Visitamos la bodega Quinta de Adorigo, un deleite arquitectónico
El enoturismo ha venido para quedarse, disfrutar del vino nunca fue tan placentero, máxime cuando se crean espacios tan singulares para su degustación.
No hay duda del nexo en común entre el vino y su disfrute es la naturaleza. Visualizar las vides catando el dulce elixir producido gracias a ellas es, sin duda, un momento mágico. De ahí que el auge del enoturismo aún no haya alcanzado su clímax y muchas bodegas en el mundo sigan proponiendo sus propios escenarios. Todo para, al tiempo que producen vinos de calidad, brindar la oportunidad de disfrutarlos en primera persona.
Y Portugal no podía ser la excepción. Os mostramos esta semana la quinta de Adorigo, en el Alto Douro Vinhateiro, región vitivinícola Patrimonio Mundial, reconocida por la UNESCO.
Esta actuación arquitectónica, dentro del paisaje, posee todos los elementos necesarios para ser icónica y funcional, lo veremos en breve. Pero para focalizar, empecemos por lo básico: la arquitectura se integra en el paisaje, al mismo tiempo que revoluciona su estética.
La estética evoca la tradicional forma de los viñedos
Y la forma en la que lo logra es, a la par, sencilla y sublime. Lo hace ejecutando un forjado clásico a dos aguas que recorre de principio a fin el inmueble, pero que, de forma sinuosa, se desdobla en su centro, generando nuevas fachadas y nuevas cubiertas.
La estética desde el aire es impactante y ras de suelo distribuye los diferentes espacios eficientemente, separando usos interiores y exteriores. Este zigzag no es caprichoso, evoca la tradicional forma de los viñedos, eso sí, de forma impecablemente pulcra.
El edificio se adapta a la loma en la que se asienta, siguiendo las pautas de la industria vinícola. La gravedad es un elemento más en la producción tradicional en las márgenes del río Duero.
Al interior de las naves se repite esta transición en altura como parte del proceso. Y, por qué no decirlo, siendo un descargo económico de importancia.
La temperatura interior se mantiene estable
El hundimiento del edificio en la ladera facilita la implantación de estrategias pasivas y activas de eficiencia energética. Por supuesto, las temperaturas en su interior se mantienen más estables, entre los 14 y 16 °C. Esto ayuda al envejecimiento (quién lo iba a decir ¿eh?), impidiendo la afección de los bruscos cambios de temperaturas exteriores. A este fin ayuda el volumen de hormigón, la estructura bajo tierra que sostiene el conjunto.
El estudio de arquitectura a cargo del proyecto es el de Atelier Sérgio Rebelo, quienes gestaron el volumen edificado empezando por una entrada a la bodega, con una zona de recepción para los visitantes, y una tienda de vinos.
Hay además una sala de reuniones (para distintos eventos) y un área de cata de vinos (¡vamos!) con una galería de balcones que no dejan de ser secciones abiertas de la estructura portical de madera que se repite.
La madera cálida inunda el exterior y el interior
Esta estructura de madera se repite sin cesar cada distancia. Es la que se va moviendo hacia un lado u otro según la planta de la inmensa nave.
Aberturas en fachadas a modo de ventanas o de balcones son la única novedad al exterior. En los faldones, junto a la cumbrera, aparecen claraboyas integradas que permiten la iluminación natural. Y en las zonas precisas, las claraboyas se abren para ventilar.
La cubierta se transforma en la reina absoluta, madera cálida que inunda el exterior y el interior, que genera confort a la vista e integración, lineal y curvilínea, sencilla y amable. Sus elementos de madera laminada y paneles CLT, forman un conjunto simplemente espectacular.
Por otro lado, se han utilizado revestimientos de hormigón reforzado con fibra de vidrio, que se utilizaron por su gran versatilidad.
La madera ayuda a la reducción de CO2
Como política medioambiental, se utilizaron materiales del lugar, para reducir la huella de carbono, así, el esquisto o el granito, evitando el sobreuso de transportes. El uso de madera también ayuda a la reducción de CO2 debido a que su proceso de fabricación es mucho más eficiente, en este sentido, que el de producción de hormigón (al menos, por ahora).
La bodega gestiona eficientemente el agua, recogiendo la de lluvia y tratando las aguas grises para diversos usos (riego, limpieza, etc).
Una singular capilla antigua de piedra se ha integrado en el conjunto. Este elemento enriquece la arquitectura interior, como una voluminosa escalera de hormigón en forma de caracol, una pasarela que cruza por encima del almacén de barriles o los miradores muy bien ubicados y planteados.
El enoturismo ha llegado para quedarse y la arquitectura se vuelca con él para que se sienta cómodo y consiga mayor eficacia y versatilidad (el placer lo lleva implícito).
