El efecto Fresh Start o la fantasía de empezar de cero

Por qué algunas ocasiones son ideales para comenzar una nueva etapa

Patricia Peyró. 23/06/2026
Foto Unsplash @kindandcurious

Hay fechas que llegan con una especie de promesa de cambio incorporada. No tiene que ser algo extremo, pero a veces presagiamos que, a partir de un hecho o de un momento determinado, se produce el final de una etapa.  Y con ello, sentimos que algo se cierra y se asoma una nueva oportunidad ante nuestros ojos. ¿Qué pasa dentro de nosotros? Ese clic que sucede en nuestro cerebro tiene nombre. La psicología lo ha estudiado a través del llamado efecto Fresh Start, una forma de entender por qué necesitamos creer que podemos empezar de cero.

El caso es que todos vivimos a menudo pequeños fresh starts.  Cada lunes es un ejemplo de ello, cuando asumimos el control de nuestra agenda y decidimos ordenarnos mejor, enfrentarnos a una decisión pendiente o acometer el trabajo con una actitud diferente.

Muchas veces no se trata tanto de que suceda un cambio real o un nuevo hito en nuestra vida, sino de que se produce un cambio en la forma en que miramos la nueva situación. También ocurre al empezar unas vacaciones, al mudarnos, al cumplir años o después de una conversación importante. La realidad puede ser casi la misma, pero cambia la sensación con que la miramos

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Un nuevo comienzo puede dar impulso, pero el cambio se consigue y sostiene en el tiempo con acciones realistas y bien definidas. Foto Unsplash @bruno_nascimento

Qué es el efecto Fresh Start

El efecto Fresh Start, o efecto de nuevo comienzo, fue descrito por Hengchen Dai, Katherine L. Milkman y Jason Riis en un estudio publicado en Management Science. Los autores observaron que ciertos hitos temporales aumentan la motivación para iniciar conductas aspiracionales. Estas son aquellas que representan una versión mejor de nosotros mismos, como puede ser ese “nuevo yo” deseado en el que hacemos deporte, adelgazamos o ahorramos dinero. 

En su investigación analizaron tres tipos de datos. Búsquedas en Google relacionadas con la palabra “dieta”, visitas a un gimnasio universitario y contratos de compromiso creados en una plataforma digital de objetivos. Los resultados mostraron que las personas tendían a implicarse más en este tipo de conductas justo después de ciertos hitos temporales. Como el comienzo de una semana, un mes, un año, un semestre, un cumpleaños o una festividad.

Otro de los datos interesantes del estudio es que los investigadores trabajaron con registros reales de conducta, no solo con cuestionarios. Analizaron, por ejemplo, la asistencia diaria de 11.912 estudiantes a un gimnasio universitario durante 442 días y más de 66.000 contratos de compromiso creados en la web stickK.com. Es decir, no estaban midiendo únicamente lo que la gente decía que quería cambiar, sino los momentos concretos en los que parecía más dispuesta a dar el paso.

Por qué las fechas nos ayudan a ordenar la vida

No vivimos el tiempo como una línea continua y neutra. De hecho, lo dividimos en etapas. Antes y después de una ruptura; antes y después de ser padres; o antes y después de una crisis o enfermedad. Esta manera de ordenar la experiencia nos ayuda a dar sentido a lo vivido y a imaginar lo que puede venir después.

Por eso las fechas funcionan como marcadores psicológicos. Aunque en sí mismas no tienen por qué cambiar nada, nos ayudan a colocar mentalmente lo anterior con el establecimiento de creencias como la de pensar que “esto pertenece a otra etapa” o que “ahora puedo intentarlo de otra manera”.

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Un lunes, una mudanza o el fin de curso pueden ayudarnos a mirar la realidad de otra manera. Foto Unsplash @esteejanssens

La fantasía de empezar de cero

El efecto fresh start permite pensar que el pasado no nos condiciona para siempre. Y que los errores o las malas rachas no tienen por qué determinar nuestro futuro. En este sentido, supone un buen impulso inicial. El problema surge cuando confundimos ese “empezar de nuevo” con convertirnos de golpe en otra persona, generando expectativas demasiado altas o, siendo realistas, difíciles de cumplir.

Las promesas de cambio con las que iniciamos las nuevas etapas nos ayudan a salir de la inercia. Esto es positivo en el sentido de que nos permite mirar hacia delante con objetivos y cierto optimismo. Ahora bien, empezar de cero casi nunca significa empezar literalmente desde cero.

Llegamos a cada nueva etapa con hábitos, cansancio, decisiones pendientes y formas de funcionar que no desaparecen de un día para otro, por más que llegue una determinada fecha. Por eso, el efecto fresh start puede ser un buen empujón inicial, pero no conviene tener expectativas poco realistas, ni mucho menos el típico pensamiento mágico por el que las cosas se resuelven solas.

La trampa del “ahora sí”

El problema está en creer que la motivación y el propio hito temporal son suficientes para conseguir los objetivos planteados. Esto no sucede así, más que nada porque la motivación inicial ayuda, pero suele bajar cuando vuelve la rutina. Las fechas pueden ayudarnos a empezar, pero después necesitamos poner en marcha acciones concretas.

No basta con querer hacer o cambiar algo, y decidir que sea a partir de un día concreto.  Además, hay que conseguir que estos nuevos hábitos puedan mantenerse en cualquier día normal de nuestra vida real, con trabajo, cansancio y todo lo que implica la rutina.

En este sentido, la investigación sobre cambios de hábitos ha señalado la importancia de las llamadas intenciones de implementación, estudiadas por Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran. La idea es que los propósitos generales funcionan peor que los planes concretos. 

No es lo mismo decir “voy a hacer más ejercicio” que decidir “voy a andar media hora los lunes y jueves al salir de trabajar”. Cuanto más claro estén el cuándo, el cómo y el dónde, más posibilidades habrá de mantenerlo.

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La noche de San Juan recuerda la necesidad humana de cerrar etapas, soltar temas pendientes y pasar a otra cosa. Foto Unsplash @chuttersnap

Cómo manejar los nuevos comienzos

La mejor manera de usar los inicios no consiste en proponerse una transformación completa. Por el contrario, funciona mejor elegir una sola intención y llevarla a cabo. Y a ser posible, que sea mensurable y realista. Como decíamos, no se trata de convertirse en una persona completamente nueva, sino de introducir ajustes que encajen en nuestra vida actual, encaminados hacia una mejor versión de nosotros mismos. 

Y estos días de junio, con el fin de curso académico y el inicio del verano, pueden ser un punto de partida para poner en marcha pequeños cambios. La noche de San Juan es un buen ejemplo de esa necesidad humana de marcar transiciones. El fuego, los deseos, los papeles que se queman o los pequeños rituales familiares pueden verse como gestos simbólicos para representar algo que, en realidad, ocurre por dentro. El deseo de cerrar etapas, resolver temas pendientes o pasar, sencillamente, “a otra cosa, mariposa”.

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