Existir la creencia popular de que las fobias se tienen hacia algo malo o desagradable, pero pocas veces pensamos que pueden recaer sobre las emociones. Dicen los psicólogos y entendidos que las fobias nacen de las asociaciones disfuncionales que hace nuestra mente, y que nos llevan a temer algo de manera irracional. ¿Se puede temer al amor o a enamorarse? No sólo se puede, sino que se le ha puesto nombre: Filofobia.
Las personas que lo sufren no sólo evitan el contacto con las personas hacia las que se sienten atraídas, sino que se alejan de aquellas personas que potencialmente podrían despertarle el estado de enamoramiento que, lejos de producirles bienestar, les somete a un grave estrés emocional. Cualquiera somos potencialmente víctimas de adoptar una fobia y la del amor comienza con un fuerte desengaño.
Renunciar a sentirse amado para no sufrir el abandono o a vivir cómo literalmente se te parte el corazón, puede comenzar como una decisión impulsiva al dolor que se siente cuando se sufre de mal de amores, hasta convertirse en un hábito negacional de cualquier tipo de emoción que derive en el amor. Sin darnos cuenta, todo ello nos lleva a convertirnos en autómatas incapaces de establecer vínculos con las personas que nos rodean. Construirnos una coraza a modo de traje de superhéroe para que nos blinde de cualquier cosa que nos pueda dañar. La sobreprotección al amor deshace cualquier posibilidad de vivir con intensidad tamaño sentimiento ¿Acaso no merecemos aventurarnos?
Los que padecen filofobia han llegado a la conclusión de que no sólo no merece la pena, sino que el enamoramiento es el mayor de sus males y el principal motor del desequilibrio emocional. Para ellos amar es sinónimo de sufrimiento y cualquier sentimiento que se despierte en ese sentido hace que se activen todos los mecanismos de autodefensa que con el tiempo y, de forma inconsciente, se han construido.
¿Quién no ha tenido la intención de construir barreras emocionales sobre el otro con la intención de no volver a sentir ese dolor por alguien amado? El aislamiento afectivo aumenta no sólo en proporción con el desengaño amoroso, sino también con la posibilidad de sentir sin relacionarse con nadie. Las nuevas tecnologías que invitan a autoabastecerse con avatars o perfiles de desconocidos dificultan el salto al vacío emocional. ¿Merece la pena? Amar es un acto de fe en todos los sentidos porque no hay otro modo de vivirlo que intensamente, sin cortapisas ni cortafuegos. No existen disfraces, sólo el valor para lanzarse y saber que en el amor las reglas no están escritas y que, seguramente, las creencias nos pueden llevar al ocaso, al apagón, al desastre que embriona un futuro filofóbico.
El mundo está cada vez más lleno de personas que para no sufrir, renuncian sin más. Es una elección, sin duda, porque cuando se ama no existe vacuna para solamente disfrutar, gozar y no sufrir. No habría equilibrio, no sería amor sino otra cosa sintética y artificial. El color rosa puede que haya hecho más daño de lo que pensamos. Nada es de color de rosa, tampoco el amor.
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