Nos acercamos al Crafts College, el edificio donde se formarán los artesanos del futuro
La artesanía vino para quedarse, es la primera forma de crecimiento de la humanidad, así que, para promover su uso, nada mejor que un edificio a su altura.
Es un secreto a voces: la artesanía es la herramienta que ha hecho crecer a la humanidad hasta donde nos encontramos. Es el primer paso para conseguir los instrumentos con los que creamos otros más elaborados y la base de toda industria. Además, posee vínculos muy fuertes con las distintas culturas, siendo herencia y futuro. El vínculo perfecto para las sociedades modernas. En el Crafts College lo han entendido así.
Y para recrear un espacio capaz de generar la suficiente armonía y confianza, para transmitirla en forma de enseñanza, han contado con la arquitecta danesa Dorte Mandrup.
Se puso manos a la obra en un solar, en Herning (Lillelund Engpark, Dinamarca). El edificio contiene espacio para alojar a 70 futuros artesanos, que aprenderán los oficios del pasado/futuro: carpintería, fontanería y pintura.
En el Crafts College forman artesanos
Manrup diseñó una construcción de planta elíptica con un generoso espacio al aire libre en su interior. Más que un patio, parece un extenso jardín. La planta posibilita la distensión arquitectónica del espacio, generando zonas contrapuestas para enfrentar la climatología y aprovechar el rendimiento solar al máximo.
De esta forma, los dormitorios se distribuyen en torno a cocinas y comedores, dejando las aulas al otro extremo.
Con este complejo se promueve la formación profesional, una actividad que, incluso en Dinamarca, ha entrado en un declive preocupante. Según los promotores, la Escuela Superior de Artesanía de Herning, la idea es devolver la relevancia de la formación profesional a la sociedad actual. Siempre proporcionando jóvenes con conocimientos en artesanía capaces de manejar los materiales y la construcción que se puede ejecutar con ellos.
Un diseño interior muy particular
De ahí que los materiales empleados en el edificio sean tan importantes, porque no son solo elementos de construcción. En este caso son herramientas para que los aprendices puedan ver en ellos fuentes de inspiración y conocimiento.
La forma elíptica permite reunir en varias zonas las viviendas, los talleres y las zonas comunes. Es como tenerlo todo en casa, una forma de teletrabajar artesanalmente (¡ahí va!).
Por supuesto, la estrella del edificio es su inmaterialidad interior. Un patio circular que encierra un generoso jardín donde su flora y los estudiantes pueden refugiarse del azotador viento, disfrutando sentados en un banco de madera ubicado en su interior.
Pero vayamos a lo concreto: la cubierta se corona con una piedra negra que se inclina al exterior e interior. Esto posibilita la recogida del agua y la lleva a un depósito abierto en forma de cascada.
Materiales sostenibles
Esta cubierta es, simplemente, maravillosa, dado que sus aleros se curvan en vez de seguir la línea recta perpendicular al borde (interior o exterior) permitiendo una sinuosidad solo perceptible desde ciertos puntos. Además, posee claraboyas para ayudar con el aprovechamiento de la luz natural. Por supuesto, la sensibilidad medioambiental forma parte del desarrollo del proyecto.
De esta forma se utilizaron materiales de gran durabilidad, cercanos para minimizar el impacto de la huella de carbono. En otras palabras, su utilizaron maderas, como el cedro en las fachadas, el roble en las pasarelas y las puertas y el abeto para el mobiliario, además de utilizar la madera de pino para la estructura del edificio.
En la cubierta la mentada pizarra, granito como piedra más robusta en acabados de distinta índole y ladrillos recuperados.
Espacios interiores conectados visualmente
Estos ladrillos, más de 700.000 según la web de la arquitecta, se recogieron de edificios demolidos, siendo un símbolo palpable de la reutilización de elementos constructivos.
En definitiva, la estructura se compone de ladrillos y madera, unos materiales que llevan siglos trabajando al unísono, que se conocen muy bien, y, ahora, servirán de inspiración a los futuros artesanos de Dinamarca (y de algún país más).
La planta del edificio permite la creación de cuatro aberturas, conectando visualmente a los usuarios del mismo con las zonas aledañas, zonas naturales que bien podrían generar envidia en algunas personas (me incluyo) y a la cercana ciudad de Herning.
La arquitectura se beneficia de los artesanos
Esto sirvió de inspiración para que, llegado el momento, se pudiera generar un interés no solo de los estudiantes por la urbe, sino también, a la inversa.
Así, la comunidad se verá beneficiada de la creación de talleres y eventos públicos, en los que ciudadanos podrán exponer sus ideas o productos, y conocer otros de primera mana.
Evidentemente, los arquitectos son los primeros que se beneficiarán de los artesanos del futuro, así que no es de extrañar que se haya gestado un edificio capaz de generar en los estudiantes la necesidad de disfrutar de su trabajo. ¡¡Que vivan los artesanos del futuro!!
