(Foto: Gtres)
Los destierros en pleno siglo XXI ya no son lo que eran. En la antigua Grecia y luego en Roma era el máximo castigo social al que se enfrentaba un ciudadano cuando por sus actos era mejor tenerle lejos. El sentido etimológico de la palabra se conserva, pero en la práctica la cosa ha cambiado mucho. El que fuera príncipe Andrés, por sus actos probados y supuestos tras relacionarse con Jeffrey Epstein, se enfrenta desde principios de este 2026 a lo que se podría bautizar como el “destierro trendy”, lo moderno y actual.
Porque el rey Carlos III habría completado el traslado de su hermano a Marsh Farm, una propiedad situada dentro de la finca de Sandringham, en Norfolk, propiedad de la familia. Tampoco muy lejos.
Se pone fin de este modo, casi oficialmente, a la etapa de dos décadas en la que Andrés Mountbatten-Windsor vivió en Royal Lodge, el palacete que le alquiló por una cifra irrisoria a su difunta madre Isabel II.
La mudanza definitiva se ha producido tras varios meses de transición. Inicialmente, el ex-duque de York se instaló de forma temporal en Wood Farm mientras se realizaban trabajos de acondicionamiento en su nueva vivienda.
Finalmente, ha tomado posesión de Marsh Farm, una casa de cinco dormitorios de estilo mucho más modesto y funcional que su anterior residencia, caracterizada por el lujo y la amplitud.
La nueva propiedad ha sido reformada para mejorar tanto la habitabilidad como la seguridad. Se ha incluido la instalación de una valla perimetral, sistemas de videovigilancia y la renovación de los establos para albergar sus caballos.
Sin embargo, este nuevo comienzo no ha estado exento de dificultades. En los últimos días, la finca ha sido escenario de protestas. Un grupo de manifestantes irrumpió en la propiedad profiriendo insultos contra Andrés. Un episodio que obligó a intervenir a su equipo de seguridad la semana pasada. Aunque no hubo daños personales, el incidente evidenció el clima de tensión que rodea su figura.
Recordemos que la caída en desgracia de Andrés está estrechamente vinculada a su relación con Jeffrey Epstein, así como a las acusaciones y controversias derivadas de este caso, que han deteriorado gravemente su imagen pública. A ello se suman recientes problemas legales, como su detención bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de funciones públicas. Aunque él ha negado cualquier irregularidad.
Su nueva vida transcurre ahora en un entorno rural, centrada en actividades discretas, según dicen medios británicos. La lectura, los paseos por los terrenos de Sandringham y el contacto con su círculo más cercano ocupan su día a día. Incluso su entorno familiar se ha visto afectado.
Su exmujer Sarah Ferguson y sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, también han sido alejadas de cualquier actividad pública con la familia.
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