Foto: Thai
La tailandesa es esa gastronomía agradecida, de sabores suaves pero sorprendentes y mezclas que funcionan -y mucho- en el paladar. Sin embargo, su fama de cocina callejera ha popularizado el “todo vale” y, como sucede con lo bien hecho, no es fácil encontrar un restaurante tailandés rico, donde la comida sea auténtica y el ambiente te haga viajar al exótico y amable ‘País de la Sonrisa’. Sin embargo, quien busca encuentra. Y ese establecimiento idílico existe en Madrid, se llama Thai y estás tardando en probarlo si todavía no lo conoces.
Ubicado en Arturo Soria, el restaurante es un verdadero oasis de tranquilidad donde cada detalle tiene el propósito de transportar a quien lo visita a los paisajes más zen del país. Esos que hablan de luminosidad, belleza, autenticidad y una naturaleza imponente.
Así, las maderas oscuras del mobiliario conviven en armonía con las formidables y numerosas plantas que llenan el salón y habitan el jardín. A él dan las enormes cristaleras que lo visten todo, llenando de luz el espacio y obligando al comensal a bajar el ritmo y dejarse llevar.
Algo a lo que contribuye, cómo no, el agua, presente aquí en las fuentes del jardín y la piscina. El elemento clave que confiere a la visita un punto extra de disfrute y evasión.
Porque entrar en Thai es como meterse inmediatamente en un pedacito de Asia. Y una vez en la mesa se comprueba lo esencial: que allí se hace una cocina exquisita cuya autenticidad no está al alcance de cualquiera.
Y es que por encima del ambiente, la decoración y su barra de cócteles, quien vuelve a Thai lo hace por su comida. Desde el imperdonable Pad Thai a las colas de langostino rebozadas (Khung Siam) pasando por los rollitos de primavera (Poh Pia), las ensaladas o el gustosísimo curry… no hay plato de la carta que no denote detalle, mimo y un extraordinario conocimiento de la gastronomía thai.
Porque los detalles, como hemos dicho al principio, cuentan. Y desde luego marcan la diferencia en un restaurante donde la comida es sin duda una experiencia.
Porque todo tiene el punto justo, el aliño justo y el sabor que se espera de platos exquisitos, originales y que sin embargo mantienen ese carácter libre, callejero y disfrutón de la cocina tailandesa.
Así, las pastas son melosas, las salsas divertidas, los rebozados crujientes y las verduras sabrosas. Y cada plato lo corona un aliño maestro, excelente, de esos que solo en Tailandia saben hacer.
Leche de coco, maíz frito crujiente, raíz de cilantro o plantas como el toronjil, la galanga o la hoja de lima son habituales en las recetas de Thai. Además, los pescados llegan frescos al restaurante y allí los congelan a -60 grados por seguridad, las carnes son de origen nacional y los postres caseros. Entre todos componen una carta tan extensa como sugerente que querrás volver y volver a probar.
Dicen desde el restaurante que “Thai es un viaje culinario hacia los sabores exóticos de Tailandia, donde cada bocado es un pasaporte directo al corazón de la auténtica cocina tailandesa”. Y creo que tienen razón. Porque con la comida, y la comida hecha con mimo, sin duda se puede llegar al corazón.
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