Foto: OME
Madrid ha vivido en el último año un boom de restaurantes mexicanos. Según datos de Casa de México, a fecha de septiembre de 2025, había 170 restaurantes mexicanos. Sin embargo, estoy segura de que ninguno de ellos es igual a ŌME. Para empezar, porque ellos no se definen como restaurante, sino como taller gastronómico, y segundo, por su concepto. Y es que se trata del primer restaurante omakase mexicano de Madrid.
La mente que está detrás de esta innovadora propuesta culinaria es el chef Roberto Ortiz Blanco. Natural de México, ha pasado por las cocinas de El Bulli, Arzak, Mugaritz, The French Laundry y Punto MX. ŌME es su primer restaurante y con él no busca reinterpretar la gastronomía mexicana, sino honrarla con el maíz como ingrediente protagonista.
Este, que trae directamente de México, aparece en prácticamente los platos que salen de su cocina, los cuales cambian muy a menudo. Y es que ŌME no parte de una carta fija, sino de un proceso creativo que va cambiando con la temporada, el producto y la creatividad del chef.
El restaurante se divide en tres espacios o zonas gastronómicas. En primer lugar está el Salón. Es el punto de entrada al universo ŌME, una pequeña sala en la que se pide por carta. Se trata de una carta mexicana contemporánea en la que encontramos tacos, platos principales y postres con producto de temporada. Una carta que, como hemos dicho, no es fija sino que va cambiando.
Subiendo unas escaleras encontramos la segunda y más interesante sala desde el punto de vista gastronómico, ya que es la cocina. Esta se divide en dos partes: la Barra OMEKASE y la Mesa del Chef.
La primera está inspirada en el famoso omakase japonés, pero cambiando el shushi por una cocina mexicana. La barra, con disponibilidad para seis comensales, se sitúa justo enfrente de la cocina y ves en primera persona al chef preparando cada uno de los platos.
Aquí no hay carta, el menú es cerrado, y consta de seis platos en los que el protagonista es el maíz. Este ingrediente va marcando el ritmo y sirve de hilo conductor de toda la experiencia desde el primer aperitivo hasta el postre. El precio es de 100 euros por comensal.
Sin salir de la sala, pero en una parte más intima está la experiencia gastronómica por excelencia de ŌME, la Mesa del Chef. Aquí, al igual que en la barra, no hay carta, es un menú degustación que puede ser de seis u ocho platos, y que te lleva a conocer en profundidad la historia del chef y razón de ser del restaurante. Esta reservado para grupos de ocho/ seis comensales y su precio es de 150 euros.
Todo arranca, como no puede ser de otra manera, con el guacamole. Lo prepara el propio chef en mesa en el tradicional molcajete. Lo sirve con un toque de jalapeño, pepitas de calabaza y polvo de aceituna negra, acompañado de totopos.
Aunque el mejor acompañante en ese momento es un cóctel. Y es que como buen mexicano, en ŌME no faltan la Margarita, la Paloma y sus Omexcalita, a base de Jamaica, vermut, naranja y mezcal: y Omechelada, con cerveza, lima y tomate.
La experiencia continua con una Ensalada César, un cogollo de Tudela a la brasa con aderezo césar a base de anchoas de Satoña, queso parmesano, yema de huevo, trufa negra y tierra de maíz. Un bocado rápido, fresco y que sirve para abrir boca al siguiente, el Aguachile Verde.
Le sigue la Tostada de Salpicón, el plato más sorprendente y por el que más merece la pena visitar ŌME. Se trata de una tosta de maíz amarillo con mayonesa de chiles toreados y picaña de ruba gallega, rematado con tuétano a la brasa rallado. Un plato en crudo con un potente sabor, pero que se deshace en la boca.
La experiencia sigue con dos platos más tradicionales, Sope, con trompeta de la muerte y huitlacoche; y Gaonera, unos tacos de rib eye a la brasa con lima. Y por último, rematar con el postre.
Estos son también muy especiales, pues ninguno se caracteriza por su extremo dulzor, pero si por su particular sabor que te hace querer más y más. Destaco el Pastel de Elote, una especie de flan con maíz tatemado, queso mascarpone y cajet. Y el Tamal de Chocolate, masa de maíz nixtamalizado con cacao criollo y espuma de plátano macho. Una delicia diferente y un apasionante final.
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