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Existen unas normas de etiqueta que se deben seguir aunque no estén escritas ni reflejadas en ninguno de los estatutos formales de tu empresa. Ocurre en casi todos los ámbitos de la vida, pero muy especialmente en el del trabajo. Por esta razón nunca debemos dejarnos llevar por esa supuesta permisividad para relajar nuestro comportamiento en las cenas de empresa. Si no quieres arriesgar tu puesto de empleo ni por supuesto tu reputación, procura evitar los errores más clásicos propios de las celebraciones navideñas.
Si te sientes tentado a “darlo todo” y a actuar igual que si salieras de fiesta con tus amigos de la universidad estarás incurriendo en un error. Además, y seguramente, te arrepentirás después. Salir con tus jefes y compañeros es posible, sí, pero siempre teniendo claro dónde estás, con quién, y cuáles son las repercusiones de saltarse un protocolo no escrito, pero presente en cuanto a normas de comportamiento.
Lo de las celebraciones de cenas o comidas navideñas es un clásico de lo más arraigado en nuestra cultura y en la de muchos otros países europeos. Y el objetivo no es ningún secreto: se trata de aprovechar la ocasión de las fiestas navideñas para salirse un poco de ese rol encorsetado que nos ponemos en el trabajo.
En su lugar, podremos mostrar ese lado más personal que todos tenemos. Con las celebraciones organizadas por la oficina podemos presentarnos a algunos compañeros nuevos o desconocidos, así como tratar de una forma más personal a nuestros colegas más cercanos. El principio y objetivo de estas celebraciones no es pagar una cena o comida gratis, ni mucho menos patrocinar una fiesta loca, sino fomentar la cohesión grupal o lo que es lo mismo: que los compañeros hagan piña.
Desde hace tiempo se sabe que fomentar las buenas relaciones en el contexto del trabajo y procurar el bienestar de los empleados repercute directa y positivamente en el rendimiento del trabajador. Además, un poco de networking nunca le viene mal a nadie.
Dicho esto, todo lo demás es secundario: pasarlo bien o mal en la cena, ir a un sitio “fancy”, llegar a conocer a alguien interesante para tu carrera, flirtear un poco, descubrir que tienes cosas en común con algún compañero y que sois del mismo pueblo… Todo lo que ganes en referencia al plano más personal será estupendo, pero no es el propósito de la organización general de la cena. Y debes saberlo.
Esta prohibición no va citada en primer lugar por casualidad, sino porque es, a menudo, la causa de todos los males posteriores de las víctimas de las cenas de Navidad. Consumir demasiado alcohol puede ir en detrimento del sentido común y llevarnos a hacer cosas de las que nos arrepintamos después.
Una cosa es tomar una copa de vino, hecho que nos servirá para relajarnos un poco socialmente, y otra, emborracharse. Esto debe evitarse a toda costa. Quien dice alcohol dice también cualquier otra sustancia que altere el sistema nervioso central. O lo que es lo mismo: nada de drogas.
Aquí hay un poco de debate, pero si hay que posicionarse y estipularlo como norma, lo mejor es que esto no suceda y que se quede en lo platónico. ¿Por qué? En primer lugar, porque algunas empresas lo prohíben. En segundo lugar, porque a lo mejor luego tú te arrepientes o lo hace la otra persona, generándose posteriormente una relación incómoda.
Cuando esto sucede se puede enrarecer el ambiente en la oficina, no solo entre vosotros, sino salpicando también a los demás compañeros. El resultado nunca será bueno; por el contrario, puede llevar a equívocos, a reproches, habladurías o comportamientos evitativos que van en detrimento del trabajo.
Como continuación a las relaciones entre compañeros que comparten una posición horizontal a nivel de estatus profesional, las relaciones jefe(a)-empleado(a) también son un clásico. Es verdad que uno se puede enamorar de alguien de la oficina, y de hecho sucede a menudo. Las razones son múltiples, pero se da sobre todo porque se pasa mucho tiempo juntos compartiendo tensiones y objetivos. De hecho, es tan habitual que nos lleva a cuestionarnos si conviene ligar en el trabajo. Por ello, al margen de las generalidades, lo mejor será no hacerlo en el contexto de la cena de empresa.
Siempre hay que tener en cuenta que cuando hay diferencia de rango y es el de posición superior el que “entra” a su subordinado, existe un riesgo de que este último se sienta acosado. Es decir, la relación no es de igual a igual, y por tanto el de rango inferior se puede ver obligado a hacer algo que no quiere, si quiera sea reirle los chistes durante toda la cena.
El histrionismo es una variable de personalidad que se tiene o no se tiene. En general, los histriónicos son de gran ayuda en las fiestas, sobre todo para los introvertidos y para la gente más tímida. Su forma de ser abierta invita a generar conversaciones y a llenar algunos silencios incómodos. Sin embargo, uno no debe pasarse de la raya. Esto implica no tratar monopolizar toda la conversación o conversaciones.
Tampoco conviene ir vestido de una manera demasiado llamativa ni, por supuesto, pasarse de “sexy” o ir ostentando de alguna manera. Aunque uno no sea particularmente elegante, el protocolo del buen vestir siempre aconseja ir un poquito menos que un poquito más.
Mejor prevenir que curar, como se suele decir. Y en los casos de las cenas o fiestas de oficina, a todos nos podría ir mejor y se evitarían muchos golpes de pecho si la propia empresa aplicara ciertas políticas.
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