(Foto: Gtres)
El príncipe Harry y Meghan Markle recibían anoche en Nueva York el premio Ripple of Hope, un galardón que honra a líderes ejemplares en los gobiernos, los negocios, la defensa y el entretenimiento. Un galardón que poseen desde hace años Barack Obama o Hillary Clinton y que se entregó por su “reconocido trabajo por la justicia racial y la salud mental”.
Ambos juraron ante los presentes seguir con su peculiar guerra contra “el racismo, la opresión y la injusticia”. La pareja fue reconocida en una gala donde se rindió homenaje a otras personalidades, como el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.
Sin embargo la pareja sigue anclada en el portazo. En el ruido que generaron cuando cerraron la puerta mientras salían apresuradamente de Buckingham. Sin recibir el aprecio que ellos esperaban de parte de sus familiares. Instalados en el sutil reproche, pero sin mencionar los nombres de quienes les hicieron tanto daño, siguen haciendo campaña. Tras las próximas navidades se cumplirán tres años del abandono de sus funciones. La trama sigue estirándose sobre los mismos temas, como una mala saga en la que el capítulo presente no mejora al anterior.
A Meghan Markle le siguen preguntando sobre sus pensamientos suicidas en palacio. Aquellos que confesó a Oprah Winfrey que fueron la gota que colmó el vaso. “No fue una decisión fácil de tomar, como se puede imaginar”, dijo Meghan anoche. A vueltas también sobre los comentarios racistas que recibieron en palacio, pero sin nombres y apellidos. Y por supuesto, la despiadada prensa.
En la millonaria serie de Netflix sobre Harry y Meghan se analiza la supuesta intromisión en su vida privada de una parte de la prensa británica. Pero a falta de ver en profundidad si se aclaran las acusaciones, por ahora los clips y fotografías distribuidos no han hecho otra cosa que levantar polémica. Algunos fotógrafos acusan en redes sociales a los Duques Sussex y a la productora de crear una farsa argumental, basándose en instantáneas que se tomaron legal y consentidamente por la pareja.
Como las fotografías de Harry y Meghan durante su visita a Cuidad del Cabo como parte del viaje oficial de la pareja a Sudáfrica al poco de nacer su hijo Archie. Profesionales allí presentes argumentan que ninguna instantánea de la familia se tomó lejos de los espacios oficiales habilitados al efecto.
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