(Foto: Saks Fifth Avenue Facebook)
La compañía Saks Global ha dado un paso decisivo en su proceso de reestructuración tras acogerse al Capítulo 11 de bancarrotas en Estados Unidos a principios de año. Ahora, al firmar un acuerdo con un grupo de acreedores, se garantiza unos 500 millones de dólares en financiación para su salida de la quiebra. Una situación de la que espera salir a principios de este verano.
Este avance supone un punto de inflexión para el grupo. Saks es propietario de enseñas clave del lujo estadounidense como Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus y Bergdorf Goodman. El pacto supone un respiro para el comercio de alta gama en el país y refleja la confianza de los inversores en su viabilidad futura.
Saks Global planea presentar en breve su plan de reorganización, que contempla una estructura financiera más sólida y un modelo de negocio centrado en cuatro pilares: estabilidad económica, red de tiendas optimizada, una oferta de productos cuidadosamente seleccionada y un uso intensivo de datos para comprender mejor a sus clientes.
Este último aspecto se perfila como una ventaja competitiva clave, ya que Saks Global cuenta con una amplia base de consumidores de alto poder adquisitivo.
Paralelamente, la compañía ya muestra señales de recuperación operativa. Más de 650 marcas han reanudado el suministro de productos, generando unos 1.500 millones de dólares en inventario, lo que representa más del 90 % de lo previsto para el primer trimestre fiscal de 2026.
Además, se han registrado mejoras en indicadores clave como el gasto en tienda, la conversión online y las ventas a precio completo, lo que sugiere una reactivación de la demanda.
El plan de futuro también incluye una importante reducción de su red física, pasando de unas 150 tiendas a aproximadamente 50 establecimientos de lujo de línea completa, con el objetivo de centrarse en ubicaciones más rentables y estratégicas. Asimismo, la compañía reducirá su exposición al segmento de descuento, cerrando tiendas y operaciones menos rentables.
En el plano financiero, la reestructuración implica un cambio total en la propiedad: los antiguos accionistas, vinculados a Hudson’s Bay Company, perderán su participación, que pasará a manos de los acreedores que financiaron la continuidad del negocio.
Este movimiento refleja la magnitud de la crisis previa, marcada por problemas de liquidez, desaceleración del mercado del lujo y tensiones con proveedores.
La recuperación de estas relaciones con las marcas ha sido clave. Tras la quiebra, Saks ha logrado por lo menos restablecer la confianza de sus socios comerciales, aunque reconstruir plenamente su reputación será un proceso a largo plazo.
Más allá de su situación interna, la reestructuración de Saks Global tiene implicaciones relevantes para todo el sector del lujo en Estados Unidos, dado su peso como canal de distribución para numerosas marcas.
Aunque los avances recientes apuntan a una mayor estabilidad, el verdadero reto será demostrar que este nuevo modelo, más ágil y enfocado, puede traducirse en rentabilidad sostenida y liderazgo en el mercado.
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