y nunca lo será. Y eso es parte de su encanto. Es un coche que ha marcado legado en la industria automotriz y mientras existan coches como este, la pasión por conducir seguirá viva.

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