El retoque de fotografías ha dado mucho que hablar esta semana con el mal arreglo publicado por Kim Kardashian en su Instagram. Al modificar su figura no reparó en que al fondo de la imagen quedaba un coche deformado y eso le ha valido para recibir centenares de críticas.
No ha sido la primera ni será la última que se ha olvidado de revisar tras el retoque; ya les pasó a Lindsay Lohan, Britney Spears o Beyoncé. Tampoco hay que llevarlas a la quema ni victimizarlas, porque ser profesional del tuneo no es fácil y lleva muchas horas por delante.
El tema comienza a ser algo común y no sólo en las famosas. Algunas de las apps más solicitadas son precisamente para moldear la figura, clarear y alargar el rostro y potenciar aquello que deseemos de nuestro físico. Acusar a un fan del ‘delito’ tal y como ha hecho Kardashian sí que es para el enfado, el cabreo y la mofa de la prensa.
Aunque siga la campaña de la belleza al natural, sin maquillaje de muchas famosas; la última Christina Aguilera en la portada de la revista Paper: “Estoy en el lugar, incluso musicalmente, donde es liberador poder desnudarlo todo y apreciar quien eres”. La presión por mantenerse en una figura diez y una cara de veinteañera sigue provocando que escondamos nuestro verdadero rostro y nos avergoncemos de nuestro cuerpo.
Kim Kardashian me ha revuelto mientras que Brooke Shields me ha reactivado en la libertad de elección de cada uno. La actriz y modelo de 53 años ha puesto en su Instagram una fotografía de ella en bikini, mostrando un cuerpo al natural, todo hay que decirlo, poco común. Resulta complicado huir de las convenciones o exigencias estéticas cuando se critica ‘lo real’ y se vanagloria el postureo.
La realidad ya no supera la ficción sino todo lo contrario, la ficción nos esclaviza todavía más y nos lleva a un camino sin retorno. Es imposible evitar el foco, el tuneo y la mofa del mal retoque. Lo complicado es sentirse libre para elegir si retocar o no, si al natural o no. Kardashian se ha equivocado por señalar a otro y no levantar ella la mano. No hay que avergonzarse del tuneo, ni fardar de lo natural si sólo es postureo. Quien no se haya puesto un filtro de más, que levante la mano.
La fotografía con las apps ha dado paso a la postfotografía y puede que dentro de poco los que aparezcan en ellas sean nuestras propias creaciones de nosotros mismos; deformados por nuestras obsesiones, clichés o gustos. Aunque queramos salir de ello, el tuneo es tan solo el principio de un nuevo modo de expresión digital basado en la deformidad, como en su tiempo hicieron artistas analógicos como el Greco o Botero.
En mayor o menor grado todos tratamos de alargar el sueño colectivo de una sociedad que alumbra la belleza, la delgadez y la juventud, aunque sea deforme y para muchos maldita. El retoque en una fotografía en realidad es la mínima expresión de una voluntad colectiva que sigue comprando ficción y desechando la realidad.
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