Las relaciones entre Francia y España son las propias de dos países vecinos y competidores, pero a la vez, actúan la mayoría de ocasiones como socios y partes complementarias de cualquier iniciativa que implique a las dos partes. A ambos países les une una larga tradición de lazos económicos, comerciales, culturales y políticos. Aunque la mayor parte de las veces el diálogo entre franceses y españoles acaba siendo en inglés, esta situación irá cambiando en el futuro. El español es, después del inglés, la segunda lengua extranjera más estudiada en Francia, por más de 2,5 millones de alumnos. La experiencia internacional que he tenido en otros países, con los procesos de adaptación que eso conlleva, me ha ayudado en mi reciente incorporación en Francia como director de la oficina de representación de CaixaBank en París. Conocer la cultura empresarial local es vital.
Francia tiene una importante herencia industrial y una proyección internacional consolidada. La economía francesa mejorará su ritmo de crecimiento en 2018-2019, favorecida por la recuperación gradual del mercado laboral, la mejora de la confianza empresarial y unas condiciones financieras favorables. La expansión económica basculará fundamentalmente sobre la demanda interna. El gobierno francés está tratando de ganar peso en el posicionamiento internacional de Francia y apoyar decididamente el proyecto de la Unión Europea, además de acometer reformas estructurales para fortalecer el crecimiento futuro del país. Todo ello está generando un interés para las empresas extranjeras que quieran invertir o seguir invirtiendo en Francia.
La banca del país se encuentra, en general, en buenas condiciones para adaptarse a la Unión Bancaria Europea. Igualmente, Francia cuenta con una elevadísima tasa de bancarización (99 %) y una red bancaria densa, con unas 36.000 oficinas. Las cinco primeras entidades francesas concentran el 80 % del negocio y la clientela y tienen, además, una elevada presencia internacional. Las exportaciones españolas con destino al país vecino representan más del 15 % del total de la economía francesa, por un importe de 41.636 millones en 2017. A la inversa, las ventas de productos franceses al mercado español son también importantes y España es hoy el segundo cliente de Francia con un volumen de 33.331 millones de euros en 2017, con un saldo positivo para España.
En la balanza comercial, desempeña un papel importante el turismo, la venta de vehículos, de maquinaria, tanto mecánica como eléctrica, de frutas y hortalizas, de materias plásticas, fundición, etc. Además, el turismo es y seguirá siendo crucial. Hay argumentos para pensar que las relaciones comerciales y empresariales entre España y Francia seguirán creciendo y fortaleciéndose en el futuro. La comunicación y el buen entendimiento harán que surjan nuevas oportunidades de cooperación para las empresas de ambos países.
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