Crea una lista de agradecimiento para estrenar el año con positividad

La manera más sencilla de reforzar el bienestar sin exigirte grandes cambios.

Patricia Peyró. 13/01/2026
Enero puede ser un buen momento para cambiar la lista de obligaciones por otra centrada en lo que ya funciona en nuestra vida (Foto: Freepik)

A mediados de enero las navidades quedan ya muy lejos, pero no así los buenos propósitos planteados. Al fin y al cabo, son obligaciones adquiridas voluntariamente, por las que uno se compromete a mejorar ciertas facetas de su vida. Estas suelen coincidir con carencias o sacrificios difíciles de llevar a cabo, al combinarse una falta de voluntad con la renuncia a hábitos muy arraigados. ¿Qué tal si este año cambiamos la lista de obligaciones por otra mucho más amable y centrada en todo lo bueno que tenemos?

Ponerse metas es positivo, nadie lo discute, pero también cargante. Sobre todo, cuando forma parte de una exigencia silenciosa que tiene mucho de presión social. Y cada enero se repite. Pasamos más tiempo pensando en todo lo que aún no somos o no tenemos, que en apreciar aquello que ya funciona en nuestra vida. Para darle la vuelta a la tortilla, podemos aprovechar el cambio de ciclo para hacer una nueva relación de ideas, pero esta vez en forma de una lista de agradecimiento centrada en los lujos cotidianos.

Positividad
Foto: Freepik.

Qué hace la gratitud en el cerebro

Entrenar la gratitud tiene efectos muy concretos en el cerebro. Nos ayuda a dirigir la atención hacia lo que sí funciona, a recordar experiencias agradables y a generar emociones positivas. En este sentido, no elimina los problemas, sino que resalta el valor de lo que nos ayuda en medio de ellos. Por tanto, no se trata de forzarse a ser optimista ni de negar lo que duele, sino de ampliar el foco, de forma que contemplemos tanto lo difícil como lo que nos sostiene.

¿Es posible entrenar la gratitud?

Ante los nuevos eventos, nuestro cerebro está más programado para detectar amenazas y errores que para identificar aciertos. Así, cuando sucede algo nuevo, recurre a la propia experiencia y prefiere modelos de comportamiento conocidos para resolverlo. Es una forma de protección funcional relacionada con la supervivencia, pero también puede dejarnos atrapados en un sesgo de preocupación constante. Y los ejercicios de gratitud actúan justo sobre ello. Al obligarnos a nombrar cosas buenas que nos han pasado, en forma de experiencias agradables o gestos de los demás hacia nosotros, se activan zonas cerebrales relacionadas con la recompensa, la memoria y la regulación emocional. 

Con el tiempo, se produce un entrenamiento que facilita la aparición cada vez más frecuente de pensamientos en los que se recuerdan los buenos momentos, se reconoce el apoyo de los demás y se relativizan las preocupaciones. No se trata de pensar en positivo a toda costa, sino simplemente de ampliar la mirada para que en ella quepan tanto las dificultades como los recursos que ya tenemos.

Dar gracias
La gratitud entrena al cerebro para fijarse en las experiencias agradables y en las emociones que sostienen el día a día (Foto: Freepik)

Mirar lo cotidiano con ojos de lujo

Cuando hablamos de lujo solemos imaginar viajes exóticos, restaurantes de moda o grandes compras. Sin embargo, la definición del lujo se actualiza cada día. Hoy, por ejemplo, las nuevas generaciones valoran más las experiencias que lo material. Llevado a lo cotidiano, también existen lujos” íntimos que todos nos podemos permitir, en el sentido de aumentar nuestro bienestar.

Estos placeres cotidianos, que tienen nombre en otros idiomas (como Hygge en danés, Kos en noruego o Gemütlichkeit en alemán) son actos tan sencillos como pueda ser el tomar la primera taza de café del día en silencio. O el agua caliente de la ducha cuando fuera hace frío, el sentir la frescura de unas sábanas limpias y dar un paseo por la naturaleza. Aunque en español no tenemos esa definición, cuando identificamos y citamos todos esos momentos, se convierten en muchos y variados puntos de apoyo cotidiano que podemos agradecer. 

Un propósito diferente para este enero

En lugar de tratar de asumir cambios radicales en tu vida, tal vez en este enero puedas permitirte un propósito diferente, consistente en orientar la mirada hacia lo positivo. Tu lista de agradecimiento no va a resolver todos los problemas ni a sustituir otros objetivos importantes, pero sí puede ser un buen recordatorio de que siempre hay y habrá momentos, personas y detalles por los que merece la pena dar las gracias. Incluso en las épocas más complicadas.

Jugar hijos
Los “lujos cotidianos” están al alcance de todos porque son momentos diarios que nos dan placer (Foto: Freepik)

Cómo escribir tu lista de agradecimiento

Reserva un momento tranquilo, aunque solo sean diez minutos. Coge papel y bolígrafo, mejor que el móvil, porque te ayudará a ir más despacio, y titúlalo, por ejemploMis lujos cotidianos de este año. A partir de ahí, deja que vayan saliendo ideas. No necesitas grandes frases, pero cuanto más concretas sean las menciones, mejor. Por ejemplo:

– “La charla con mi hermana los domingos por la noche”

– “Cuando puedo comer sin prisas”

-“Mi paseo de vuelta del trabajo”

– “Mi serie tonta de los miércoles”

O también: “ver dormir a mis hijos” y “la luz que entra por la ventana de la cocina”. Los ejemplos son casi infinitos y siempre personales.

No pasa nada si al principio te cuesta. Empieza por tres o cuatro cosas y deja que la lista crezca durante los próximos días. 

Puedes añadir también personas por las que sientas gratitud, oportunidades que han aparecido, e incluso decisiones que tomaste y hoy te ayudan. Quizás ese sea el verdadero lujo para arrancar el año con más calma y positividad. Aprender a reconocer lo bueno mientras trabajamos sobre lo que queremos cambiar.

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